ENERGÍA

El ga­so­ducto del Midcat, en el dique seco, tendrá que ser re­lan­zado por la guerra de Ucrania

Sánchez usará su concepto de la 'isla energética' para reducir las tarifas sin contar con la UE

España de­bería tener un 10% de ca­pa­cidad de in­ter­co­ne­xión con Europa y solo llega al 2,8%

Escasa interconexión ibérica.
Escasa interconexión ibérica.

El es­caso po­ten­cial de in­ter­co­ne­xión eléc­trica que España tiene con Europa a través de Francia ha sido el arma que el pre­si­dente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha uti­li­zado para ob­tener la com­pren­sión del resto de países de la Unión Europea -Portugal está en la misma si­tua­ción- a fijar li­bre­mente los pre­cios de la elec­tri­cidad en cir­cuns­tan­cias es­pe­ciales como las ac­tua­les. España apenas su­pera el 2,8% de in­ter­co­ne­xión cuando de­bería estar en el 10% desde 2020 y el 15% en 2030. Hasta 2027, no se lle­gará al 10%.

Las nuevas medidas eléctricas que el Ejecutivo se ha comprometido a presentar este lunes serán enviadas a la Unión Europea y aprobadas en el Consejo de Ministros del día 29 de marzo. La singularidad de la Península en el mix energético que ambos países tienen, comparada con la del resto de países de la UE, ha permitido a España disponer de más herramientas que el resto para hacer bajar el recibo de la luz a consumidores domésticos, las grandes industrias electrointnensivas y las pymes.

“Ambos países podremos poner en marcha medidas excepcionales, acotadas en el tiempo, para reducir los precios a nuestros consumidores, nuestra industria y nuestras empresas”, declaró Sánchez al término de la maratoniana reunión del Consejo Europeo.

Circunstancias extraordinarias

Por tanto, han sido las circunstancias especiales con las que cuentan España y Portugal de ser una auténtica isla energética con el resto de países comunitarios las que han permitido abrir la mano a Sánchez a que ponga en marcha mecanismos para hacer bajar los precios eléctricos. Una circunstancia por la que España lleva reivindicando dar solución desde hace años y que sigue sufriendo retrasos por múltiples circunstancias políticas, medioambientales y de todo tipo con el país vecino Francia.

Según se establece en el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC), el grado de interconexión del sistema eléctrico ibérico con el resto del Continente Europeo se encuentra muy por debajo de los objetivos marcados por Bruselas. Actualmente, la ratio de interconexión de España es muy inferior al 5% de la capacidad de generación instalada en el sistema. Además, nuestro país es el único de la UE que, junto con Portugal, está por debajo del 10% que tienen la mayoría de los países comunitarios, lo que hace urgente desarrollar nuevas interconexiones.

Tal y como se señala en el PNIEC aprobado por Bruselas, se ha marcado una nueva interconexión con Portugal, que permitirá aumentar la capacidad de intercambio hasta los 3.000 megavatios. Además, se han fijado nuevos enlaces con Francia con el objetivo de llegar hasta los 8.000 MW necesarios.

Muy lejos del 15% para 2030

Si bien la capacidad de interconexión con Francia se ha duplicado y se ha pasado de una capacidad de 1.400 MW a 2.800 MW, es una potencia muy alejada de los 8.000 MW necesarios para cumplir los compromisos de Bruselas de llegar al 15% en 2030.

Actualmente, y tal y como se encuentran los proyectos que se han aprobado, puede decirse que es una verdadera utopía pensar que podamos llegar a cumplir dichos acuerdos. En el documento del PNIEC, aparecen tres macroproyectos que están previstos para su desarrollo. Un primer proyecto, a través del Golfo de Vizcaya entre Aquitania (Francia) y el País Vasco (España). Una segunda interconexión entre Aragón y Pirineos Atlánticos. Y un tercer enlace, entre Navarra y Landas.

La primera de las tres interconexiones entre España y Francia a través del Golfo de Vizcaya, con un presupuesto aprobado de 1.7500 millones de euros, debía estar concluida en 2025 y es seguro que no estará operativa hasta 2027. Esta interconexión de 400 kilómetros de longitud, mediante un cable submarino de unos 280 kilómetros de longitud, tendrá una capacidad de 2.000 MW, lo que permitiría aumentar los intercambios con la Unión Europea y reducir los costes de generación eléctrica.

Cuando tal desarrollo se produzca, España logrará tener una capacidad de 5.000 MW y alcanzar el 10%, pero faltarán por lograr otros 3.000 MW para llegar hasta los 8.000 megavatios necesarios. Es decir, España lo tiene muy complicado para cumplir los objetivos del PNIEC y las exigencias que Bruselas está demandando: conseguir el 15% en 2030.

Esta ha sido la principal razón por la que a Bruselas no le ha quedado otra que permitir que la península ibérica tenga un trato especial. Y es que, hasta que este primer enlace no llegue, España apenas podrá mejorar la gestión de las energías renovables que se están instalando en el país y que podamos exportar mucha más energía a Europa y viceversa, importar energía de Francia, lo que supondría un efecto positivo en la rebaja del precio de la electricidad.

El proyecto Midcat, en el dique seco

Además, está en estudio el proyecto gasístico Midcat para enlazar España con Francia por Cataluña. En la cumbre que los tres jefes de Estado y de Gobierno de España, Francia y Portugal mantuvieron en Madrid en marzo de 2015 con el entonces presidente de la Comisión Europa, Jean Claude Juncker, se firmó el compromiso de crear un grupo de técnicos para que trabajasen diferentes alternativas. Y, desde entonces, apenas si se ha avanzado en el proyecto.

Fuentes consultadas han acusado siempre a Francia de “bloqueo” y de “estar poniendo demasiados palos en la rueda”. El organismo regulador francés CRE ha cuestionado siempre las interconexiones de gas y electricidad con España por una posible relación desfavorable entre costes y beneficios. Concretamente, el proyecto gasista Midcat está evaluado en unos 3.000 millones de euros, de los que Francia debería aportar en torno a 2.000 millones. Por esta razón, la entidad reguladora francesa exige se haga un análisis riguroso de los beneficios que aportará antes de tomar una decisión definitiva.

En su momento, solicitó tanto a los gobiernos español y francés como a la propia Comisión Europea y a las propias empresas gasistas de ambos países un estudio que determine si, realmente existe necesidad de estas infraestructuras o, si por el contrario, tendrá un efecto negativo sobre los consumidores. En el caso de la interconexión con el golfo de Vizcaya, CRE pidió también aclaraciones técnicas y un informe sobre los costes y los beneficios que aportará una obra de esta envergadura.

La situación actual ha cambiado totalmente y la guerra de Rusia con Ucrania obligará a Bruselas a replantearse el proyecto Midcat para abastecer de gas a Europa desde España y convertir nuestro país en un hub gasístico hacia el norte.

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