MONITOR DE LATINOAMÉRICA

Las firmas es­pañolas no las tienen todas con­sigo ante el cambio ra­dical en el país

Gabriel Boric siembra suspicacia empresarial en Chile pese a su giro al centro

El nuevo pre­si­dente apa­renta mo­de­ra­ción con Marcel al frente de Hacienda

Gabriel Boric, pte. de Chile.
Gabriel Boric, pte. de Chile.

El nuevo pre­si­dente de Chile, Gabriel Boric, ha re­ba­jado ten­siones con el sector pri­vado y los mer­ca­dos, en parte gra­cias a una mo­de­ra­ción de su dis­curso y a la elec­ción de Mario Marcel como mi­nistro de Hacienda. Pero no ha lo­grado des­pejar todas las sus­pi­ca­cias del em­pre­sa­riado chi­leno y menos del ex­tran­jero, es­pe­cial­mente el es­pañol. La cau­tela de las firmas es­pañolas en el país se des­pe­jará con el rumbo de las pri­meras me­didas eco­nó­mi­cas. España es cuarto in­versor allí, con un stock de 17.000 mi­llo­nes.

Boric, que con 36 años y 4,6 millones de votos es el presidente más joven y más votado de la historia de Chile, se impuso al derechista Kast y logró el apoyo de figuras de centroizquierda como los expresidentes Lagos y Bachelet. Y ha formado el primer Gobierno ajeno a los dos bloques tradicionales de centro que gobernaron desde la vuelta a la democracia. Un Gobierno distinto para el Chile posterior a una revuelta social de 2019 que puso en evidencia las carencias internas de un modelo que se tomaba como ejemplo regional.

En su primer discurso como presidente, y en medio de referencias a Allende, Boric prometió un nuevo Chile, reactivar economía y educación y un desarrollo inclusivo. Y “reparar las heridas del estallido social” de 2019 y combatir la desigualdad con una mejor redistribución de la riqueza en un país que, según Forbes fue el que concentró en 2021 el mayor nivel de patrimonio entre los ‘super ricos’ en relación al tamaño de la economía: el 16,1% del PIB.

Reforma tributaria

En una cita con el gran empresariado, antes de tomar posesión, Boric pareció convencer a la cúpula de la Confederación de la Producción y del Comercio (CPC), cuyo líder Juan Sutil, elogió su mensaje de diálogo, prudencia y llamado a construir entre todos un nuevo Chile, encaminado a despejar incertidumbres, aunque matizó que “ahora hay que ir viendo cómo vienen las reformas” que plantea el presidente en los “cambios profundos” que ha prometido para Chile.

Las muestras de moderación de Boric tras la primera vuelta, entre ellas la rebaja del 8% al 5% del PIB de la recaudación que apunta una reforma tributaria destinada a nuevos fondos públicos para educación y salud y que es su medida estrella, se han reforzado, además, con la elección de Mario Marcel, ex presidente del banco central y próximo al PS, como ministro de Hacienda. El será el encargado de impulsar el crecimiento económico, dar señal positiva de moderación a los mercados y generar confianza en inversores y empresarios.

Marcel parece garantizar que los cambios se harán con gradualidad y realismo y los mercados, que reaccionaron a la aplastante victoria de Boric en diciembre con una fuerte caída bursátil, han reaccionado positivamente a su toma de posesión. Sin embargo, la alianza de Boric con el Partido Comunista sigue generando desconfianza a parte de los empresarios sobre su ‘giro al centro’ y su promesa de que el cambio se hará con diálogo y responsabilidad fiscal. A pesar de que ha repetido que mantendrá el déficit estructural del país en el 4%.

El presidente, que aboga por una amplia agenda social, asume con una coalición de izquierda y un Gobierno formado en su mayoría por mujeres (14 frente a 10 y algunas en puestos clave como Interior, Exteriores y Defensa) y quiere revisar el modelo económico neoliberal. Boric pretende ampliar el rol del Estado e ir a un modelo de bienestar parecido al de Europa; reemplazar el sistema de pensiones por capitalización individual heredado de la dictadura y lanzar una reforma tributaria que incluye mayores cargas a los más ricos y las mineras. De momento, Marcel, encargado de las reformas, ya ha matizado la dimensión de esa reforma y aclarado que la idea es “construir un sistema mixto, donde la capitalización siga siendo componente, pero no el único eje”.

Grandes desafíos

Defensor del proceso constituyente, Boric no se ha cansado de indicar que el actual ‘statu quo’ “frena el desarrollo económico y profundiza el malestar social” y en señalar que crecimiento y distribución de la riqueza tienen que ir de la mano, matizando que la reforma que persigue no busca un enfrentamiento y apunta a “un régimen parecido al que tienen la mayoría de países de la OCDE”.

Ha asumido, por otro lado, en un momento en el que el país vive un escenario político, económico y social complejo, con una Constituyente que muchos juzgan que se aleja de su origen, una Carta Magna de consenso. Y en un marco global marcado por la persistencia del Covid y la guerra de Ucrania. En Chile aún está presente la pandemia, la inflación sigue al alza, hay zonas en estado de emergencia por conflictos sociales y se afronta una crisis migratoria.

El líder izquierdista afronta retos que van desde la desaceleración económica a un Legislativo dividido y polarizado que pondrá a prueba su capacidad para negociar e impulsar reformas y deberá ganarse la confianza de mercados y empresarios y reforzar el atractivo del país para la inversión y como destino fiable en un escenario internacional de gran incertidumbre e inestabilidad. Boric hereda una economía que se desplomó el 5,8% en 2020, la mayor caída en 40 años, y que rebotó con fuerza en 2021 (el 12%), pero que bajará el ritmo al 2,5% este año. Y con una inflación del 7,2% en 2021, la más alta en 14 años.

Los empresarios critican dos prioridades del presidente: la reforma tributaria, que creen muy exigente para una economía debilitada y con alta inflación, y una reducción de la jornada laboral que juzgan no alineada a la productividad. Y piden más alianzas público-privadas y olvidarse de una iniciativa de nacionalizar recursos mineros que, en cualquier caso, no creen que prospere.

El Gobierno Sánchez ha asegurado que la llegada de Boric “puede suponer un impulso en la relación” bilateral. Chile ha sido tradicionalmente uno de los mercados más amigo de la inversión, estable y con más seguridad legal del área. Y un mercado clave para constructoras y renovables españolas. En los dos últimos años y pese al Covid, Sacyr, OHLA, Iberdrola, Acciona, Abengoa, Siemens, Enagás, Ferrovial o Naturgy han iniciado, pujan o se han adjudicado proyectos. Allí están más de 600 empresas, también Abertis, Repsol, ACS, Telefónica (de salida), FCC, Santander, Mapfre, Enel-Endesa, Grifols, Iberia, Indra, Técnicas Reunidas, Mango, Inditex, REE, Agbar y Azvi.

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