La ac­ción ha vuelto a los ni­veles a los que se des­plomó tras el Covid-19

Inditex entra en nevera antes del desembarco de Marta Ortega

El mer­cado se carga de ra­zones para parar las má­quinas en el grupo textil

Amancio y Marta Ortega, Inditex.
Amancio y Marta Ortega, Inditex.

Cuando ter­minó el ejer­cicio 2019, el valor bur­sátil de Inditex se si­tuaba a las mis­mí­simas puertas de los 100.000 mi­llones de eu­ros. Hoy, aunque ase­diado por Iberdrola, el grupo textil sigue siendo la mayor em­presa del Ibex 35 por ca­pi­ta­li­za­ción bur­sá­til, pero ésta apenas su­pera los 65.000 mi­llones de eu­ros. Aunque la ac­ción pierde más de un 25% este año y está en los ni­veles in­me­dia­ta­mente pos­te­riores al gran des­plome pro­vo­cado por el es­ta­llido del Covid-19, los in­ver­sores han pa­rado las má­qui­nas.

La acción llegó a dejar atrás el soporte clave de los 20 euros el pasado 7 de marzo. Desde entonces, el único brote verde en bolsa es que lo ha recuperado. Pero lo ha hecho por tan escaso margen que técnicamente no se puede hablar de rebote. “El valor está como desconectado del resto del mercado en las últimas sesiones, incapaz de marcar tendencia. Es verdad que los vendedores ya no aprietan mucho, pero es que no se ven grandes órdenes de compra”, señalan fuentes bursátiles.

En esta situación de absoluto ‘impasse’ en bolsa afronta el grupo el relevo en la cúpula. Pablo Isla ya es historia en la compañía. Será el 1 de abril cuando Marta Ortega asuma la presidencia no ejecutiva del grupo y arranque oficialmente la era en Inditex del dúo que conforma junto a Óscar García Maceiras. Todo apunta a que esos primeros compases van a estar marcados por una estrecha vigilancia de los inversores que, de momento, se están guardando sus cartas en el valor.

“Todos hubiéramos preferido un relevo más tranquilo, pero las circunstancias lo han hecho imposible. Cuellos de botella en las materias primas, precios de la energía disparados, cierre de las tiendas en Rusia, retrasos en la entrega de pedidos o una más que previsible caída del consumo van a poner a prueba a la nueva cúpula. Es un riesgo que muchos gestores no queremos asumir a corto plazo. Personalmente, prefiero tomarme un tiempo antes de tomar decisiones en Inditex”, señalan en una gran gestora nacional.

En el último minuto

Desde otro punto de vista, Ortega y García Maceiras tienen la oportunidad de reivindicarse desde el minuto uno después de unos resultados de su ejercicio fiscal 2021-2022 que los analistas califican con “mejorables” -decepcionaron las expectativas del mercado- y que son 100% atribuibles a Pablo Isla. Para muchos expertos, la clave será dar la vuelta a los resultados del grupo en España, que aún se sitúan un 40% por debajo de los de 2019. Los efectos de la pandemia dentro de casa están siendo tan potentes como duraderos.

Una cotización inerte alrededor de los 20 euros refleja el mar de dudas en el que navega Inditex. La crisis global atenta directamente contra la agilidad para lanzar nuevas colecciones y para su distribución, esa ventaja competitiva que ha convertido a Inditex en la estrella mundial del sector. Todos los costes están subiendo y eso cuestiona el modelo de ‘moda exprés’ de Inditex. Que Estados Unidos no deje de ganar peso en los resultados y la previsión de que los márgenes se mantendrán estables durante 2022 no son de momento suficientes para atenuar los temores de los grandes inversores.

Por lo tanto, el grupo necesita tiempo para volver a la velocidad de crucero. Inditex estima que los niveles de venta en el mercado español en este arranque de 2022 ya son similares a los anteriores a la pandemia. Pero, claro, este evidente brote verde lo es menos tras un mes de guerra en Ucrania. Un conflicto de efectos impredecibles porque, hoy por hoy, resulta imposible calibrar su duración. Las perspectivas de una guerra larga es un enorme hándicap para los valores ligados al consumo.

De momento, las firmas de análisis ven la acción de Inditex por encima de 27 euros a medio plazo, con un potencial alcista de alrededor del 30%. Pero conviene no olvidar que esa estimación supone que la acción seguiría por debajo de los niveles previos al estallido del Covid-19 y muy lejos de los máximos de los últimos cinco años, por encima de los 36 euros por acción. Por lo tanto, los niveles viejos y más felices tiempos para el grupo gallego en bolsa son hoy por hoy una quimera a los ojos de los analistas.

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