Algunos ana­listas ad­vierten de que el sector se ha pa­sado de fre­nada en el parqué

Lagarde (BCE) juega al gato y el ratón y mete a la banca en el laberinto en bolsa

El sector se en­frenta a nuevos epi­so­dios de vo­la­ti­lidad y falta de di­rec­ción a corto plazo

Cristhine Lagarde, BCE
Cristhine Lagarde, BCE.

Del vaso medio vacío al vaso com­ple­ta­mente lleno. Así había va­riado la per­cep­ción de los in­ver­sores sobre el sector ban­cario hasta que, el pa­sado jue­ves, Christine Lagarde, quiso poner al­gunos puntos sobre las íes. ¿Subida de ti­pos? Sí, pero a su de­bido tiempo. O, lo que es lo mismo, un to­davía pe­queño jarro de agua fría sobre quienes se re­la­mían ya con la ex­pec­ta­tiva de dos subidas del precio del di­nero antes del final del año 2022. ¿Cómo está el vaso ahora?

El Banco Central Europeo (BCE) juega al gato y al ratón consciente de que no es conveniente la euforia, no vaya a ser que luego la caída sea más dura. Primero hay que poner fin a las compras de bonos (quizá en junio), y luego ya se verá a qué ritmo se afronta la vuelta de la facilidad de depósito desde el actual -0,50% al 0% y la primera subida real de tipos hasta el 0,25%. Términos como margen y gradual mandan en el mensaje del BCE.

Lagarde no se quiere pillar los dedos. La consigna es mantener viva la llama de la subida de tipos, pero sin echar mucha más leña al fuego. No es baladí que el Klaas Not, el representante en el BCE de un país del ala dura de la zona euro como Holanda, haya asegurado que no descarta dos subidas de tipos este año, pero siempre que las previsiones de inflación sigan creciendo a medio plazo. Un matiz clave, muy clave.

Por lo tanto, sin devaluar la posibilidad de una subida de tipos en 2022, el BCE ha pinchado las expectativas de un primer repunte que los más agresivos situaban en el próximo verano. Luis de Guindos ha sido el último en recordar que el BCE no tiene que subir necesariamente los tipos después de finalizar en junio las compras de deuda. Y los precios de los bancos españoles lo acusan en bolsa con suaves caídas en el tramo final de la semana pasada y falta de dirección en el arranque de este último tercio de marzo. Lo que iba para un nuevo rally a corto plazo de los precios se cortó de raíz en el parqué. Y, a partir de ahora, ¿qué?

“Vienen días de dudas, complicados para la banca en bolsa. No es que las subidas de tipos se hayan quedado en el limbo, ni mucho menos, pero queda claro que habrá que esperar para clarificar un calendario que hoy por hoy y sobre el papel retrasa cualquier posible primera acción a octubre de 2022. Como la banca se pegó una gran subida entre el 8 y el 16 de marzo, es posible que veamos dudas y mucha volatilidad a corto plazo”, señalan fuentes del sector.

Estas mismas fuentes señalan que la banca ha metido a los inversores en el laberinto: “Es difícil saber qué camino coger. Los bancos españoles no están baratos tras la subida del 10% de los últimos días. Han estado mucho más arriba este año, pero eso era antes de la invasión de Ucrania y de que, por momentos, todos dudaran de la esperada subida de tipos de interés que sólo se sostiene por el tremendo crecimiento de la inflación".

Lo que parece claro es que los márgenes del sector van a seguir sufriendo durante gran parte del año y que, de una forma o de otra, el frenazo económico que supone la guerra entre Rusia y Ucrania pasará factura. Aún es pronto para ponerle cifras, pero es de esperar una cierta contracción del crédito tanto de empresas como de particulares y un descenso de las comisiones por activos bajo gestión tras el gran susto de febrero y marzo.

La cuestión es hasta qué punto puede subir más la banca en bolsa si no hay subidas de tipos antes de octubre. Que las haya en el último tramo del año ya está cotizado en el parqué o en el Euribor, que se ha disparado hasta niveles de 2020 (en el entorno del -0,30%) a la velocidad del rayo. “Por lo tanto, apostar por la banca ahora supone apostar porque la subida del precio se adelantará en el tiempo”, señalan en una gran gestora nacional.

Las dudas de los inversores se trasladan perfectamente a las cotizaciones de los bancos. Las de los bancos domésticos suben con alegría entre el 15% y el 30%, pero de forma mucho más contenida ya respecto a enero o a la primera semana de febrero. Y entre los grandes las precauciones crecen. Especialmente en un BBVA, lastrado por el riesgo asociado a Turquía, que no le permite remontar el vuelo desde los mismos niveles a los que terminó en 2021.

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