OPINIÓN

Alto precio de la luz, marco regulatorio oficial y beneficios de las compañías eléctricas

El marco re­gu­la­torio vi­gente dis­tor­siona el prin­cipio de la ley de la oferta y la de­manda

Tendido eléctrico
Tendido eléctrico

La subida del precio de la elec­tri­cidad no res­ponde a nin­guna ley eco­nó­mica con­tras­tada por la ex­pe­riencia em­pí­rica, como es la ley de la oferta y la de­manda. La mano in­vi­sible del mer­cado per­mite equi­li­brar las as­pi­ra­ciones de pro­duc­tores y con­su­mi­do­res, pero no rige pre­ci­sa­mente en el mer­cado ener­gé­tico ac­tual. Se trata del marco re­gu­la­torio vi­gen­te...

En un mercado competitivo de libre acceso a productores y consumidores se alcanza un compromiso gracias al precio al se liquidan las transacciones.

Los productores ofrecen sus mercancías siempre al coste de la última unidad productiva sin rebasar el precio de mercado. De hacerlo incurriría en pérdidas Atención: no hay un precio marginal sino un coste marginal, el de la última unidad productiva que no debe superar precio al que se realizan las transacciones. Hay un precio de mercado y no precio marginal de una mercancía.

El mal llamado mercado eléctrico no es un mercado libre ni competitivo sino un mal llamado mercado, definido por un ”marco regulatorio, que establece el Gobierno y aceptan las empresas. España, como sus socios europeos, se ha abastecido de los mismos carburantes y combustibles en los mercados internacionales y ha dispuesto de unas instalaciones equiparables o mejores, así como de unos salarios más bajos y, sin embargo, ha tenido un precio de la electricidad de los más altos de Europa.

La única explicación es el marco regulatorio. En una entrevista que hizo el periodista Évole, programa Salvados, a un ex directivo de una compañía eléctrica la explicación del entrevistado fue categórica: ”el alto precio de la electricidad en España solo tiene una explicación: el marco regulatorio”. El consumidor español por hacer uso del privilegio de encender la luz o la calefacción debía contribuir generosamente a la cuenta de resultados de las eléctricas.

En el espacio europeo las ideas neoliberales han implantado una ideología anti- estado. Cuanto menos Estado más prosperidad, así que adiós a las intervenciones y a la tutela del consumidor. Las izquierdas si quejan de una mayor desigualdad mientras las derechas lamentan un ataque a sus valores tradicionales, así lo afirma Francis Fukuyama.

El mercado eléctrico se ha mantenido al margen de la protección del Estado y como consecuencia hoy se sufre un precio de la electricidad qué pone fuera de la actividad a muchos sectores económicos y empobrece a millones de familias. El llamado precio marginal es sencillamente el que corresponde a la última unidad de la fuente de energía más cara, actualmente la procedente del gas natural.

La energía obtenida de otras fuentes, carbón, hidráulica, nuclear, eólica terrestre u off- shore y solar permiten a las compañías eléctricas obtener unos muy altos beneficios por obra y gracia del marco regulatorio. Todo ello sin ninguna subvención del Estado sino a costa de los consumidores. No hay ayudas públicas que falsifiquen la competencia sino que esa falsificación la soportan las empresas y las familias que consumen electricidad.

Un alto precio de la electricidad es un buen reclamo para las energías limpias alternativas; tienen un buen margen de maniobra sin que precisen de ayudas estatales. Al mismo tiempo es una manera de compensar a las compañías eléctricas, térmicas de carbón o nucleares obligadas a cerrar total o parcialmente. En suma, una compensación a unas formas de energía y un estímulo a las renovables.

Los estados quedan liberados de acudir con ayudas públicas en favor de las perjudicadas que gracias al marco regulatorio consiguen esos beneficios caídos del cielo que otorgan un buen rendimiento de las acciones y unas excelentes remuneraciones para consejeros y directivos, sin olvidar las puertas giratorias. Y todo ello obra y gracia de un marco regulatorio impropio de una economía de mercado penalizada por ese Estado nacional o europeo. Y sin olvidar la Guerra.

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