OPINIÓN

Vientos de reforma fiscal: Andalucía y Portugal apuntan al Impuesto del Patrimonio

En la Europa más prós­pera no se tri­buta por el pa­tri­monio in­mo­bi­liario

Escaparate de una inmobiliaria
Escaparate de una inmobiliaria

En la ma­yoría de los es­tados eu­ro­peos el Impuesto del Patrimonio ha sido abo­lido. Solo Francia lo man­tiene para el in­mo­bi­lia­rio, pero sin ahogar fis­cal­mente al pro­pie­ta­rio. Otra cosa son los im­puestos mu­ni­ci­pales por la te­nencia de in­mue­bles, que si existen en casi todo el mundo.

Estos últimos son claves para los presupuestos locales, basados en la ocupación de un espacio municipal y como contrapartida por los servicios de policía y vigilancia de los bienes raíces, policías municipales, bomberos, así como la protección del medio ambiente evitando la presencia de ruidos o de cualquier actividad que perturbe la vida de los residentes. En Suiza estas exigencias son escrupulosísimas.

En la Europa más próspera no se tributa por el patrimonio inmobiliario, aunque las cargas municipales son más elevadas que en España.

El argumento para la abolición del patrimonio tiene dos explicaciones principales. Los propietarios de pymes, por ejemplo, cuya viabilidad depende de las vicisitudes del mercado soportarían una carga tributaria adicional a la del impuesto de sociedades o al IRPF por sus eventuales dividendos. Se estaría en presencia de una doble imposición.

En segundo lugar, cuando se produce la transmisión del patrimonio, la empresa por ejemplo a los herederos, se observó, especialmente en Alemania, el rechazo de los mismos a continuar con la actividad empresarial. Pero nadie quería pegarse un tiro en el pie, como dicen los anglosajones.

En España en los primeros años de la democracia, las autoridades fiscales que venían de un limbo tributario secular, quisieron contrastar la declaración de renta con la situación patrimonial del contribuyente.

En Estados Unidos y la Unión Europea el impuesto del patrimonio, así como el de la renta y sociedades, son tributos federales o nacionales si se prefiere, su regulación no se delega en ningún ente territorial. En España, sin embargo, se incorporó al proceso autonómico. En consecuencia, diferencias fiscales entre los territorios. Aquellos con menores gastos o con una base tributaria más amplia podían más fácilmente ofrecer una generosidad fiscal a sus residentes. Todas las comunidades autónomas tienen transferidas las responsabilidades en materia de educación y sanidad. No sucede lo mismo con las dotaciones de infraestructura. Madrid, por ejemplo, cuenta con el aeropuerto más importante de España o con el principal nudo ferroviario. Ambas estructuras pagadas con impuestos estatales.

Estas diferencias fiscales derivadas de hechos objetivos permiten una enorme discriminación en la imposición patrimonial. Un extranjero que decide residir en Andalucía y cuyo patrimonio universal alcance los 10,7 millones de euros tributaría anualmente 183.670€ mientras que, si decide residir en Madrid, Lisboa o el Algarve portugués estaría exento de esa tributación.

Andaluces altivos

En el caso de Andalucía existe un argumento adicional. En efecto, desde la fallida reforma agraria y la continuidad de los latifundios, existe una diferencia abismal entre señores y menestrales. Sin embargo, en esa misma Andalucía aquellas desigualdades se han ido corrigiendo por la mejora en las rentas de las clases trabajadores y medias. Muchos andaluces se han convertido en propietarios. Quizá una explicación más del por qué el PP y Ciudadanos con el apoyo de Vox sumaron una mayoría frente al PSOE.

Andalucía ahora tiene todos los requisitos de un verdadero polo de atracción para los inversores extranjeros. Naturalmente cuanto más ricos o más descarados sean, encontrarán formas de defensa. Vivirán en Andalucía y se empadronarán en Madrid, por ejemplo, o se llevarán sus inversiones patrimoniales a Portugal.

Cuando el PSOE de Felipe González ganó por mayoría absoluta las elecciones, después del Tejerazo, no hay que olvidar tampoco que aquél secretario general socialista había rechazado alto y claro el marxismo, es decir el comunismo estalinista. Ahora bien, en su tierra natal no se podían olvidar las diferencias patrimoniales históricas. En este momento quizás el gobierno de Pedro Sánchez tampoco tendrá fácil abolir el impuesto del patrimonio y alinearse con la fiscalidad de otros países de la Unión Europea. Resistencias habrá por el lado de la izquierda o por quienes reclaman más competencias autonómicas. ¿Nos pegaremos un tiro en el pie?

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