La dis­gre­ga­ción del prin­cipal par­tido de la de­recha ge­ne­raría un es­ce­nario mul­ti­par­ti­dista

La crisis del PP fuerza a Sánchez a seguir negociando el futuro de España con los independentistas

Felipe González com­para la si­tua­ción ac­tual con la Venezuela que fa­ci­litó el ac­ceso al poder a Chávez

Felipe González, expresidente del Gobierno.
Felipe González, expresidente del Gobierno.

La de­mo­cracia es­pañola está en riesgo. Cuando la de­mo­cracia se sos­tiene sobre la es­ta­bi­lidad de los par­tidos y uno de los prin­ci­pales se tam­ba­lea, el riesgo de re­gre­sión po­lí­tica es claro. Esta ad­ver­tencia la ha rea­li­zado el ex­pre­si­dente del Gobierno, Felipe González. Es el aviso más im­por­tante sobre la gra­vedad de lo su­ce­dido esta se­mana por el pulso que man­tienen por el con­trol de su par­tido el pre­si­dente na­cional del Partido Popular, Pablo Casado, y la pre­si­denta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso.

La realizaba Felipe González con ocasión de un acto celebrado el pasado viernes en el Ateneo de Madrid durante el coloquio ‘Fue posible el pacto’, organizado por el proyecto “España, juntos sumamos”,

Para González ,lo que sucede en el PP nos afecta a todos y pone en riesgo nuestra democracia porque “estamos fragilizando conscientemente” las instituciones. El expresidente del Gobierno llegó a comprar lo que está sucediendo en estos momentos en España con lo que sucedió en Venezuela a finales de los años 90. Fueron los años en los que llegó al poder Hugo Chávez y que derivaron en el actual deterioro político, social y económico que viene sufriendo el país americano donde dos de cada diez ciudadanos han tenido que emigrar, según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur).

Según González, esta lucha interna por el poder en el Partido Popular evidencia una fragilización de las instituciones, de la que la situación de los populares es un signo especialmente relevante de la crisis política que vive España. Lo grave según el expresidente es que cuando un partido como éste sufre una situación como la actual afecta al conjunto del sistema y no habrá instituciones capaces de responder a una crisis de esta magnitud, como sucedió en Venezuela. Para él, lo relevante es que conduce a escenarios de partitocracia dispersa y enfrentada, muy lejos de las dinámicas de pacto y consenso que estuvieron en la base de la tarea de los padres constituyentes españoles que lograron asentar la democracia en España.

González recordó que las advertencias de lo que sucedería posteriormente en Venezuela, algo que podría ocurrir en España si continúa la descomposición del PP, las realizó el expresidente del Tribunal Constitucional, Manuel García Pelayo, seis meses antes de morir y nueve años antes de la llegada al poder de Hugo Chávez, consecuencia de la descomposición de los partidos en Venezuela.

Necesidad de terminar

La conclusión más urgente de estas reflexiones del expresidente del Gobierno es que el espectáculo protagonizado esta semana por las cúpulas de Génova y la Puerta del Sol tienen que terminar. Se tiene que acabar con la insolvencia política y los miembros incapaces de su actual dirección que llevan gestionando el PP sin oposición eficaz, sin equipos de gobierno, y dejando espacios electorales que les hacen perder la opción de ser una alternativa solida de gobierno.

Dicho abiertamente, el PP tiene que recuperar la red de valores de la derecha social que dice representar, con los intereses de la sociedad civil que le es afín, con los representantes del poder económico y financiero, con el que habitualmente se ha entendido, y con el mundo de la ciencia y la cultura. Y sobre todo, volver al encuentro del ciudadano corriente.

Da la sensación de que Casado se ha instalado muy cómodamente como líder de la oposición sin mantener vínculo alguno con el mundo de los trabajadores, de los empresarios y con el mundo de la cultura o de la ciencia. Parece un partido muerto, que ha perdido el contacto con los representantes de sus más diversos sectores y que se devora a sí mismo consumido por sus luchas internas.

Responsables

No servirá de mucho tratar solo de dilucidar quien es el principal responsable de la situación actual de deterioro al que han llevado al primer partido de la oposición. Sobre todo debe quedar claro que la crisis no se va a solventar cambiando a su secretario general y algún otro miembro sin relevancia de la dirección.

Este centrismo acomplejado, vacío de contenido y de equipo, incapaz hasta la fecha de ofrecer un programa de cambio frente al tortuoso proyecto del Ejecutivo de Pedro Sánchez, tiene que cambiar. Lo exige España y los representantes de la sociedad que este domingo se manifestaban ante Génova.

Parece que es lo que hoy le pedían sus afiliados a la dirección del partido popular, en la práctica, desaparecida como oposición frente al modelo de sociedad española que diseña Pedro Sánchez con el grupo de partidos que le mantiene en Moncloa y cuyo principal objetivo es romper España.

El pulso lo que muestra es un partido dividido ante la falta de proyecto, problema que probablemente no se solucione solo con el cambio del secretario general, Teodoro García Egea, que tan nefastamente ha gestionado la crisis interna.

Resulta muy pertinente la convocatoria para el lines del comité de dirección para analizar la crisis. Pero Pablo Casado tiene que tratar de liderar una oposición eficaz, rodearse de un equipo capaz para ser alternativa de Gobierno, algo que hoy parece como un objetivo inalcanzable. Si Pablo Casado sigue siendo incapaz de conseguirlo, casi cuatro años después de salir elegido presidente del PP, debería pensar en dar paso a otros que sean capaces de hacerlo.

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