Los po­lí­ticos si­guen mos­trando una in­cons­ciencia no­table sobre lo que se ave­cina

El comercio exterior español en octubre, condicionado por la difícil coyuntura internacional

Las ex­por­ta­ciones si­guen cre­ciendo a un ritmo im­por­tante pero in­fe­rior al mismo mes de años an­te­riores

Exportaciones
Exportaciones

La evo­lu­ción de las ex­por­ta­cio­nes, ”aunque buena no es tan bue­na," que diría Sancho de su mu­jer, al menos como él qui­siera” En tasa in­ter­anual y en euros de cada día las ex­por­ta­ciones cre­cieron en oc­tubre a una tasa in­ter­anual del 15%, su­pe­rior avance al de Alemania,que lo hizo en un10%, pero el más bajo de los re­gis­trados en los oc­tu­bres es­pañoles de los úl­timos años. Todo un in­dicio de lo que se ave­cina ante la di­fícil co­yun­tura in­ter­na­cio­nal.

Un débil crecimiento de las ventas de mercancías españolas el exterior que se traduce en una baja cobertura exportaciones-importaciones del 81% y, en consecuencia, un mayor déficit comercial.

¿Qué está pasando, una pérdida de la competitividad o un cambio de era más que de ciclo? Es lo que postula Agustín Carstens, economista de fuste y director gerente del Banco de Pagos de Basilea. Aquellos favorables vientos de cola que trajeron la libertad de comercio y la confianza internacional han rolado estrepitosamente y soplan hoy de proa dificultando los intercambios internacionales y anulando la confianza entre las naciones.

¿Son acaso conscientes nuestros políticos de estos cambios, llamados estructurales a falta de un adjetivo más preciso, mientras continúan enzarzados en la disputa de cualquier plato de lentejas? Pues SI: Hay que prepararse para una nueva y difícil realidad que exigirá, como también dice Agustín Carstens, una mejora y readaptación de la productividad.

Un difícil reto que reclama sosiego y solidaridad, más que vete Tu que vengo Yo. España no es un reclamo sino un telar de iniciativas y actividades comunes que tiene como otras naciones un serio reto de adaptación a un mundo que ya no es el de ayer.

Nuestros clientes europeos, arrastrados por las nuevas corrientes, se han vuelto más recelosos a la hora de comprar mercancías, española incluidas, mientras por ahora los proveedores asiáticos siguen aumentando sus ventas en España.

Prácticamente el déficit comercial con Asia, excluido el Oriente Medio, equivale al total de nuestro déficit comercial. Si alguien se preguntase que se nos ha perdido en ese lejano Oriente la verdad es que no es tan fácil dar una respuesta convincente.

En los diez primeros meses del año las exportaciones crecieron un 23%, que no está nada mal, mientras las importaciones lo hacían a una tasa interanual en euros algo superior, en buena medida por la subida de los precios que no de los volúmenes importados.

El resultado no ha sido otro que un déficit en euros de 60.285 mil millones cuando en los diez primeros meses de 2021 el déficit fue de 16.630 millones. Los precios de los hidrocarburos son grandes protagonistas como también lo son nuestras compras en China que sigue encabezando la lista de los proveedores españoles.

Veremos cómo acaba el año, pero sin duda hay que reajustarse a los nuevos tiempos y mejorar nuestra productividad. Un esfuerzo común exigente para emprendedores y trabajadores e incluso para los representantes de la soberanía de todos los territorios de España .Basta de raca-racas. Respeto a los ciudadanos y ciudadanas españoles tantas veces traicionados, como dice Preston, por sus dirigentes.

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