El temor a una re­duc­ción en la de­manda china lleva al pe­tróleo a co­tizar a ni­veles de enero

Las petroleras mantienen la calma pese a los vaivenes del mercado de crudo por China

Repsol reitera su es­tra­tegia sobre la hi­pó­tesis de 50 dó­la­re­s/­ba­rril frente a los 80 que co­tiza

Oficinas de Repsol
Oficinas de Repsol

Con la pan­demia aún sin su­pe­rar, los mer­cados in­ter­na­cio­nales de pe­tróleo atra­viesan ahora su par­ti­cular ‘síndrome de China’. Las pro­testas ciu­da­danas por la du­reza de la po­lí­tica ‘Covid cero’ del gi­gante asiá­tico -reprimidas sin mi­ra­mien­tos, como es ha­bi­tual en el ré­gimen de Pekin- lle­varon este lunes al crudo Brent a mar­case un au­tén­tico rally ba­jista hasta co­tizar a ni­veles del mes de enero.

El crudo de referencia en Europa llegó a cotizar a 80,61 dólares (4,07% de cada); lo que supone perder todo lo ganado en la primera mitad del año. No obstante, cerró la sesión prácticamente estabilizado con respecto al precio del viernes pasado, al quedar valorado en 83,44 dólares/barril, lo que supone un descenso de apenas el 0,23% frente al previo del viernes.

Tras varias semanas a la baja, la cotización del Brent se mantiene envuelto en una volatilidad total. Unos días, los inversores descuentan posibles caídas en la demanda del mayor importador de crudo del planeta ante posibles nuevas restricciones anti-Covid.

Otros, los inversores ‘pliegan velas’ ante la posible reacción del presidente ruso, Vladimir Putin al limite del precio del crudo que estudian establecer tanto la Unión Europea como el G-7 (Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón y Reino Unido) en sus importaciones.

El líder español, a cubierto

De momento, las compañías petroleras se limitan a vigilar con atención estos vaivenes del mercado aunque con tranquilidad. Desde el punto de vista empresarial, la primera empresa del mercado español, Repsol, mantiene la calma “tanto cuando sube, como cuando bajan los precios”.

Especialmente porque la compañía que dirige Jose Jon Imaz como CEO y preside Antonio Brufau tiene en marcha un Plan Estratégico a 2030 en el que todas sus proyecciones se basan con una cotización del Brendt de 50 dólares por barril. De modo que, por ese lado, sus accionistas pueden estar tranquilos. Las empresas petroleras, como reiteran los analistas, viven mejor con un crudo caro que con uno barato.

Sobre todo porque las previsiones de generación de beneficio operativo (Ebitda) para 2022 previstas en su estrategia, (6.600 millones de euros) prácticamente ya las consiguió el año pasado (6.424 millones) y las estimaciones de analistas como los de Bankinter prácticamente duplican las de 2021, al situarlas en 11.929 millones de euros.

Al cierre de septiembre, Repsol ha obtenido un fuerte aumento del beneficio con unos ingresos (21.746 millones de euros) y un beneficio neto ajustado de 1.477 millones. La deuda neta se sitúa al cierre del tercer trimestre en 2.181 millones frente a los 5.031 millones del trimestre anterior “por una sólida generación de caja operativa durante el trimestre”. La producción total alcanza los 549.000 barriles equivalentes de petróleo (Bep) desde los 540.000 del trimestre anterior.

Los mismos analistas consideran que Repsol es una de las compañías del sector que presenta “mejores perspectivas: balance saneado y fuerte generación de caja, presencia en el área de renovables y dividendo atractivo”. Aunque recomienda invertir en el valor, también reconocen que “es necesario monitorizar la volatilidad en el petróleo y gas y el posible impuesto a las petroleras”.

Tensión en China

No obstante, la Bolsa se contagió este lunes del nerviosismo de los mercados petrolíferos y hacia que el Ibex perdiera el 1,11% para empezar la semana. La misma retirada de los inversores se producía en el sector energético y petrolífero donde salvo dos valles (Audax Renovables y Holaluz) todas las acciones se depreciaban. Entre las petroleras, Repsol cedía el 1,91% (cerraba en 124,39 euros la acción), EDP Brasil (cotizada en el Latibex), el 1,55% (a 3,82 euros/título) y la brasileña Petrobras veía cómo sus acciones ordinarias se depreciaban el 9,2% (5,16 euros/acción).

Volatilidad bursátil aparte, desde la propia Repsol señalan que “un petróleo entre 75 y 80 dólares el barril es un precio perfecto para el sector”, porque a ese nivel la actividad económica no se resiente y los consumos se estabilizan.

Pendientes de la geopolítica

La influencia del crudo tanto como materia prima, como por su papel de referencia para otros indicadores y actividades es crucial para, primero, poner freno a la escalada inflacionista y, segundo, para recuperar la actividad económica con dinamismo.

La clave, al menos para el futuro más inmediato, está en la reunión que la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP, formada por Arabia Saudí, Kuwait, Irán, Irak y Venezuela) y sus aliados (México, Rusia, Kazajstán, Axerbaiyán, Baréin, Brunéi, Malasia, Omán, Sudán y Sudán del Sur), la denominada Opep+, celebra el próximo fin de semana en la capital austriaca, Viena.

Aunque, como reconocen los expertos de InterMoney Valores (IMV), "predecir lo que la OPEP+ va a hacer en cuanto a su estrategia se ha convertido en un ejercicio baladí considerando el complicado juego de equilibrios geopolíticos y económicos que rodean al cártel, sin contar con la influencia que también ejerce Rusia.

Actualmente, Rusia pronostica una nueva caída en el precio del petróleo de los Urales durante los próximos tres años a 70,1dólares/barril en 2023; 67,5 dólares en 2024 y 65 dólares en 2025. Su pronóstico para 2022 se sitúa en torno a 80 dólares”. Prácticamente el mínimo que fijó ayer el crudo.

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