Ha evi­tado el riesgo de coste neu­tral al que as­pi­raba el ala ra­dical del Gobierno

La banca acepta, aliviada, las ayudas a los hipotecados como un mal menor asumible

El sector se blinda ante un fuerte au­mento de las pro­vi­sio­nes, su gran temor

Hipotecas aplazadas.
Hipotecas aplazadas.

Toda la banca res­pira ali­viada tras la re­es­truc­tu­ra­ción del Código de Buenas Prácticas que afecta a las hi­po­te­cas. El temor nada di­si­mu­lado a un fuerte au­mento de las pro­vi­siones y el con­sumo de ca­pital ha que­dado di­si­pado en gran parte en el re­ajuste final del texto del có­digo, que el sector acepta como un mal menor asu­mible y que, puestos a ver el vaso medio lleno, puede traer bajo el brazo al­guna que otra ven­taja sus­tan­cial. Alguna en­ti­dad, como CaixaBank, in­cluso ha reunido a su con­sejo para aceptar el acuerdo.

“En la práctica, lo más destacado, lo mollar, es la opción de carencia de capital durante cinco años al Euríbor menos el 0,10% para las familias vulnerables. Este es el punto que más nos afecta, porque todo lo demás no representa cambios muy sustanciales respecto a la situación anterior. Creo que se ha alcanzado un cierto equilibrio que a la espera de conocer algunos detalles concretos nos tranquiliza”, señalan fuentes del sector.

Todavía escocida hasta límites insospechados por el impuesto de 3.000 millones de euros en dos años, la banca ha visto como la redacción final recoge gran parte de las peticiones realizadas a Nadia Calviño. Sobre todo, contiene una consideración técnica de enorme trascendencia porque, en la práctica, indica que determinados préstamos que la banca temía que pudieran ser calificados como morosos finalmente salgan de esa categoría.

Será en los próximos días cuando el texto final sea completado para especificar que los créditos con carencia de cinco años serán clasificados como dudosos y los de dos años entran en la categoría de los de vigilancia especial. Reglas del juego que hacen respirar más tranquilo a un sector que hace apenas 72 horas no las tenía todas consigo, como bien reflejaron las quejas del CEO de Santander, José Antonio Álvarez.

El sector valora también que no cargará con todo el peso de las ayudas. El ala más radical del Gobierno, Podemos, aspiraba a que las medidas fueran neutrales para los hipotecados desde el punto de vista del coste. Pero el diseño final está muy lejos de esa realidad. Según iAhorro, la carencia de cinco años podría encarecer el préstamo hipotecario hasta 10.000 euros. Por lo tanto, este frente también está despejado.

La respuesta de las entidades al acuerdo ha sido fría. Santander sólo se ha expresado hasta ahora por boca de Álvarez, BBVA no se ha pronunciado, el comunicado de Sabadell ha sido de apoyo genérico y sólo CaixaBank se ha adherido oficialmente. El resto lo irá haciendo, como ya ocurrió también con el Código de Buenas Prácticas de 2012, aunque el sector ha conseguido también que la adhesión al programa de ayudas sea voluntaria.

Pero a estas alturas queda claro que nadie se quedará fuera. Los bancos tienen buenas razones para ello. La primera, la más evidente, es de carácter reputacional. Renunciar equivale a ser señalado con el dedo. Pero el mejor argumento es que, a la espera de ver cuántas familias se adhieren, el paquete de ayudas genera una importante red de seguridad al sector para evitar que la morosidad se dispare de forma significativa.

“Estamos en un escenario muy abierto, que vendrá muy condicionado por la evolución de los tipos de interés en los próximos meses. Si el Euríbor sube pronto por encima del 3% sí podríamos ver una avalancha, todo va a depender de los tiempos”, señalan en el sector que cree que, con las reglas del juego dibujadas en el acuerdo, tiene margen de sobre para gestionar bien las consecuencias del paquete de ayudas.

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