OPINIÓN

¡Viva Cartagena! Los nacionalistas siguen esquilmando España en cada Presupuesto

Mercadeo ins­ti­tu­cio­na­li­zado por la vi­gente ley elec­toral que nadie pa­rece querer cam­biar

María Jesús Montero, ministra de Hacienda.
María Jesús Montero, ministra de Hacienda.

Los Presupuestos Generales del Estado siempre han sido po­lé­mi­cos, sobre todo cuando quién los ges­tiona y pre­senta es un Gobierno que no dis­pone de ma­yoría ab­so­luta en la Cámara, y por ello, ne­ce­sita de apoyos par­la­men­ta­rios para poder desa­rro­llar sus po­lí­ti­cas.

Y son polémicos porqué suelen ser un chalaneo bastante repugnante y asqueroso, en que los partidos que apoyan al Gobierno del signo que sea, parecen no tener fin en sus exigencias y reivindicaciones, generalmente de tipo económico, judicial o de carácter constitucional, que es lo mismo que decir que tienen que ver con la organización del Estado.

La verdad es que desde el regreso de la democracia esto viene sucediendo año tras año, cada vez con peticiones más arbitrarias, delirantes e insolidarias, dependiendo de la peculiar situación de precariedad del que gobierna en cada ocasión. Y la cosa no tiene color político, les ha pasado y les pasa sistemáticamente a los dos grandes grupos políticos nacionales, al Partido Popular (PP) y el Partido socialista Obrero Español (PSOE).

Chantaje permanente

La cuestión, que deberían hacérselo mirar, es que los chantajes vienen siempre del mismo lugar, de los partidos políticos nacionalistas o separatistas, es indiferente el apelativo. Recientemente ha habido ligeros experimentos de otro tipo como los regionalistas de Revilla en Cantabria o grupos del tipo de Teruel Existe vinculados a lo de la “España vaciada”, pero hasta la fecha de forma todavía casi testimonial.

Los partidos que literalmente exprimen a los gobiernos de turno cada vez que hay que sacar adelante unos Presupuestos son siempre los mismos, los nacionalistas del País Vasco y de Cataluña, pese a que se trata de formaciones con muy poca representatividad a nivel nacional, sólo la otorgada por una ley electoral que se redactó para facilitar las mayorías electorales y que perjudica a los partidos con implantación nacional frente a los que sólo se presentan en sus regiones.

Recordemos los casos del PCE o de UPyD que con cifras del entorno de un millón de votos en unas elecciones generales no lograban superar los dos o tres escaños frente a las formaciones nacionalistas, que con una cuarta parte de papeletas obtenían y obtienen un gran número de diputados en el Congreso.

No han cambiado la ley

Inexplicablemente, el PP y el PSOE han tenido suficiente fuerza parlamentaria como para cambiar la ley electoral durante los últimos años, pero no lo han hecho ninguno de ellos, y prácticamente siempre se han tenido que apoyar en los nacionalistas para gobernar, legislatura tras legislatura.

Lo que viene a significar que año tras año, estos distintos gobiernos regionales o autonómicos de corte nacionalista han ido reforzando sus competencias y obteniendo mejoras económicas y beneficios mayores que los de otras regiones, así hasta llegar a la situación actual, que en algunos casos ya es un verdadero agravio comparativo.

Desde el pacto sobre Banca Catalana con Pujol y González hasta el del Majestic de Barcelona con Aznar, Rato y el padre de la atribulada familia nacionalista casado con Marta Ferrusola, pasando por el Pacto del Tinell y el Estatut con Zapatero, hasta llegar así a la situación del actual Gobierno de coalición entre el PSOE y Podemos de Pedro Sánchez. Un Ejecutivo sometido cada día que pasa a un nuevo chantaje más tremendo por parte de los nacionalistas que le dan estabilidad parlamentaria como ERC, Junts, PNV, Bildu y hasta Compromís.

Dinero, siempre el dinero

No hay que darle muchas más vueltas a esto, con un sencillo ejemplo basta. La ruptura entre Rajoy y Artur Mas por la negativa del entonces presidente del Gobierno de España, a facilitar al entonces president de la Generalitat para Cataluña algo más o menos parecido al llamado “concierto vasco” para tapar todos sus problemas económicos derivados en gran parte de gastar y gastar como si no hubiera un mañana por cuestiones identitarias, fue la mecha que prendió el fuego de la sublevación del “procés” y que no cesó hasta el amotinamiento y la huida de España de Puigdemont, un lamentable capítulo de la reciente historia de España que todavía se está escribiendo, seguramente con renglones muy torcidos.

Puede que seamos un país especial, desde luego ningún otro de Europa ha alimentado sin despeinarse él mismo su propia leyenda negra, creada por sus enemigos históricos, de fuera y de dentro. Afortunadamente parece que vamos cambiando algo en este sentido y reescribiendo poco a poco en una dirección más ajustada a la realidad que a la inventada por ingleses y holandeses.

En la mayor parte de Europa se consideraría que el hecho de que un Gobierno en minoría esté siempre obligado a negociar con los distintos grupos parlamentarios buscando posiciones de consenso, debería ser una garantía de pluralismo y buen hacer y por ello probablemente garantizaría unos resultados más justos y acertados que los dispuestos por un partido hegemónico en el Congreso de los Diputados, que no necesite apoyos de nadie para lograr sus objetivos.

Europa, al revés

Y probablemente en muchos países es así, sobre todo en naciones con un fuerte componente institucional, también con elevadas dosis de patriotismo y hasta con largas tradiciones democráticas, entre otras muchas cosas, que les han hecho aprender la importancia de negociar y obtener los mejores acuerdos posibles para el país en cuestión, aunque tengan que modificar algunas posiciones políticas y ceder parte de sus postulados.

Hay muchos ejemplos en toda Europa de esto. Sin ir más lejos, la llamada “gran coalición” en Alemania de gobiernos formados por democratacristianos y socialdemócratas, con intercambio de carteras, o la famosa “geringonca” portuguesa que llevó al poder al socialista Antonio Costa en Portugal, hoy con mayoría absoluta, pero que antes estuvo gobernando con apoyo parlamentario puntual del Partido Comunista portugués y el llamado Bloque de Izquierdas, que es el Podemos de nuestro país vecino.

España podría ser así, como cualquiera de estos dos países. Uno del norte, Alemania, precisamente un país federal, atención digo federal, integrado por 16 regiones, los famosos “Lander”, y otro del sur, Portugal, que es un pueblo hermano de España, que ocupa con nosotros la península ibérica y que aunque ellos no lo sepan o no lo quieran reconocer, está lleno de andaluces, extremeños, castellanos y gallegos que comparten la frontera, aunque ellos los llamen de otra manera, exactamente igual que hacemos nosotros con ellos.

Falta de acuerdos

Pero la realidad es que este tipo de acuerdos para gobernar entre los grandes partidos no se han tomado nunca entre las grandes fuerzas políticas en España. Al contrario, dedican sus poco afinadas estrategias a la política del “palo y la zanahoria” con todos esos grupos políticos minoritarios a nivel nacional, pero no en sus regiones, cuya principal finalidad es salirse de España y romper la unidad territorial de nuestra nación.

Se trata de formaciones nacionalistas sin ninguna sensibilidad liberal o progresista, apenas con una pátina de conservadurismo anticuado que recuerdan a los malos carlistas que hicieron perder a España el siglo XIX, o también a revolucionarios de pacotilla, antiguos defensores de ETA o Terra Lliure que nunca estuvieron dispuestos a jugársela de verdad y que sueñan con las hazañas de Fidel Castro o del Ché Guevara sin aprender de la perspectiva histórica necesaria para entenderles con honestidad y evitar cometer sus errores.

Ordeñar a España

Su objetivo, así de claro, tratar de ordeñar a España al máximo y cuanto antes, para debilitarla y poder alcanzar en el menor tiempo posible sus objetivos secesionistas. Bueno, no exactamente todos. También los hay muy pragmáticos, como el PNV, que piensan que es mejor seguir así, esquilmando al resto de españoles día año tras año mientras los gobiernos de turno les sigan garantizando que su situación económica y social es mejor que la del resto. Y luego, cuando eso cambie y ya no sea posible, cosa que llegará más tarde o más temprano ya que el dinero se acaba, pues decidirán que hay que irse o buscar otras alternativas de convivencia que les garanticen sus ventajas sobre el resto. Ese es su solidario pensamiento con el resto de sus compatriotas. Lo dicen públicamente y se quedan tan tranquilos.

Da envidia el reciente dictamen del Supremo británico y su “no” a otro referéndum escocés bajo la sencilla argumentación de que sólo el conjunto del sujeto soberano puede decidir sobre la integridad de un Estado ¿recuerdan? Y también en cierta forma el propio gobierno escocés, que por el momento no se ha apresurado a deslegitimar a la justicia británica ni mucho menos a acusar a los jueves de actuar contra los principios democráticos, las libertades ciudadanas y el derecho a votar.

Un peaje cada vez mayor

Bueno, por poner un final a este artículo, según algunos cálculos la factura de las concesiones del Ejecutivo de Sánchez a sus socios parlamentarios en estos últimos Presupuestos se acerca por el momento a los 3.000 millones. Más de 2.000 millones para ERC y cerca de 500 para Bildu, al margen de decisiones de gran calado con un fuerte componente económico y social como la prórroga durante todo 2023 del límite del 2% para la actualización de las rentas de alquiler sin contraprestaciones a los arrendadores o la subida del 15% de las pensiones no contributivas, así como numerosas cuestiones de Memoria Histórica y autogobierno, entre otras, retirar a la Guardia Civil de la competencia del tráfico de Navarra.

En cartera espera la modificación del delito de sedición para beneficiar a los nacionalistas catalanes líderes del “procés” y condenados, que por supuesto no se han arrepentido de sus acciones y que insisten en que lo intentarán otra vez cuando puedan.

Y quizás, quién sabe, otra del delito de malversación, si es posible hacerla y tienen encaje legal pactándola hombre a hombre entre ERC y el Gobierno, por aprovechar las sinergias, que dicen algunos.

Conviene repasar la historia

Repasando la historia de España, que se repite una y otra vez, se me ocurren dos finales escuetos pero claros para estos comentarios. Ambos tienen su origen en la Primera República española, un gran intento regenerador y reformista de la vida española de hace ya unos 150 años, que desgraciadamente fue malogrado por los de siempre, los bisabuelos o tatarabuelos de muchos a los que nos hemos referido bajo la definición de nacionalistas.

Primero, las declaraciones del primer presidente de esa República, Estanislao Figueras, que poco antes de dimitir y coger un tren para Francia dijo públicamente: “Señores, ya no aguanto más. Voy a serles sinceros: estoy hasta los cojones de todos nosotros”. Y la segunda, si recordamos la insurrección federalista en Murcia durante esa efímera República no puede ser más obvia: “Viva Cartagena”. Pues eso.

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