Monitor de Infraestructuras

Las re­no­va­bles no pueden so­portar por sí solas los picos de de­manda

La pobreza energética impulsa la reapertura del debate nuclear en toda Europa

Las mini cen­trales ató­mi­cas, más se­guras y ba­ra­tas, puede ser una op­ción

Planta nuclear.
Planta nuclear.

Más de ocho mi­llones de per­sonas en España no pueden hacer frente a las fac­turas de la luz y la ca­le­fac­ción, según datos de Green Buildind Council. Situación que está reavi­vando el de­bate la de­pen­dencia ener­gé­tica y la ne­ce­sidad de man­tener la energía nu­clear en el mix de pro­duc­ción dentro de la ca­li­fi­ca­ción de lim­pia. Algo a lo que se opone el Gobierno es­pañol. Sin em­bargo, cada vez son más los ar­gu­mentos de los ex­pertos en favor de hacer manga ancha para evitar en un fu­turo pró­ximo la ex­clu­sión ener­gé­tica de las fa­mi­lias más des­fa­vo­re­ci­das.

En este sentido, el grupo de expertos de la Comisión de Energía creada por el Colegio Oficial de Ingenieros industriales de Madrid (COIIM) apuesta por la ampliación de la operación de las centrales nucleares españolas con el objetivo de mantener el mix energético actual.

El pasado año más del 50% de la energía producida en nuestro país fue de origen renovable, mientras que la tecnología nuclear aportó alrededor del 20% del total de la producción como viene siendo habitual en la última década. Algo indispensable para contrarrestar los picos de caída de producción renovable durante la noche o por la falta de aire,

Aunque Europa viene liderando una acción decidida para frenar el cambio climático rebajando las emisiones de CO2 a través de grandes incentivos para la inversión en energías renovables, una política razonable y segura, lo cierto es que puede que no ser suficiente para asumir los grandes retos fijados en sus objetivos climáticos.

La crisis energética abierta por la guerra de Ucrania y la dependencia del gas ruso está planteando a Europa un problema adicional en el corto plazo: abastecer la demanda ante un previsible invierno frío.

Un problema que Europa está enfrentando con medidas de ahorro y eficiencia energética, además de por una apuesta por la energía nuclear. “La inclusión de la energía nuclear en la taxonomía verde anima a los inversores y empresas a apostar por este tipo de energía”, apunta el presidente de la Comisión de Energía del COIIM, Jaime Segarra.

España es diferente

El caso de España se sale del parámetro europeo. El Plan Nacional de Energía y Clima contempla una apuesta decidida por las energías renovables frente a un calendario de cierre de nucleares, lo cual supondrá que cuatro de los siete reactores españoles dejarían de operar en el horizonte 2030. Los otros tres lo harían en 2035.

En este sentido, Segarra apunta que el debate energético “no debería ser ideológico” aunque reconoce que la opinión pública juega un papel fundamental en esta decisión. “La energía nuclear ofrece electricidad de base, de forma estable y no emite gases de efecto invernadero, pero hay dos aspectos que preocupan a la opinión pública especialmente: la seguridad y los residuos”, subrayan los expertos del Colegio.

Para contrarrestar estas dudas, la seguridad en el sector nuclear debe seguir siendo de máxima prioridad, por lo que se debe continuar investigando e incorporando las mejoras en las plantas nucleares que están en funcionamiento.

Más complejo, quizás, sea el tema de los residuos. La decisión, en especial la referida a los residuos de alta actividad que actualmente se encuentran almacenados en las propias centrales- se viene posponiendo permanentemente en los últimos años ante el temor a un fuerte coste político.

Mientras tanto se sigue retrasando una decisión que resulta imprescindible. Ahora mismo existe un borrador del VII Plan General de Residuos Radiactivos que contempla la puesta en marcha de Almacenes Temporales Descentralizados (ATD) en los emplazamientos de las propias centrales nucleares y la construcción de un Almacén Geológico Profundo (AGP) como almacenamiento definitivo. Ideas que deben irse concretando y desarrollando en unos plazos razonables.

Transparencia y viabilidad económica

Entre los factores a tener en cuenta para una mejor aceptación social destaca la transparencia, a juicio de los expertos de la Comisión de Energía del Colegio. Segarra apunta a la necesidad de “trabajar en el conocimiento que tienen los españoles sobre la energía nuclear para que se disipe la desconfianza que puede transmitir esta tecnología”. Para ello conviene reforzar la valoración pública del Consejo de Seguridad Nuclear como regulador independiente que vela por la seguridad de las centrales nucleares de nuestro país.

Pero quizás uno de los elementos más controvertidos a la hora de impulsar de nuevo la tecnología nuclear pasa por despejar las dudas de los propietarios de las centrales sobre la viabilidad económica de las instalaciones.

“Los actores deben tener claras las inversiones para asegurar la continuidad de forma segura de acuerdo con las peticiones del CSN, y cómo serán el retorno de las inversiones, garantizando un beneficio razonable e independiente de los vaivenes políticos y del mercado”, apuntan desde la Comisión.

Punto de no retorno

Para salvar este problema, los expertos proponen un PPA asegurado hasta el cierre definitivo, que permitiría seguir recaudando la cantidad requerida para el tratamiento de los residuos y el desmantelamiento antes del año 2100. Sobre este aspecto, un informe publicado en 2018 por la Universidad de Comillas concluía que en cualquier caso es ambientalmente positivo y económicamente rentable prolongar la vida útil de las centrales nucleares españolas una media de 10 años.

Lo que parece claro es que la improvisación no cabe a la hora de definir una política nacional en materia de energía nuclear. Son necesarios un mínimo de tres años de preparativos para diseñar y planificar adecuadamente el desmantelamiento, así como una eventual estrategia de modernización y mejora para garantizar una operación segura a largo plazo.

Además, la provisión de combustible, cuyo diseño demanda diferentes grados de enriquecimiento previo a su fabricación, también exige unos plazos de varios años. En este sentido cabe recordar que España tiene paralizada actualmente la mina de Uranio de Berkeley en Retortillo (Salamanca) por la falta de licencias ante las reticencias del Gobierno.

Al respecto, los expertos del colegio aseguran que “2024 podría ser un punto sin retorno para decidir si se acomete la ampliación de la vida de las centrales nucleares”, mientras en el resto del mundo se apuesta por la construcción mini centrales nucleares más seguras y más baratas.

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