OPINIÓN

Reino Unido: Sunak, un conservador de pura cepa, aupado por el ala más izquierdista de los 'tory'

Como los bri­tá­ni­cos, los es­pañoles tam­bién atra­viesan mo­mentos com­pli­cados

Rishi Sunak, primer ministro UK.
Rishi Sunak, primer ministro UK.

Por fin hay un primer mi­nistro en el Reino Unido. Rishi Sunak, ciu­da­dano bri­tá­nico, hin­duista, na­cido en Southampton de pa­dres pro­fe­sio­nales in­mi­grantes del África Oriental. El ala más con­ser­va­dora del par­tido Tory, al que per­te­nece, siempre lo había mi­rado como una es­pecie de so­cia­lista por sus subidas de im­pues­tos, las más altas de los úl­timos 70 años.

Naturalmente había que buscar una contrapartida a los incrementos del gasto público durante la pandemia. Este nuevo primer ministro apoyado por las facciones centristas e izquierdistas de los parlamentarios conservadores ha prometido austeridad, pero también ocuparse con preferencia de los más desfavorecidos.

La política de la despedida señora Truss se ha unido a las perversas consecuencias del Brexit contribuyendo a arruinar las expectativas que procuraría el decir adiós a la burocracia de Bruselas y a las restricciones internacionales de la Unión Europea. Ahora bien, el proyecto de país soberano y ultraliberal que prometía el Brexit es hoy, como ha dicho Gary Streeter, implacable crítico de Jon Mayor: “Truss y sus políticas han arruinado el Brexit y el mercado libre en el Reino Unido durante una generación”.

En 199, cuando los laboristas ganaron las elecciones, Tony Blair y Gordon Brown siguieron la trayectoria fiscal marcada por el canciller del tesoro, Kenneth Clarke, que desempeñó ese cargo con los conservadores entre 1993 y 1997. Fue aquella una señal inequívoca a la hora de anteponer los intereses de la nación a los del partido laborista.

El Reino Unido, desaparecidas las dos parodias de gobernantes, Jonhson y Truss, no tiene otra alternativa que enfrentarse a la realidad y abstenerse de fantasías. Una inflación del 10%, huelgas, hospitales en crisis y amenazas de apagones en los suministros eléctricos. Una realidad y unas señales que los conservadores españoles no pueden olvidar corrigiendo sus proclamas de bajadas de impuestos. Bajar los impuestos y reducir el déficit presupuestario acarrearía el encarecimiento para financiar nuestra deuda pública.

Tampoco son tiempos fáciles los que vivimos los españoles. Altos precios de la energía que repercuten a lo largo y ancho del sistema productivo propagando los deletéreos efectos de la inflación y su pesada carga para ciudadanos y empresas. Las ayudas estatales durante la pandemia han favorecido a los más damnificados, pero también han aumentado el gasto público y en consecuencia el déficit presupuestario.

La recuperación de estos últimos trimestres ha permitido incrementar los ingresos y rebajar la relación entre el déficit presupuestario y el PIB. Seria ahora una temeridad olvidarnos de ello.

Sunak, finalmente, es posible que consiga restaurar la mala situación de la economía y de las finanzas británicas, pero lo que es más problemático es restablecer la unidad del partido Conservador. Si Sunak no lo consigue no hay otra solución que convocar elecciones.

Artículos relacionados