ANÁLISIS

La grave situación económica demanda con urgencia unos nuevos Pactos de la Moncloa

Pablo Casado da por per­dida esta le­gis­la­tura, y trata de llegar al poder gra­cias a su dura opo­si­ción

Sánchez y Casado.
Sánchez y Casado.

Los lí­deres po­lí­ticos deben dejar de pensar solo en Moncloa y tratar de al­canzar unos acuerdos para afrontar las enormes di­fi­cul­tades que la eco­nomía es­pañola tiene que en­ca­rar, y que se evi­dencia en es­pe­cial en la pér­dida de poder ad­qui­si­tivo de mi­llones de es­paño­les. La gra­vedad de la si­tua­ción obliga a res­ponder con sen­tido de Estado al pre­si­dente del Gobierno, Pedro Sánchez, y al líder del prin­cipal par­tido de la opo­si­ción, Pablo Casado, quien en este mo­mento es el más re­ti­cente a llegar a ningún acuerdo

El líder del PP, vapuleado últimamente por las encuestas, está convencido como está de que en las próximas elecciones será él quien salga vencedor. Aunque la falta de realismo del presidente del Gobierno a la hora de analizar la situación tampoco lo pone fácil.

Lo sucedido con el exlíder de Ciudadanos, Albert Rivera, que rehusó participar como vicepresidente de un eventual gobierno con Pedro Sánchez, porque los sondeos daban a su partido como ganador, debería hacer reflexionar a Pablo Casado. Sobre todo, cuando cada vez más sondeos, los últimos los publicados este fin de semana, ya no le dan como claro vencedor de unas futuras elecciones, si se celebraran en este momento. Hará bien el líder del Partido Popular, en poner en duda los resultados de los sondeos que realizan quien al mismo tiempo le asesoran políticamente en este ámbito.

Así, con un empate técnico en los sondeos, el último indicador adelantado del INE del IPC, que sitúa el incremento de los precios en el último mes del año en el 6,7% en tasa anual, ha sido la última señal de alarma de la gravedad que afronta la situación económica española. Es tan grave lo que pasa que ya ni en el PSOE, salvo su secretario general, Pedro Sánchez, junto con la vicepresidenta primera del Gobierno, Nadia Calviño, comprenden el optimismo del que ha hecho gala el presidente del Gobierno al presentar su balance del año.

Según Sánchez, el Ejecutivo que preside ha cumplido el 42,7% de los 1.481 compromisos adquiridos en la investidura, hasta el punto de llegar a decir, después de que en España se han registrado unos 100.000 muertos como consecuencia de los efectos de la pandemia, que ésta no ha sido freno, sino acelerador para impulsar el proceso de modernización del país. Es su peculiar e incomprensible forma de afrontar la dramática realidad y el sufrimiento de las familias de esas 100.000 personas fallecidas por esta pandemia.

Datos oficiales

Como tampoco se entiende de ninguna de las maneras que sostenga que los españoles vamos a pagar de promedio la misma factura de la luz que en 2018, el anterior año de precios récord, gracias a las reformas implementadas por el Ejecutivo. Todos los datos oficiales hechos públicos hasta ahora de la tarifa de Precio voluntario para el pequeño consumidor estiman que la subida está en el entorno del 15 % sobre lo que pagó en el 2018.

Sin querer ser exhaustivo de todas las alertas y de todos los mensajes que nos está enviando el cuadro macro de la economía española, merece la pena resaltar que contamos con evidencias de que no vivimos el mejor de los momentos. Estas realidades son una inflación cada vez con más posibilidad de que sea permanente y no transitoria: el enorme encarecimiento de los precios de la electricidad, que tanto dañan el poder adquisitivo de la clase media; los millones de personas que viven por debajo del índice de pobreza, el fracaso del rebote de la tasa de crecimiento del PIB, la agudización de otros desequilibrios como son el déficit, la deuda y el paro, doblando este último la media de la tasa europea pese a la optimista evolución del empleo en los últimos trimestres.

Todo ello, exige unos acuerdos de Estado a los que no se pueden negar los líderes de los dos principales partidos que han gobernado España desde el final de la transición hasta nuestros días.

Situación grave

Sirva otro ejemplo más sobre la gravedad de la situación que atravesamos, situación incluso de angustia en la que viven miles de familias españolas. Según los datos del INE de mediados de año, el porcentaje de población en riesgo de pobreza o exclusión social en España ha crecido. Pese al mantra de Pedro Sánchez de que no dejará a nadie atrás, el INE advertía de que el aumento de la tasa de riesgo de pobreza o exclusión social de la población ha subido hasta el 26,4%, desde el 25,3% de 2019. Y, lo que es más, el 7% de la población española se encontraba en situación de carencia material severa, frente al 4,7% del año anterior.

El aumento de la tasa de riesgo de pobreza o exclusión social (AROPE por sus siglas en inglés, At Risk Of Poverty or social Exclusion), se ha producido en dos de sus tres componentes. Así, el porcentaje de población en situación de carencia material severa subió del 4,7% al 7,0% y, el que se situaba en riesgo de pobreza, pasó del 20,7% al 21,0%. Solo el porcentaje de personas residentes en hogares con baja intensidad en el empleo se ha reducido 9 décimas, situándose en el 9,9%.

Es justo esta población a la que más afectan los preocupantes incrementos de los precios consolidados en el último mes del año que se han elevado hasta el 6,7 % en tasa anual.

El mantenimiento de los acuerdos con los actuales socios que sostienen al Gobierno hasta el final de la legislatura, hace prever que los problemas se van a agudizar. Estos partidos son partidarios de incrementar el gasto sin tener en cuenta la necesidad que va a imponer Bruselas de volver a la senda del control del déficit y la deuda. No queda más alternativa que un acuerdo de Estado entre los dos partidos que han gobernado los 43 años de la Transición.

No va a ser sencillo conseguir el acuerdo. Pero Sánchez y Casado saben que lo exige para no deteriorar más la situación en un momento en el que toca convivir con más inflación, menor poder adquisitivo, menor crecimiento económico de lo estimado y un entorno de incertidumbre que hará más difícil conseguir la modernización de nuestro tejido productivo tantas veces prometido y nunca logrado.

Artículos relacionados