La crisis ener­gé­tica y las pre­si­den­ciales pasan fac­tura a la com­pañía eléc­trica más nu­clear

Malos tiempos para la eléctrica pública francesa EDF, con un futuro incierto y sin despejar

Son ya cinco los reac­tores nu­cleares pa­ra­li­zados por pro­blemas de se­gu­ridad

Electricité de France, EDF.
Electricité de France, EDF.

Lo de operar en un mer­cado li­be­ra­li­zado, de libre com­pe­ten­cia, con todos los ac­tores si­tuados al mismo nivel desde hace más de dos dé­ca­das, suena dentro de EDF a un per­fecto cuento chino. La verdad es que en Francia pasa todo lo con­tra­rio. Pese a llevar casi 15 años co­ti­zando en Bolsa (con muy poca for­tuna, por cier­to), la eléc­trica pú­blica fran­cesa tiene es­caso margen de ma­niobra y de au­to­nomía de ges­tión. Sus apuestas es­tra­té­gicas son una qui­mera y la go­ber­nanza sigue en manos del Estado, su mayor ac­cio­nista, con 83,88 % del ca­pi­tal.

Buena prueba del férreo control estatal se encuentra en el hecho de que Emmanuel Macron puede dictar la política tarifaria de la eléctrica nacional por simples cuestiones electorales: a tres meses de las elecciones presidenciales, EDF deberá ceder a la competencia, a bajo precio, 122TWh, o sea una tercera parte de su generación nuclear. Así, para cubrir las necesidades de su clientela doméstica con la tarifa reglamentada de 46 euros el MWh, EDF deberá acudir al mercado, donde pagará hasta 600 euros por los mismos MWh cedidos antes a precio de saldo.

Dicha operación -que suena a otro cuento chino en un país como España, donde el precio de la electricidad está disparado mientras el gobierno de Pedro Sánchez mira hacia otro lado-, tendrá un impacto negativo de 8.000 millones de euros para el resultado de explotación de EDF, pero eso es lo de menos.

Quienes pagarán la factura, serán, a todas luces, los contribuyentes (el máximo responsable de la Economía Bruno Le Maire ya avanzó que el Estado asumirá sus responsabilidades), pero ante la proximidad de las presidenciales (es la gran preocupación de Emmanuel Macron, que no tiene la reelección garantizada), la factura de la electricidad solo crecerá un 4% anual, en lugar del 35% previsto sin la intervención estatal.

Fragilidad financiera y tarifaria

Pero, al margen de la cuestión tarifaria y de la fragilidad financiera de EDF (su deuda asciende a 42.000 millones de euros y el precio de la acción cayó la semana pasada por debajo de los 8 euros, un 36% menos que hace tres meses, situándose así a una distancia sideral de los 32 euros de la entrada en bolsa en 2005 y de los 86 euros alcanzados en 2007), lo que más quita el sueño a los dirigentes de la compañía como a los responsables políticos, es tanto la situación actual como el futuro de las 19 centrales nucleares, que aportan un 70% de la generación eléctrica total francesa.

Día tras día, solo salen a luz pública malas noticias relacionadas con problemas de seguridad descubiertos en varias plantas. De hecho, son ya cinco los reactores que están paralizados y en proceso de revisión, por problemas de corrosión y de fisuras en los circuitos de seguridad. Además, las autoridades del sector (ASN y IRSN), advierten públicamente sobre la posibilidad de que lo mismo podrá pasar al menos a una decena de otros reactores de la misma familia.

Problemas en las centrales nucleares

Otro problema al orden del día, desde hace más de una década, es la construcción de la central de Flamanville (Mancha), la primera instalación nuclear de tercera generación (EPR) de EDF en Francia. Iniciado en 2007, con un plazo de ejecución de 3 años y una inversión prevista de 3.500 millones de euros, el proyecto es como una pesadilla: en el mejor de los escenarios, solo estará operacional para final del 2023 y su coste habrá alcanzado los 20.000 millones de euros.

Aun así, podría pensarse que tanto el EPR de Flamanville, como las cuestiones de seguridad de las plantas nucleares, la fragilidad financiera provocada por el accionista estatal, etc., son solo problemas secundarios para una empresa como EDF, que navega literalmente en un mar de incertidumbres. Nadie descarta, por ejemplo, que vuelva a tener al Estado como único dueño, ya que son muchas las muchas voces (izquierda, sindicatos…) que reclaman su nacionalización.

A cuenta, principalmente, de la megalomanía de Emmanuel Macron, que al contrario de otros líderes europeos sigue apostando a fondo en la energía nuclear y que, tras las presidenciales de abril, donde prevé salir reelegido, planea avanzar con su plan de cierre progresivo de los 12 reactores de 900 MW con más de 40 años y sustituirlos por otros tantos RPR, teniendo como objetivo reequilibrar el mix energético, que para el 2035 seria 50% nuclear y 50% renovable.

El problema, según los expertos del sector es que para alcanzar dichos objetivos Francia tendría que invertir hasta una suma monumental, situada entre los 150.000 y los 200.000 millones de euros, y que no está al alcance de la actual EDF. De ahí, la idea de una profunda reforma estructural, el llamado Plan Hércules, que supondría una segregación de las diversas actividades de EDF, que según los analistas de Barclays multiplicaría por dos o por tres el valor de mercado de la eléctrica, hasta los 55.000 millones, sin contar la deuda.

Por lo tanto, ante los problemas actuales y un futuro incierto, queda igualmente la posibilidad de una renacionalización pura y dura. O sea, la salida reclamada por los sindicados y por algunos dirigentes políticos, como el ecologista Yannick Janot y su rival de izquierda Jean Luc Melenchón, que participarán también en las presidenciales de abril. Eso si, con poquísimas o ninguna posibilidad de impedir la probable reelección - a la segunda vuelta - de Emmanuel Macron.

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