OPINIÓN

La China è vicina: Xi Jinping y Díaz Ayuso, dos liberales a ultranza

Frente a la ne­ce­sidad de dis­tri­buir la ri­queza, la virtud del cre­ci­miento

Xi jinping
Xi jinping

Las ideo­lo­gías en ma­teria eco­nó­mica coin­ci­den. En la alo­cu­ción inau­gural y te­le­má­tica del foro de Davos, el pre­si­dente Xi Jinping lanza el si­guiente men­saje: “la pros­pe­ridad que bus­camos no es el igua­li­ta­rismo, sino hacer la tarta más grande que be­ne­fi­ciará a todos de ma­nera sus­tan­cial y equi­ta­ti­va.” En la pre­sen­ta­ción del libro “Liberalismo a la ma­dri­leña” en la Fundación Del Pino, la pre­si­denta ma­dri­leña, Isabel Díaz Ayuso, con otras voces de gran ca­lado li­be­ral, con­fir­maba el viejo di­cho: ”De Madrid al cie­lo.” Pero es la li­ber­tad, su li­ber­tad, el ca­mino.

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Ahora bien, la China de Xi está tropezando con problemas. El PIB en el cuarto trimestre creció un modesto 4% interanual, el avance más corto de los últimos 18 meses. Así que, por lo pronto, el Banco Central de la R.P. China ha rebajado el tipo de interés mientras las autoridades promovían al máximo el crecimiento de las exportaciones reclamando la globalización del comercio internacional y pidiendo a los países occidentales políticas económicas expansivas para que sus mercados no desfallezcan.

Mientras Xi enviaba su mensaje ya reiterativo, el excedente comercial de China obtenía un superávit récord en su historia reciente. Coincide este superávit comercial con una caída del consumo doméstico y la bajada mencionada del PIB.

Sin costes sociales

El auge de las exportaciones no responde a una mayor productividad sino al mantenimiento de unos bajos salarios muy alejados de los europeos o estadounidenses.

Naturalmente, bajos salarios recortan las posibilidades del consumo de las familias y las ventas de las empresas. Imposibilidad de consumir lo que se produce. Recordemos aquello de Henry Ford: “mis trabajadores son también mis consumidores”. Habrá que buscar otros consumidores para mantener la actividad doméstica.

El covid-19 ha agudizado esta situación. La alternativa para mantener la actividad empresarial y financiar las grandes infraestructuras exigía incrementar la deuda o conseguir un excedente formidable en el comercio exterior. China, en consecuencia, necesita una economía global en expansión para que no decaiga el ritmo de sus ventas al resto del Mundo.

Todo ello no evita que China mantenga su orgullo político. Así, cuando Lituania ha intensificado sus relaciones con Taiwán, las autoridades comerciales chinas han bloqueado las importaciones de mercancías con componentes lituanos. Una incertidumbre para los inversores extranjeros y una afrenta para un país miembro de la Unión Europea.

El proteccionismo chino para los bienes con participación Lituana no puede quedar sin respuesta por parte de la Unión Europea. La única salida es aplicar medidas de retorsión. En el caso de las medidas de orden comercial no hace falta unanimidad de los estados miembros. Hungría y Grecia quizá se resistirían. Ahora bien, para aplicar estas medidas de retorsión basta con una mayoría de votos comunitarios.

La amenaza proteccionista con los componentes lituanos no es, por otro lado, la mejor tarjeta de presentación para reclamar más expansión de los mercados europeos.

El mensaje de Xi: “la prosperidad no es igualitarismo” encuentra un eco en este Madrid liberal más inclinado a aumentar la tarta que a distribuirla. Una comunidad efectivamente liberal que no desvela su gran déficit comercial de mercancías con el resto del Mundo y concretamente con China.

Dos economías liberales y complementarias: China vende y Madrid compra. Las dos crecen. De esto no hay duda. Libertad y Comunismo coinciden, cada uno a su manera….

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