Las en­ti­dades se pre­paran para dar res­puesta a las ne­ce­si­dades de miles de clientes

La banca da por muerto el plan de pensiones individual y lo apuesta todo a los fondos

El des­plome del 41% de las apor­ta­ciones en 2021 será aún mayor du­rante este año

Pensiones
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¿Está jus­ti­fi­cado que un sector fi­nan­ciero mo­derno y po­tente como el es­pañol man­tenga la apuesta por un ne­gocio como el de los planes de pen­siones in­di­vi­duales que el año pa­sado sumó cap­ta­ciones de apenas 2.539 mi­llones de eu­ros? ¿Tiene sen­tido man­tener ac­tiva la ma­qui­naria que re­quiere una ac­ti­vidad cuyo pa­tri­monio con­junto no su­pera los 90.000 mi­llones de eu­ros, a pesar de estar en má­ximos his­tó­ricos sólo gra­cias al buen com­por­ta­miento de los mer­ca­dos?

En la banca española lo tienen claro. El plan de pensiones individual es, en términos generales, una ruina en términos de negocio que ha perdido todo el atractivo para los miles de españoles que lo utilizaban como una vía de optimización fiscal. Muchos de ellos destinaban cada final de año el máximo permitido -hasta 8.000 euros, una cota muy atractiva, hasta 2020- para hacer más llevadero el paso de cada primavera por la caja de Hacienda.

Pero la decisión de reducir primero hasta 2.000 euros y a partir de 2022 hasta 1.500 euros el límite de aportaciones máximas a los planes de pensiones ha dinamitado totalmente un producto que garantizaba a la banca jugosas comisiones -que no siempre tenían correspondencia con las rentabilidades conseguidas para los partícipes- y el mantenimiento de una clientela de alto poder adquisitivo con capacidad para contratar nuevos productos.

Así se entiende la agresividad de las ofertas comerciales que cada año lanzan las entidades. Jugosos regalos en efectivo y otras prebendas eran los ganchos del sector para convencer a los partícipes de la conveniencia de cambiar de banca. El cierre de 2021 no fue una excepción, pero la banca ha podido certificar que el rendimiento comercial de la máquina de los planes de pensiones individuales se ha reducido a la mínima expresión.

Campañas muy duras

“Sabíamos que iba a ser una campaña dura, muy dura. De saque se iban a perder toda la diferencia entre las aportaciones máximas que van entre los 8.000 y los 2.000 euros, pero la sensación es la de que muchos clientes han tirado la toalla y están buscando productos alternativos. Hay una parte que podemos retener, pero con niveles de rentabilidad muy pobres porque ya hay más salidas brutas que aportaciones”, señalan en fuentes del sector.

Efectivamente, el cambio de escenario es radical. Si en 2020 las aportaciones brutas aún superaron los 1.300 millones de euros, en 2021 se desplomaron algo más de un 40%. Y por primera vez ha salido del sistema más dinero del que ha entrado, con un desfase histórico de algo más de 90 millones de euros. Salvo sorpresa mayúscula, 2022 será aún peor en plena cruzada del Gobierno por potenciar los planes de jubilación colectivos.

Con estas muy malas cartas sobre la mesa, el sector financiero trata de convertir el desaguisado en una oportunidad, canalizando el dinero que ya no va hacia los fondos hacia otros productos que también permiten diferir la tributación. Los fondos de inversión son la primera alternativa que las entidades ofrecen a sus clientes, apoyándose en un estupendo 2021 en los mercados que ha dejado un buen sabor de boca entre los inversores.

Pero hay más alternativas. Con carcasa de seguro, los ‘unit linked’ invierten en cestas de fondos de inversión que se adecúan al riesgo que cada inversor quiere asumir. También con forma de seguro, los PIAS o planes individuales de ahorro sistemático están especialmente indicados para los ahorradores más conservadores. Hay una revolución en marcha y el sector quiere mantener a toda costa a sus clientes ‘prime’.

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