ANÁLISIS

Bruselas vuelve a la carga contra España en su exigencia del control del déficit y la deuda

Una re­cu­pe­ra­ción eco­nó­mica mayor de lo pre­visto ade­lanta el de­bate del cum­pli­miento del pacto de es­ta­bi­lidad

Ecofin
Ecofin

La Comisión Europea no ha de­jado nunca de ad­ver­tirlo, lo ha reite­rado y lo hará esta misma se­mana. Su vi­ce­pre­si­dente, Valdis Dombrovskis, ha in­sis­tido en todas sus com­pa­re­cen­cias, des­pués de las reuniones del Ecofin, que, lle­gado el mo­mento de la re­cu­pe­ra­ción, ha­bría que em­pezar a fijar e in­sistir en el con­trol del dé­ficit y la re­duc­ción de la deuda pú­blica, como dos de las prio­ri­dades en de los países de la zona euro. Incluso pese a la pan­de­mia.

Así, el próximo viernes, por primera vez desde el inicio de la pandemia, se incluye en el orden del día de la reunión en Eslovenia de los ministros del eurogrupo el debate sobre la reducción del déficit. Las previsiones para este año hacen de España una de las campeonas comunitarias del déficit con un 8,6 % del PIB. Unido a que la deuda pública prevista es del 120,1 % a finales de año, nos sitúa en el punto crítico de observación del Ejecutivo comunitario.

De las grandes economías europea solo Italia está peor que España con un déficit estimado del 11,1 % para finales de año, a lo que se debe sumar una deuda pública del 157,8 % del PIB italiano. De media, el déficit en la zona euro será un punto porcentual superior al de año pasado mientras que la deuda ha aumentado 8 puntos. Los países austeros, que ahora ya son al menos 6, no quieren dejar pasar ninguna oportunidad para recordar que la exigencia del control del déficit y de la deuda pública está en los tratados. Serán los grandes temas del otoño con su preámbulo inicial de esta misma semana.

No es la única reunión relevante que se va a producir en los próximos días en el ámbito comunitario con repercusiones directas en la economía y las finanzas españolas. Un día antes del Ecofin lo hará el consejo de Gobierno del Banco Central Europeo. Holanda y Austria han pedido abiertamente que en la reunión de jueves se empiece a debatir el momento en el que el emisor europeo tendrá que empezar a reducir su política de compra de deuda.

Un encarecimiento de la colocación de las emisiones de deuda supondría otro esfuerzo adicional para las arcas del Estado. Sorprende que a nada de esto se haya referido el presidente del Gobierno en su entrevista al diario ‘El País’ en la que, en cambio, ha seguido transmitiendo la idea de que los recursos del Estado son infinitos y que cualquier problema que surja en la economía española se soluciona con subvenciones a fondo perdido. Como si el incremento del gasto no tuviera consecuencias para las arcas públicas y para el funcionamiento general de la economía.

Volviendo a la reunión del Ecofin del viernes, sobre la cabeza de los ministros pende el debate de cuando volver a empezar a exigir la toma de medidas para regresar a la senda de la estabilidad que los países denominados austeros hubieran preferido que no se hubiera abandonado nunca.

Ahora, tras el nefasto registro de la deuda pública del mes de junio, en el que la deuda de los países de la zona euro ha alcanzado el 100,1 % del PIB, reiteran la necesidad de recuperar los principios fundacionales de la eurozona. Eso sí, tratando de evitar el estrangulamiento de la recuperación antes de que se consolide.

Hoy en día lo novedoso de la situación es que se espera que se mejoren una vez más las previsiones de crecimiento económico para este mismo año. Hasta el punto de que para principios del próximo año el PIB de la zona euro habrá recuperado su nivel previo a la pandemia del Covid-19.

Los analistas internacionales dan por hecho que a los Estados les va a empezar a resultar más difícil, o al menos más costoso, financiar sus déficits públicos en los mercados internacionales. Sobre todo, una vez que el Banco Central Europeo comience a reducir su programa de recompra de la deuda pública europea.

Los mercados e inversores tratan de resolver la duda de si el déficit habrá que reducirlo a una velocidad similar a la reducción que vaya a adoptar el BCE de su programa de compra de activos. El diferencial de la deuda con Alemania tenderá a subir, sobre todo para los países más endeudados como España e Italia.

Es la clave que esperan en Bruselas que España incluya en el proyecto de Presupuestos Generales del Estado. Como para todos los demás países, la única salida a este problema es que el crecimiento sea superior al existente previo a la pandemia y que los costes de financiación sean inferiores, lo que en principio debe resultar imposible si el BCE cambia su política.

El programa de relanzamiento europeo de la economía está destinado a conseguir lo primero, el mayor crecimiento. La política de bajos tipos de interés y de compra de activos del BCE debería garantizar esa financiación barata que España seguirá necesitando.

Será la presidenta del BCE, Christine Lagarde, quien explicará lo que tiene previsto hacer a partir de otoño. Tras las últimas reuniones del Consejo de Gobierno, ha reiterado que quiere anticipar con claridad cuáles vayan a ser sus decisiones futuras para que los mercados tengan claro lo que van a hacer.

Periodo de apoyos a los Gobiernos

El economista francés Benoît Coeuré, miembro durante siete años del BCE y en la actualidad miembro del Consejo Ejecutivo del Banco Internacional de Pagos de Basilea, daba por hecho la pasada semana que habrá que prepararse para un largo período de apoyo de las economías de todo el mundo.

Las declaraciones de este prestigioso economista francés han tenido eco inmediatamente en Europa porque Francia viene preparando un proyecto para modificar las normas presupuestarias de la Unión Europea próximamente. Tiene previsto presentar el proyecto durante su presidencia semestral de la Unión que comenzará el próximo 1 de enero.

A todo ello conviene añadir para tener una previsión de las muchas decisiones que Pedro Sánchez deberá adoptar en las próximas semanas, los resultados de las elecciones alemanas del próximo día 26. Olaf Scholz, líder de los socialdemócratas alemanes y favorito en este momento en los sondeos, podría no ser tan compresivo como lo ha sido Merkel con los países del Sur, y muy en especial con España.

Todo obliga a la mejor utilización de los inmensos capitales que está previsto que lleguen de Bruselas tanto en recursos a fondo perdido como en créditos a devolver.

Las declaraciones de Sánchez este domingo al diario ‘El País’ no son alentadoras. Transmite la idea de que el problema clave de la economía española es subsidiar al necesitado. Eso puede ocurrir en las economías del tercer mundo. Pero una cosa es no dejar a nadie atrás y otra contar con los proyectos que estimulen y remodelen nuestro modelo económico. Y de esto Sánchez no ha dicho nada. Ni una sola idea sobre dónde emplear 140.000 millones de euros.

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