BOLSA

Evergrande, sin solución de continuidad

La grave si­tua­ción fi­nan­ciera del grupo in­mo­bi­liario chino Evergrande, cuya po­sible quiebra pro­vocó la se­mana pa­sada un tsu­nami en los mer­cados fi­nan­cieros in­ter­na­cio­na­les, no tiene visos de en­con­trar una so­lu­ción es­table a corto plazo. Uno de los ma­yores ac­cio­nistas ha mos­trado sus in­ten­ciones de salir de la com­pañía ante la preo­cu­pa­ción por la in­gente deuda de la pro­mo­tora y los pro­blemas de li­qui­dez.

Chinese Estates, el vehículo de inversión inmobiliaria del magnate de Hong Kong Joseph Lau, ha apuntado en los últimos días que podría vender algunas acciones o directamente desprenderse de todas las que posee, 751,1 millones, en Evergrande en los próximos 12 meses. En base al precio de cierre, indicó que podría contabilizar una pérdida de 9.490 millones de dólares de Hong Kong, unos 1.050 millones de euros.

La empresa ha reconocido que ya habría vendido una participación total del 0,82% por alrededor de 246,5 millones de dólares de Hong Kong en el mercado en las últimas semanas. Chinese Estates controla en la actualidad un 5,66%, mientras que la mujer de Lau posee por separado otro 1,48%, según datos de la consultora FactSet.

El movimiento de esta sociedad para vender títulos supone un relevante giro en la relación entre Evergrande y uno de sus mayores accionistas. Chinese Estates fue la piedra angular en la salida a Bolsa del grupo inmobiliario en 2009 y participó en varios de sus mayores operaciones inmobiliarias.

Pese a esta amenaza, que se cierne como una espada de Damocles, las acciones de Evergrande se han dado un pequeño respiro en las últimas sesiones animada por las noticias de que una filial de la empresa ha alcanzado un acuerdo para una deuda que vencía esta semana. Una bombona de oxígeno a corto plazo, pero con muy poco recorrido.

En cualquier caso, el grupo tiene que abordar el vencimiento el pasado 23 de septiembre de un cupón por valor de 2.030 millones de dólares. La compañía tiene un período de gracia de 30 días antes de que los bonistas puedan hablar de impago. Si no realiza el pago, se sentarían las bases para la que sería la mayor suspensión de pagos de bonos en dólares de una empresa en Asia de la historia.

Por este motivo, las autoridades chinas han pedido a las administraciones locales que se pongan en lo peor y se preparen para las potenciales repercusiones sociales y económicas de la quiebra de Evergrande. Esta advertencia pone de manifiesto las reticencias del Estado para rescatar a la compañía, pero al mismo tiempo quiere evitar una caída desordenada. Algo así como sorber y soplar por a pajita al mismo tiempo.

El grupo inmobiliario, con sede en Shenzhen, está al borde del colapso tras años endeudándose para crecer. El descenso de las ventas contratadas, el retraso de los planes para deshacerse de activos y el control de Pekín sobre el sector inmobiliario han contribuido a una brutal crisis de caja que ahora le pasa factura.

La acción está en una espiral bajista desde finales de marzo con caídas cercanas al 90% en lo que va de año. El gigante chino es uno de los mayores emisores de bonos basura de alta rentabilidad en Asia y representa del orden de un 2% del PIB chino, lo que muestra su tamaño y justifica el temor en los mercados financieros internacionales, reavivando los temores a una situación similar a la generada por Lehman Brothers.

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