ANÁLISIS

Desmadre eléctrico: la Administración invisible y el precio del megavatio

Precio tarifa de la luz
Precio tarifa de la luz

Perspectivas y datos eco­nó­micos ofrecen más tran­qui­lidad que datos y pers­pec­tivas po­lí­ticas en la UE en su con­junto y en sus prin­ci­pales paí­ses. Incertidumbre sobre el re­sul­tado de las in­mi­nentes elec­ciones le­gis­la­tivas en Alemania, así como de las pre­si­den­ciales en Francia. En los EEUU, Trump y sus se­gui­do­res, los re­pu­bli­ca­nos, re­cha­zaron el re­sul­tado elec­toral y de­ci­dieron asaltar el Congreso. La pro­duc­ción crece y el em­pleo mien­tras el clima po­lí­tico sigue siendo ex­plo­sivo.

En España los indicadores económicos, crecimiento y empleo, son tranquilizadores. Los enfrentamientos políticos describen, sin embargo, un país en llamas.

El pretexto de la factura de la luz aviva el fuego. Un precio, el del Megavatio, que no acaba de explicarse. Al arcano del megavatio se une la referencia al mercado mayorista. ¿Entienden los consumidores que es un megavatio y que es ese mercado mayorista?

El ciudadano medio se queda a oscuras y el gobierno ausente. Ausencia palpable cuando se pretende tramitar una jubilación en el INSS (carta de un lector del País, domingo 12 de septiembre) o se pretende contactar con la Agencia Tributaria, SEPE o INEM. Los funcionarios públicos presenciales están desaparecidos y sustituidos por una cinta telefónica que entretiene al ciudadano pero que se apaga antes de dar una respuesta.

Mi reciente experiencia con la Agencia Tributaria es la siguiente: recibo una larguísima e indescifrable requisitoria que pretende embargarme por una deuda con un ciudadano, un taller de coches por más señas, donde reparo el mío, que quizá tenga problemas con la Agencia.

Ante lo infundado olvido la requisitoria. Hay una segunda requisitoria. Alerta. Un asesor fiscal amigo me aconseja: “vete a Montalbán e intenta concertar una cita”. Me presento en Montalbán con las facturas y los pagos vía tarjeta de crédito, así como una carta del dueño del taller en la que reconoce que no tengo ningún pago pendiente.

El funcionario me dice que no necesito de ninguno de esos justificantes, lo único que tengo que hacer es poner una cruz en una casilla de la página cuarta de la requisitoria. Todo ello con una sonrisa y una amabilidad más que comprensiva.

El precio del megavatio en el mercado mayorista. La referencia para fijar ese precio es la última unidad vendida por las compañías eléctricas en ese mercado. Reiteradamente parece que la última unidad corresponde a la que tiene su origen eléctrico en el gas natural. El gas natural: una energía que emite un 30% menos de dióxido de carbono que la originada por otros hidrocarburos y un 50% menos que la que se deriva de la combustión del carbón.

El gas natural es lo que algunos expertos llaman una energía de “TRANSICIÓN”. Menos contaminante y en consecuencia aceptada e incluso incentivada para mantenerla y desarrollarla. Es menos contaminante y más barata. Una coartada excelente para ir retrasando la implantación de las energías verdes.

En el modelo teórico de competencia perfecta que figura en los libros de texto de microeconomía el precio del producto en el mercado coincide, mejor dicho, debe coincidir, con el coste de la última unidad producida. Más allá de los textos sucede que el productor eléctrico elige cual es la última unidad que ha vendido en el mercado mayorista. No va a elegir el coste de la hidráulica o nuclear (más baratas), sino la que más le favorece: la obtenida a partir del gas natural.

No estamos en un mercado de libre competencia sino bajo los dictámenes de un “marco regulatorio” acordado entre productores y autoridades regulatorias.

El gobierno se está tirando piedras electorales contra su propia cabeza. Una Administración inaccesible para el ciudadano y un mercado eléctrico con un marco regulatorio que viene favoreciendo desde la noche de los tiempos al oligopolio de las compañías generadoras de electricidad.

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