ANÁLISIS

Reclama que no se con­ta­bi­licen las in­ver­siones verdes y la eco­nomía di­gital como dé­ficit

Calviño pretende mediar en Europa para evitar una 'guerra' por el déficit y la deuda

El de­bate sobre la aus­te­ridad pre­su­pues­taria y la energía vuelve a di­vidir a la Unión Europea

Nadia Calviño,  vicepresidenta económica.
Nadia Calviño, vicepresidenta económica.

España, a través de la vi­ce­pre­si­denta para Asuntos Económicos Nadia Calviño, pre­tende jugar una po­si­ción me­dia­dora en la Unión Europea apro­ve­chando el nuevo en­fren­ta­miento entre los países co­mu­ni­ta­rios del norte y del sur. El de­bate sobre la aus­te­ridad vuelve a di­vidir a Europa. La idea de la vi­ce­pre­si­denta pri­mera del Gobierno y mi­nistra de Economía, Nadia Calviño, es pedir que no se con­ta­bi­licen las in­ver­siones verdes y la eco­nomía di­gital como dé­fi­cit.

Queda un largo camino por recorrer en un breve espacio de tiempo pues los países austeros quieren volver a la senda del Pacto de Estabilidad con un control de los niveles de déficit y deuda.

Los ministros de los países austeros de la zona euro han pedido en la reunión informal del Eurogrupo, celebrada el fin de semana en Brdo (Eslovenia), adaptar las normas europeas de disciplina presupuestaria. El objetivo es garantizar la continuidad de las inversiones en la economía tras la crisis de la Covid-19.

Pero estos países, que ya suman ocho, quieren también retomar la senda del pacto de estabilidad con el objetivo de volver a controlar el déficit y la deuda pública. España pretende que la inversión verde y la digital no se compute en el déficit y que su propuesto sirva para alcanzar un acuerdo.

Para los países más europeístas, el temor es que vuelva a producirse el enfrentamiento entre países austeros y países del Sur que paralizó el avance en la Unión Europea y que incluso llegó a poner en riesgo el proyecto comunitario tras la crisis financiera iniciada en el 2007.

Reglas desiguales

España da por hecho que las reglas definidas en el pacto de estabilidad y crecimiento europeo ya no serán iguales. Que no se volverá a exigir un déficit máximo del 3 % del PIB y una deuda pública del 60 % del PIB. Fueron las condiciones que la Comisión Europea dejó en suspenso en marzo del 2020 con el fin de que los Estados miembros pudieran tomar medidas excepcionales y urgentes para limitar el impacto de la crisis sanitaria internacional sobre la economía y el empleo.

El debate sobre estas exigencias que tanto dividió a los 27 vuelve a ser una prioridad en el seno de la Unión, una vez que la economía está creciendo por encima de lo previsto. Varios de los grandes países como Alemania y Francia habrán conseguido alcanzar antes de que finalice el año su nivel de actividad de finales del 2019.

Paolo Gentiloni, comisario europeo de Asuntos Económicos y Financieros, admite que algo hay que hacer. Ya ha adelantado que eso no significa que no se vaya a seguir apoyando a las empresas, pero ha añadido que conviene hacer más selectivos los mecanismos de ayudas centrándose en los sectores todavía más frágiles.

Para Gentiloni, algunas de las normas del Pacto de Estabilidad parecen imposibles de poder aplicar en el 2023, como piden los países austeros y el vicepresidente de la Comisión Valdis Dombrovskis, muy próximo a las exigencias alemanas. Incluso los más derrochadores consideran que la situación actual no se puede mantener. Pues si el objetivo de deuda impuesto en los años 90 hablaba de un techo del 60 % del PIB, el ratio medio de esa deuda comunitaria alcanzaba a finales junio el 100 % del PIB.

El argumento de Nadia Calviño para jugar un papel mediador es que con el objetivo de conseguir la transición energética y la digitalización, prioridades europeas en este momento, los recursos destinados a la economía verde y la digitalización no se contabilicen en el déficit. También otros países, Francia entre ellos, están en esta línea y proponen que al menos se flexibilice la norma.

Según el ministro de Finanzas francés, Bruno Le Maire, “hay normas completamente obsoletas. Resulta necesario volver a un pacto de equilibrio presupuestario que sea completamente distinto”. Completamente opuestos, al menos en su posición de partida, están los ocho países denominados austeros y liderados por Austria, Dinamarca y Holanda. El pasado jueves hacían público un documento conjunto en el que recordaban su compromiso con la viabilidad presupuestaria de los Estados miembros por el que exigían el regreso al pacto de Estabilidad.

Una fuente diplomática de la Comisión Europea comentaba a capitalmadrid.com que la atmósfera de la reunión fue muy cortés, que nada tenía que ver con los durísimos enfrentamientos que se produjeron durante la crisis iniciada en el 2007. Pero admite esta misma fuente que el debate no ha hecho nada más que comenzar. Habrá muchos matices. Algunos no menores, por ejemplo en cuestión de energía, donde España ha puesto un límite a la duración de sus centrales nucleares.

En cambio Francia está en las antípodas. Además ha introducido el debate sobre el futuro de la energía nuclear. Según Le Maire, “si luchamos contra el cambio climático con una visión ideológica, fracasaremos. Si luchamos contra el cambio climático con una visión científica, entonces tendremos éxito. Pero eso conlleva reconocer el valor añadido de la energía nuclear”.

De momento la Comisión Europea no ha decidido qué energías están entre las energías consideradas virtuosas. Lo va a hacer antes de fin de año. Francia cuenta con el apoyo de Polonia y Hungría. Pero si los verdes llegaran al gobierno alemán podría agriarse el debate, o al menos complicarse. El hecho es que la Comisión Europea parece dispuesta a estudiar la propuesta española. El comisario Gentiloni lo dio a entender en la rueda de prensa posterior al Ecofin al asegurar que “si somos serios con la transición energética, y lo somos, deberemos evitar lo que se produjo con la crisis anterior cuando la inversión pública acabó por reducirse a cero”.

Luego Gentiloni se declaraba defensor de una reforma en profundidad del Pacto de Estabilidad y anunciaba la apertura de una consulta a partir de las próximas semanas. Quiere tener el proyecto aprobado lo antes posible. El tiempo se le hecha encima, aunque habrá que esperar al resultado de las elecciones alemanas.

Con la recuperación de un crecimiento solido, lo primero que han planteado los países del norte ha sido la recuperación del pacto de estabilidad. Ya no peligra la recuperación, una vez evitado el hundimiento de la economía y dejadas al margen las equivocaciones de las medidas adoptados en la crisis precedente.

Francia tiene previsto presentar por su parte una modificación de las normas del Pacto de Estabilidad durante su presidencia que discurrirá, proyecto que deberá ser compatible con la consulta anunciada por la Comisión Europea en la que España está decidida a recuperar la influencia perdida con su iniciativa de relajar las condiciones del Pacto de Estabilidad al excluir de su contabilización las inversiones en la economía verde y digital. De su éxito depende también parte del futuro modelo de Europa.

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