La emi­sión de bi­lletes debía tener un res­paldo del 40% en el metal pre­cioso

Connally, héroe con Kennedy y villano del patrón oro

Se cum­plen 50 años desde que el ex se­cre­tario del Tesoro con Nixon sus­pen­diera la con­ver­ti­bi­lidad del dólar

John Connally, ex secretario del Tesoro, con los Kennedy.
John Connally, ex secretario del Tesoro, con los Kennedy.

Esta se­mana se ha cum­plido el cin­cuenta aniver­sario de una de las de­ci­siones más con­tro­ver­tidas que ha adop­tado jamás Estados Unidos. El pre­si­dente Nixon jus­ti­ficó ante todo el país el aban­dono del pa­trón oro como una me­dida tem­poral para lu­char frente a la es­pe­cu­la­ción contra el dó­lar. La de­ci­sión jamás tuvo vuelta atrás.

El hombre encargado de rubricar el final de la era del patrón oro fue el secretario del Tesoro, el entonces demócrata John Connally, político que se hizo famoso cuando fue herido en noviembre de 1963 en el atentado que costó la vida al entonces presidente John Kennedy.

El patrón oro define una convención económica por la que la emisión de billetes de dólar se encontraba sujeta a la tenencia de oro en las arcas del Forth Knox estadounidense. El convenio establecía que sólo la divisa estadounidense podría utilizarse para comprar oro, en la proporción de 35 dólares la onza. Así había funcionado este sistema desde el final de la Segunda Guerra Mundial.

El fuerte déficit en que incurrió Estados Unidos por la Guerra de Vietnam catapultó una auténtica ofensiva contra el dólar en los mercados de cambios mundiales. Nixon apareció en la televisión estadounidense para justificar una medida que, al contrario de lo que prometió, fue definitiva desde el principio. La decisión supuso que la emisión de dólares se regiría por decisiones administrativas y no por un convenio firmado en Bretton Woods.

Desde que Nixon adoptara esta medida, la divisa estadounidense se ha depreciado casi un 20%. El índice del dólar, que mide la cotización del billete verde respecto a una cesta de monedas extranjeras, ha caído desde los 115 puntos hasta los 94 puntos.

De Texas a Washington

El hombre que firmó la orden que suponía el fin del patrón oro fue John Connally, cuya historia como político resulta cuando menos curiosa. Como gobernador de Texas viajaba en el asiento de delante de la limusina en que fue asesinado el presidente John Kennedy. Salió herido en ese atentado. Ocho años después, Nixon le nombró secretario del Tesoro, a pesar de que era demócrata y no republicano, como el presidente. En 1973 se pasó a las filas republicanas. Su carrera política finalizó cuando intentó la candidatura a la presidencia, pero se encontró con Ronald Reagan.

La especulación contra el dólar puso fin a la era del patrón oro, que se había utilizado como elemento estabilizador en los mercados de cambios. “Así es exactamente como se supone que funciona un patrón oro. Pone límites a la cantidad de dinero que puede crecer y limita la capacidad del gobierno para gastar. Si el gobierno "imprimía" demasiado dinero, otros países comenzarían a canjear la moneda devaluada por oro. Esto es lo que estaba sucediendo en la década de 1960. A medida que el oro fluía fuera del Tesoro de los Estados Unidos, creció la preocupación de que las tenencias de oro del país pudieran agotarse por completo”, indica el digital SchiffGold.com.

Los expertos dicen que el inicio del fin del patrón oro se produjo en 1933, cuando Rosevelt dicó una ley que prohibía a los acreedores cobrar sus deudas en oro. Se prohibió a los bancos pagar o exportar oro, con el fin de evitar el acaparamiento del metal precioso.

El banco central estadounidense, la Reserva Federal, sólo podía emitir billetes siempre que tuvieran un respaldo del 40% en oro. El precio del metal se elevó más tarde de los 20 a los 35 dólares por onza, lo cual supuso un alivio para la emisión de billetes. Pero la necesidad de financiar la Guerra del Vietnam terminó de sepultar este sistema cambiario.

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