ANÁLISIS

Los datos de la eco­nomía real no jus­ti­fican la eu­foria del pre­si­dente del Gobierno

La economía va por un lado, Sánchez por otro

El cre­ci­miento hasta julio se apoya en el con­sumo fa­mi­liar, mien­tras la in­ver­sión y la de­manda ex­te­rior agu­dizan su des­censo

Pedro Sánchez, pte del Gobierno.
Pedro Sánchez, pte del Gobierno.

En su com­pa­re­cencia la se­mana pa­sada, el pre­si­dente dei Gobierno, Pedro Sánchez, pre­tendía re­saltar los lo­gros de su eje­cu­tivo, más bien sus lo­gros per­so­na­les, du­rante los úl­timos doce me­ses. Grandilocuente en sus ma­ne­ras, no apor­taba mu­chos de­ta­lles para su mar­cado op­ti­mismo. De he­cho, solo 24 horas des­pués, los datos del INE ad­ver­tían de que la in­ver­sión había agu­di­zado su des­censo hasta el 1,9 % y que la apor­ta­ción de la de­manda ex­te­rior era tam­bién ne­ga­tiva en un 0,8 %. Además, la com­pe­ti­ti­vidad sigue en caída y la EBA ad­vertía de que en una crisis aguda la banca es­pañola res­pon­dería peor que la media de la UE.

No son los únicos datos negativos. Ese mismo viernes se conocía el índice de confianza de los consumidores en la economía española que, aunque ligeramente, ha bajado en julio, lastrado por la peor valoración de la situación actual y de las expectativas. Supone el primer retroceso desde el mes de enero y coincide con la quinta ola de la pandemia.

Además, coincidiendo con las advertencias del Instituto Nacional de Estadística sobre algunos de los componentes del PIB, tanto el Banco Central Europeo (BCE) como la Agencia Bancaria Europea (EBA) alertaban de las importantes pérdidas de capital que sufrirían los principales bancos españoles, por encima de la media de los que les sucedería a nuestros socios comunitarios, en caso de producirse una grave crisis económica en los próximos tres años.

La principal idea reiterada por Pedro Sánchez durante su comparecencia es que "la recuperación económica está mejorando continuamente los pronósticos iniciales", hasta el punto de que su Gobierno ha tenido que actualizar y mejorar el cuadro macroeconómico para aumentar las previsiones de crecimiento de la economía en el 6,5 % este año y en el 7 % en 2022. “Somos los mejores del ámbito comunitario”, aseguraba.

Campaña de la vacunación

Justificaba esta gran mejora de la economía en la buena marcha de la campaña de vacunación y al efecto de los fondos europeos. Pero de nuevo el demonio está en los detalles. Es cierto que la vacunación en España va bien. Podría decirse incluso que muy bien. No tenemos grandes grupos de negacionistas que se opongan o resistan a vacunarse cuando les toca. No se han generado conflictos en los hospitales. Sin duda, de acuerdo con los datos de la Organización Mundial de la Salud, el nivel de vacunados está entre los porcentajes más altos del mundo, pero que la recuperación económica es de las más grandes del mundo, hay que matizarlo y mucho.

Además de los datos ya señalados de la agudización de la caída de las inversiones, de la aportación negativa del comercio exterior a la evolución del PIB y sobre el altísimo coste que tendría para nuestro sector financiero en caso de una nueva crisis severa, nos falta todavía mucho para alcanzar los niveles de empleo y de rentas previos a la pandemia pese a que el optimismo de las previsiones de Sánchez, según su intervención de fin de curso, venían refrendados con la publicación de datos como el de la encuesta de población activa (EPA) del segundo trimestre, conocida el mismo día de su comparecencia.

Aumento del empleo

La ocupación ha aumentado en 464.900 personas y el número de desempleados se ha reducido en 110.100 en este semestre. Pero de nuevo, los datos habrían sido tan negativos como un año antes, pese al alivio que supone para las estadísticas la aplicación de los ERTES que conviene afinar también aquí para entender que el optimismo del presidente tiene una difícil justificación.

Es verdad que los datos provisionales del INE muestran un crecimiento espectacular del PIB interanual que en el segundo trimestre del año alcanza nada menos que el 19,8 % de nuestra riqueza. Los datos de empleo de la EPA y las afiliaciones a la Seguridad Social sugerían un incremento de la generación de riqueza de estas características.

Pero esta cifra del aumento del PIB hay que contextualizarla y quizás relativizarla. Estos márgenes de crecimiento solo se mantendrían en estos niveles, si los niveles de consumo interno hicieran que la economía mantuviera la velocidad de crucero que se ha conseguido en el segundo trimestre de 2021 durante todo el año.

Está claro que esto no va a suceder puesto que esta elevadísima cifra de crecimiento ha logrado elevarse tanto porque el punto de partida es un trimestre, el segundo del año pasado, en el que el PIB cayó nada menos que el 21,5 %.

Fue el trimestre que coincidió en su gran mayoría con el periodo en el que estuvo vigente el Estado de Alarma por el coronavirus y se paralizaron numerosas actividades. La caída interanual corregida se cifró en el entorno del 21,5%, frente al 22,1% adelantado a finales de julio del año pasado. Hasta la llegada de la Covid-19, la mayor contracción anual había sido en el segundo trimestre de 2009, cuando el PIB español retrocedió un 4,4% interanual.

Con todo, los últimos datos conocidos el pasado viernes sobre las previsiones del PIB elaboradas por el INE no alteran la previsión de crecimiento para 2021 que estarían en el entorno de entre el 6,2 % o el 6,5 %, según se tenga en cuenta o no los 0,3 puntos porcentuales que podría restar la actual ola de la pandemia.

Ya fue un error el año pasado dar por terminada la pandemia con ocasión de la comparecencia similar del presidente del Gobierno para analizar el año 2020. Las enormes incertidumbres que todavía sobrevuelan sobre la economía española aconsejarían un sentido más realista en los análisis que realiza sobre nuestra situación. Salvo que cuando uno sube al Falcon, como suele pasar, se pierda el sentido de la realidad.

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