Ana Botín saca ré­dito de su apuesta por Estados Unidos como primer mer­cado

Santander frente a BBVA: una divergencia creciente en diversificación geográfica

Torres de­pende aún de eco­no­mías emer­gentes como México y Turquía

BBVA y Santander
BBVA y Santander

Santander y BBVA, los dos grandes grupos ban­ca­rios es­paño­les, apos­taron de ma­nera de­ci­dida por su salto in­ter­na­cional a fi­nales del siglo XX y prin­ci­pios de los 2000. Sin em­bargo, su evo­lu­ción ha sido muy di­ver­gente hasta el punto de que el grupo de Ana Botín ha apos­tado de ma­nera de­ci­dida por unos Estados Unidos que ha aban­do­nado la en­tidad pre­si­dida por Carlos Torres. Mientras que el Santander logra un ne­gocio equi­li­brado y es­table en in­gre­sos, el BBVA de­pende di­rec­ta­mente de países emer­gen­tes, so­me­tidos al tipo de cambio y vai­venes po­lí­ti­cos.

El Santander entonces presidido por Emilio Botín echó el órdago en Brasil con la compra de Banespa y ese mercado se convirtió en el que más beneficio ha reportado al grupo en los últimos años. La actual presidenta, su hija Ana Botín, apuesta en los últimos tiempos por Estados Unidos y es ahora el que más beneficio aporta al resultado consolidado (1.291 millones de euros).

En contraposición, el BBVA abandonaba Brasil en los momentos de la entrada del Santander en aquel mercado ante la poca dimensión de su filial. Como dijo hace ya unos cuantos lustros el siempre recordado Francisco Luzón, al frente del negocio del Santander en aquella zona, "el que no está en Brasil no está en Iberoamérica.

Después de un intento por hacerse hueco en el mercado de Estados Unidos, y buscar sinergias con su filial en México en el negocio de remesas, el BBVA tiraba la toalla el pasado ejercicio y vendía toda la franquicia estadounidense por una millonaria cantidad que se empleará en el pago del dividendo, la recompra de acciones y alguna inversión en los territorios en los que ya están operativos.

Tras el paso de los meses, todavía es una incógnita la apuesta de crecimiento inorgánico del grupo que ahora preside Carlos Torres. Mientras, el banco azul depende de su vieja apuesta por México, que no era muy bien vista por el expresidente Francisco González (FG) en su momento, y por su participación mayoritaria en la entidad turca de Garanti.

Con la venta de su filial en Estados Unidos, la diversificación geográfica del BBVA no es tanta y tiene mayor peso de países emergentes, a pesar de que España ha ganado relevancia tanto en el beneficio (745 millones al cierre de junio, aún por detrás de los 1.127 millones en México) como en la contribución al margen bruto (30%, también por debajo de la filial mexicana).

Ante esta situación, es lógico que varios analistas consideren que el movimiento corporativo que debería hacer el BBVA es en un mercado maduro, como podría ser España aunque a finales de 2020 fracasaron en su intento de fusión con el Banco Sabadell por las diferencias de precio.

Barras y estrellas

El Santander de Ana Botín, por el contrario, ha descartado más compras en España tras quedarse al Banco Popular en una situación calamitosa. Su presidenta se ha mostrado muy clara en sus últimas intervenciones por crecer en los Estados Unidos, un mercado en el que han cerrado diversas operaciones en los últimos meses.

No es la única baza con la que juega el grupo para su crecimiento en otros mercados y mantener una diversificación geográfica más equilibrada. Su proyecto de Digital Consumer, fruto de la fusión de Santander Consumer Finance (SCF) y Openbank, ya ha llevado a esta unidad a tener un peso del 11% en el beneficio aportado al consolidado, sobre todo en países europeos (Europa, al margen, ya tiene un peso del 27%).

Los supervisores siempre han puesto en valor la diversificación geográfica y de negocios de los bancos, ya que permite en muchas crisis poder capear con mayor facilidad los impactos negativos que se tengan en determinados mercados con la mejor evolución en otros.

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