Binance pro­cesa tran­sac­ciones vir­tuales por un valor anual de 5,4 bi­llones de dó­lares

Las criptomonedas pasan a un segundo plano ante la explosión de las plataformas digitales

El BIS de Basilea ana­liza las mo­nedas pri­vadas y las pla­ta­formas di­gi­ta­les, con los Bancos Centrales. al acecho

Binance.
Binance.

Las crip­to­mo­nedas han pa­sado a un se­gundo plano ante el éxito y ex­ten­sión de pla­ta­formas di­gi­tales como Binance, entre otras mu­chas. Las bolsas de crip­to­mo­nedas pro­cesan miles de mi­llones de dó­lares al día, trans­for­mando y ne­go­ciando di­nero di­gital y con­ven­cional a lo largo del pla­neta a través de sus afi­liados y clien­tes. Plataformas que no tienen nin­guna sede fí­sica y que no con­trola nin­guna au­to­ridad mo­ne­ta­ria. De mo­mento porque el simple aviso de una in­ves­ti­ga­ción re­gu­la­toria hundió este viernes el valor de estas pla­ta­for­mas, es­pe­cial­mente Binace, en la Bolsa de Londres.

Gracias a Martin Wolf, el excelente analista macroeconómico del Financial Times, el Banco Internacional de Pagos de Basilea (BIS) dispone de un resumido y esclarecedor análisis sobre el papel de los Bancos Centrales ante el tráfico de criptomonedas, así como sobre las transacciones digitales.

Según el analista británico, “las revoluciones tecnológicas abren nuevas posibilidades y hay que tomar decisiones; resulta crucial que el monopolio natural del dinero y el bien público del sistema de pagos no caiga en manos de monopolios privados y plataformas digitales incontroladas.”

El ejemplo o mal ejemplo es el chino canadiense Changpeng Zhao, fundador y máximo directivo de Binance, que renuncia a tener una sede fija para su compañía como una cuenta bancaria cuando se trata de una cadena (blockchain) tecnológica. Binance procesa criptotransacciones por un valor anual de 5,4 billones de dólares.

Los Bancos Centrales no pueden ignorar la importancia de la tecnología digital, pero al mismo tiempo deben plantearse la introducción de medios digitales propios. En efecto y según economistas destacados del Banco de la Reserva Federal, las innovaciones tecnológicas han creado más de ocho mil criptomonedas. Algunas de ellas carecen de cualquier tipo de soporte son las “criptofiducias” como es el caso del Bitcoin mientras otras criptomonedas son denominadas “estables criptomonedas” al disponer de un respaldo, una por una, es decir cualquiera de ellas, de dinero fiduciario. Las criptomonedas fiduciarias según el BIS son títulos especulativos más que dinero propiamente dicho. En muchos casos se utilizan para lavar dinero, pagos por rescates y otros tipos de delitos financieros. El caso del Bitcoin es notorio sin despreciar el despilfarro energético que exige su impresión. M. Wolf afirma que, en su opinión, este tipo de dinero debería declararse ilegal. Por otro lado, las llamadas “establecoins”, es decir, criptomonedas respaldadas por dinero fiduciario de curso legal, son y pueden ser utilizadas para realizar cualquier pago correspondiente a una transacción monetaria. La historia muestra esas desenfrenadas carreras de los depositantes para retirar dinero de los bancos cuando sus depósitos no estaban respaldados por los Bancos Centrales. Las nuevas monedas entran en el circuito de los pagos tecnológicos. Observemos que los actuales sistemas de pagos son caros. Incluso las transacciones con tarjetas de crédito también lo son. Por el contrario, los beneficios en términos de coste que supone el sistema de pagos digital tienen, eso sí, el inconveniente de fragmentar el actual sistema de pagos y erosionar la privacidad de los mismos. Ante esta alternativa, abaratamiento y seguridad, los Bancos Centrales deben encauzar la revolución digital en favor de la sociedad. Una forma de hacerlo no es otra que incrementar la liquidez (cash) con dinero digital. Estas “Central Bank Digital Currencies” coexistirían con el dinero fiduciario de curso legal con sus mismas garantías y el soporte de los Bancos Centrales. El fin ultimo no seria otro que constituir un sistema de pagos más barato y disponible para todos. Ahora bien, serían los Bancos Centrales y no lo monopolios digitales, las plataformas, quienes garantizarían la solvencia de los nuevos medios de pago. Las innovaciones tecnológicas abren esta nueva posibilidad a la vez que la participación de los Bancos Centrales convierte a las criptomonedas en un activo lejos de su control, pero sin su respaldo financiero, en definitiva, un activo meramente especulativo.

Artículos relacionados