ANÁLISIS

Bruselas aplaude el ascenso de Calviño, pero sigue inquieta con la presencia de Podemos

La irre­le­vancia de los nuevos mi­nis­tros y la 'continuidad' de los mi­nis­tros de UP evi­dencia la de­bi­lidad de Sánchez

Nadia Calviño, Economía
Nadia Calviño, primera vicepresidenta.

La di­plo­macia eu­ropea ha re­ci­bido con agrado el as­censo de Nadia Calviño como vi­ce­pre­si­denta pri­mera del Gobierno al otor­garle un mayor con­trol, tanto sobre las pro­puestas y de­ci­siones que debe adoptar el Ejecutivo en ma­teria eco­nó­mica y la­bo­ral, como en el ám­bito po­lí­tico. La mo­de­rada Calviño ha sido siempre su apuesta. Presidir la Comisión General de se­cre­ta­rios de Estado y sub­se­cre­ta­rios le añade un plus de au­to­ridad po­lí­tica con el que no con­taba hasta el mo­mento.

Pero la permanencia en el Ejecutivo de los representantes de Unidas Podemos sigue suponiendo un hándicap para la aceptación del presidente del Gobierno en el ámbito internacional como un socio incuestionable y preferente.

La ya exministra de Exteriores, Arancha González Laya, pese a su contrastada experiencia en el ámbito de las relaciones internacionales, no ha conseguido, durante su breve mandato, apaciguar las inquietudes que sigue produciendo en el ámbito internacional la presencia de los ministros de Unidas Podemos en el Ejecutivo de Pedro Sánchez.

Si en el ámbito comunitario la presencia de los ministros de UP se mira con reparo, en la actual administración estadounidense lo que genera es un absoluto rechazo y continua con el claro alejamiento alcanzado durante el mandato de Donald Trump. Para la administración Biden la inclusión de varios ministros pertenecientes al Partido Comunista en el Ejecutivo de Sánchez y las relaciones privilegiadas de estos con países que se financian con el comercio de la droga supone una línea para infranqueable.

Se lo han hecho saber por activa y por pasiva al Gobierno de Sánchez que en su primera visita oficial a Estados Unidos no será recibido por Joe Biden, pese a los intentos diplomáticos españoles. González Laya suspendía el pasado viernes, cuando le fue anticipada la destitución por Pedro Sánchez, el viaje que tenía programado a Washington para tratar de convencer a su homólogo Antony Blinken de la conveniencia de un encuentro, por breve que este fuera, entre Sánchez y Biden.

De momento en ese viaje del presidente del Gobierno español a Nueva York y California, entre el 20 y el 24 de este mes, se mantiene la exclusión de Sánchez en la agenda de Biden recibirle. El presidente norteamericano no le incluye entre sus socios preferentes. Cambiar esta situación debería ser una de las labores prioritarias que tendrá que afrontar el nuevo titular de exteriores, José Manuel Albares. No lo tendrá fácil.

La escasa relevancia de los puestos que ha ocupado Albares en la política exterior española, hasta la llegada de Pedro Sánchez al Gobierno, suponen una gran incógnita de lo que pueda conseguir el nuevo titular de Exteriores en el ámbito internacional. La primera prueba se le presenta de forma inmediata.

Pese al esfuerzo del Gobierno por transmitir normalidad en las relaciones entre Madrid y Washington, el no encuentro con Biden es otra evidencia de que las relaciones entre ambas administraciones se pueden y se deben mejorar. Están en juego muchos intereses económicos y sociales, además del diseño de la nueva política de relaciones entre la OTAN y Rusia y entre Occidente y China. En ellas España no está, aunque se la espere.

El hasta ahora embajador de uno de los países fundadores de la Unión Europea en Madrid en el acto de su despedida se preguntaba del porqué del empeño de Sánchez en mantener a los ministros de Unidas Podemos, que son absolutamente desconocidos en Bruselas salvo para provocar los problemas que generan. Salvo la responsable de Trabajo y Economía Social, Yolanda Díaz, y el titular de Consumo, Alberto Garzón, los demás siguen siendo unos absolutos desconocidos en el ámbito comunitario, lo que es lo mismo que decir en el ámbito internacional.

Habrá que esperar las explicaciones del Presidente. Su comparecencia prevista para explicar en el Congreso de los Diputados los cambios realizados, podría provocar alguna alteración en la agenda del viaje de Pedro Sánchez a Nueva York, Los Ángeles y San Francisco. Fuentes socialistas comentaban en las últimas horas posibles novedades. El anuncio de un eventual encuentro con Biden sería bueno para él y para la economía española. Aunque de momento no parece posible, no hay que descartarlo. Los lobbies siguen trabajando en ello.

Mientras tanto, la oposición se considera fortalecida por la crisis de gobierno pues caen algunos de los ministros más criticados por ellos como son nada menos que el Secretario de Organización del PSOE y ministro de Transportes, Movilidad y Agenda Urbanala, José Luis Ábalos; la Vicepresidenta primera, Carmen Calvo; el titular de Justicia, Juan Carlos Campo; la ministra de Educación, Isabel Celaá; María Jesús Montero como portavoz del gobierno y el ex todopoderoso Jefe de Gabinete, Iván Redondo.

Parece lógico que el PP lo califique de “moción de censura” de Pedro Sánchez a su propio equipo. Y lo que es más grave. La crisis tendría que haber sido mayor, pero las exigencias de Unidas Podemos de mantener a sus ministros para no romper la coalición, dejan a las claras que Sánchez, pese a ser el presidente del Gobierno, solo decide sobre la parte del Gobierno que corresponde al PSOE. La otra parte, la correspondiente a los cinco ministros a propuesta de Unidas Podemos, mantiene un estatus de autonomía que podría contravenir la le Ley del Gobierno de 1997 que desarrolla como es el Presidente, y solo él, quien propone al rey el nombramiento o cese de sus ministros y quien decide cuántos ministerios tiene el Ejecutivo.

Estos datos son otra evidencia más de cómo Sánchez ha vuelto a perder no solo el control de la grave situación económica, social y política de España, sino que ha perdido también el control de los poderes que le entrega la constitución y la Ley 50/97 sobre la regulación y los nombramientos de los ministros del Ejecutivo.

Tocar la parte correspondiente a los ministros en representación de Unidas Podemos hubiera supuesto la retirada de su apoyo. Esta nueva hipoteca de Pedro Sánchez con sus inoperantes socios de Gobierno la tendremos que pagar todos los españoles. Ha llegado la hora de que los españoles digan si quieren pagarla o si prefieren otro ejecutivo que afronte con ilusión y medios una situación tan grave como la actual.

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