No obs­tante, re­nuevan la apuesta por el Ibex por su va­lo­ra­ción más atrac­tiva

Los gestores denuncian el excesivo intervencionismo estatal en empresas cotizadas

El mer­cado es­pañol co­tiza con des­cuento res­pecto al resto de los eu­ro­peos

Ibex 35
Ibex 35

El tiempo pa­rece ha­berse pa­rado en el mer­cado bur­sátil es­pañol. Van ya una de­cena larga de se­siones en las que el Ibex 35 apenas fluc­túa, con mo­vi­mientos dia­rios que casi nunca su­peran el medio punto por­cen­tual. Es lo que un ve­te­rano bol­sista de­fine como una "parada téc­nica" que se está pro­lon­gando de­ma­siado. Hasta ahí las evi­den­cias, porque lo que no está claro es si este largo pe­ríodo de mer­cado la­teral es o no una buena no­ti­cia.

Vayamos por partes. La parte positiva es que la bolsa española vive alrededor de los 9.200 puntos o, lo que es lo mismo, a un paso de los máximos del año. De momento no tiene fuerza para mucho más, pero la ganancia de 2021 cercana al 15% es prácticamente idéntica a la del Euro Stoxx 50 de grandes valores europeos. Por lo tanto, el mercado nacional se encuentra en fase de digestión de las últimas subidas. Hasta ese punto, no hay noticias preocupantes.

De momento, los gestores mantienen la apuesta por el mercado español, que en estos últimos años ha acumulado un importante desfase de rentabilidad con el resto de los grandes mercados mundiales. El desplome muy superior a la media de la economía española tras la llegada del Covid-19 y, en segundo término, pero también muy importante, la debilidad permanente del Gobierno, han provocado un descuento casi crónico en el mercado español.

Ahora, los fondos creen que el Ibex 35 lo puede hacer mejor que el resto. La campaña de vacunación avanza a buen ritmo, el empleo se recupera aunque a duras penas y tras las elecciones de Madrid el ruido político (que por momentos fue insoportable) se ha reducido mucho. Pero, cuando todo parecía volver a su cauce, los gestores advierten de un nuevo factor desestabilizador en forma de decisiones muy intervencionistas que afectan a grandes valores e, incluso, a sectores completos.

El anteproyecto de Ley que el Gobierno quiere sacar adelante para sufragar los costes del CO2 y que puede suponer penalizaciones de hasta 1.000 millones a las eléctricas es sólo la última entrega de una saga. Una saga que se completa con el culebrón provocado por la llegada de Marc Murtra a la presidencia de Indra -fue candidato oficioso de la Sepi, que tiene un 18% de la tecnológica- y antes con las críticas nada veladas del Gobierno a la política de retribuciones de CaixaBank tras la fusión con la nacionalizada Bankia.

"Hay un afán intervencionista evidente, que significa que no se está comprendiendo que los tiempos están cambiando. Los mercados hace mucho tiempo que dejaron de ser un coto cerrado. Los grandes fondos internacionales tienen cada vez más voz y voto y ya no se callan. O, directamente, venden acciones de los grupos afectados. Ha pasado en las eléctricas y en Indra, donde Norges Bank acaba de vender un buen puñado de acciones".

La frase de un gestor de carteras de una gran firma internacional recoge el sentir general del mercado, que cree que este tipo de injerencias sólo sirven para levantar incertidumbre sobre las empresas afectadas. Y creen también que los réditos políticos son muy escasos. En este sentido, recuerdan que en Indra se han tenido que nombrar dos consejeros delegados -Murtra no tendrá poderes ejecutivos-, para evitar la rebelión de los grandes fondos accionistas.

El de Indra es un experimento de resultados inciertos al que sólo el tiempo dará o quitará razones. Respecto a las eléctricas, el mercado espera una ofensiva legal del sector para parar el proyecto de ley, en la que las compañías tienen muchas posibilidades de sacar adelante sus reivindicaciones. De momento, lo que no tiene discusión es que el sector es el peor de 2021 en Bolsa, con una ganancia testimonial a años luz de la que experimenta el Ibex 35.

"Con la aplicación desde enero de 2021 de la Tasa Tobin, que por cierto va a tener un impacto recaudatorio mínimo, el Gobierno ya demostró por dónde iban los tiros", señalan fuentes bursátiles. Ahora, sus últimas decisiones tienen en guardia a los gigantes de la gestión mundial, a los que tan poco gustan las intromisiones y que tienen como máxima que no se toque lo que va bien.

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