La CNN nor­te­ame­ri­cana fa­ci­litó la no­ticia antes que la eléc­trica gala EDF, au­tora del pro­yecto

El incidente en la central nuclear china de Taishan descoloca al sector energético mundial

Las au­to­ri­dades chinas y EDF des­dra­ma­tizan el in­ci­dente sin dar ex­pli­ca­ciones con­vin­centes

Electricité de France, EDF.
Electricité de France, EDF.

Fue con re­traso y a cuen­ta­go­tas, como en el caso del es­cape del co­vi­d-19. El go­bierno de China, junto con su socio tec­no­ló­gico francés EDF, con­troló la in­for­ma­ción re­la­cio­nada con un in­ci­dente nu­clear, re­gis­trado en el pri­mero de los dos reac­tores de ter­cera ge­ne­ra­ción (EPR), ins­ta­lados en la cen­tral de Taishan. Días des­pués del pro­bable ac­ci­dente, todo son in­cer­ti­dum­bres. Se habla de con­cen­tra­ción de “gases ra­ros” en el reac­tor, de “barras de com­bus­tible nu­clear de­te­rio­ra­das” y de sor­pren­dentes “problemas de im­per­mea­bi­li­za­ción”. Un fallo que en un reactor de ter­cera ge­ne­ra­ción ha de­jado per­plejo al sector mun­dial de la ener­gía.

El delicado uso de la terminología utilizada por las autoridades chinas para desdramatizar la situación no fue de lo más afortunado. Según el anuncio del Gobierno chino, los niveles de radioactividad registrados en torno a la central tras la emisión de los dichosos “gases raros”, como el kriptón (uno de los productos de la fisión nuclear del uranio), “no eran anormales”.

La primera noticia del incidente fue dada el pasado lunes por la cadena norteamericana CNN, pero con sustento en informaciones provenientes de la delegación local de Framatome, la filial de la eléctrica publica francesa EDF que desarrolló la tecnología nuclear civil de tercera generación, los llamados reactores EPR, cuyos dos primeros dos ejemplares ya operacionales desde 2019, son los instalados en Taishan.

Según la CNN, fue el 8 de junio cuando Framatome habría tomado la iniciativa de alertar a la nueva administración Biden, sobre los riesgos potenciales de un grave accidente nuclear en China, para la plantilla de la central como para la población de la región.

Pero, a finales de mayo, la filial nuclear estadounidense de EDF ya se había puesto en contacto con el departamento de Energía de los EEUU con el mismo propósito, pero sin que ningún responsable de la institución asumiera la gravedad de la situación. Lo único que hizo la nueva administración de Jose Biden, fue preparar un par de reuniones con diplomáticos franceses y probablemente también con responsables de EDF.

De hecho, fue cuando Framatome solicitó la luz verde para enviar de urgencia un equipo de especialistas a Taishan, ante el riesgo potencial de fugas radioactivas, que las autoridades de Washington tomaron las primeras medidas al respecto.

Gestor chino de la central

El principal accionista y gestor de la central de Taishan es el gigante nuclear chino CGN, con mala imagen en Estados Unidos. Su nombre figura en la lista negra que Estados Unidos elabora de empresas chinas con las cuales las norteamericanas tienen prohibido mantener cualquier tipo de relaciones comerciales. Sin embargo, CGN y EDF llevan cuatro décadas trabajando mano a mano. La eléctrica francesa tiene el 30% de la central de Taishan, que desde 2019 es la única, en el todo el mundo, con reactores EPR operacionales, y cuya gestión es de la responsabilidad exclusiva de CGN, su mayor accionista, con un 70% del capital.

En todo o caso, si no fuera por la CNN es posible que el problema de seguridad denunciado en Taishan aun estuviera bajo secreto. EDF fue la primera a reaccionar. Después de las informaciones de la cadena norteamericana apenas tardó un par de horas en salir también a la luz pública, pero sin dar grandes explicaciones.

Es cierto que o hizo si realizar ninguna referencia a las preocupaciones manifestadas desde finales de mayo por la filial norteamericana Framatome, y solo se preocupó con desdramatizar la situación. Igual hicieron las autoridades chinas, que tardaron 24 horas más para dar su versión: lo de Taishan fue un “incidente normal” provocado por “factores incontrolables”.

Versión oficial

Según la versión oficial, nada justificaría el tono alarmista utilizado desde finales de mayo por el mismísimo constructor del reactor EPR. Si Framatome vió serios riesgos de un grave accidente nuclear, los responsables de EDF y las autoridades chinas solo se hicieron eco del incremento de los niveles de radioactividad registrados dentro y fuera de la central (por el impacto de la emisión de “gases raros” a la atmósfera) no sobrepasó los márgenes legales del medio ambiente, que seguiría, así, perfectamente sano y respirable. O sea, solo habrá sido un incidente normal, y cuya solución no exigirá paralizar el reactor culpable.

Llama la atención, en todo o caso, el silencio de las autoridades francesas. La explicación de la prensa gala es que Emmanuel Macron tiene muy en cuenta la extrema irritabilidad de Pekín, frente a cualquier tipo de injerencias exteriores. Además, lo último que desea el presidente francés es tener que hacer frente, ante la opinión pública, a cualquier incidente de seguridad nuclear con anterioridad a las elecciones presidenciales, a la vuelta de la esquina. Lo que Macron tiene previsto, si sale vencedor, es seguir apostando a favor de la energía nuclear, que genera casi un 70% de la electricidad gala, y cuyo futuro pasará por la construcción de nuevas centrales equipadas con reactores EPR.

Retrasos en Francia

Una tecnología, en todo o caso, que pese a llevar casi dos décadas sobre el terreno funciona para EDF como una fuente de preocupaciones. El mejor ejemplo es el proyecto Flamanville (Normandía), que fue lanzado en 2007, con un presupuesto de 3.500 millones de euros y cuya entrada en servicio estaba prevista inicialmente para 2012: Las previsiones más optimistas apuntan ahora a final de 2023 (conexión a la red eléctrica), tras una inversión muy superior a la presupuestada. EDF no facilita datos concretos, pero según los expertos la factura final para la eléctrica y para el Estado accionista, podrá superar los 19.100 millones de euros.

De hecho, hasta ahora el proyecto de Taishan, con sus dos primeros EPR operacionales en el mundo, había funcionado para EDF como una “rara avis”. Fue el único cuya ejecución y cuyo coste final correspondieran prácticamente al previsto inicialmente. Todos los demás siguen estancados, casi en la misma línea que Flamanville. El EPR de Olkiluoto (Finlandia), no estará operativo antes de 2022 (con 13 años de retraso) y su coste se habrá multiplicada por tres, hasta 9.000 millones de euros; y el de Hinkley Point (Reino Unido), solo estará en 2025, con un coste de 28.000 millones, un año y 1000 millones más de lo previsto.

Apuesta firme de EDF

EDF seguirá, sin embargo, apostando en el despliegue de los EPR. El proyecto más cercano y ambicioso está en Francia: la construcción de seis nuevos reactores de 1.900 MW cada uno (el doble de los reactores nucleares convencionales), a desarrollar durante 15 años, con unos costes estimados de 47.000 millones de euros. Emmanuel Macron ya tendría decidido avanzar con el proyecto, aunque reserva el anuncio de su decisión después de las próximas presidenciales, que confía ganar. Lo mismo que la candidata de la extrema derecha Marine Le Pen, que, en la cuestión del nuclear, está situada en la misma línea que Enmanuele Macron.

La eléctrica estatal francesa tiene igualmente la mirada puesta en otro proyecto aún más faraónico y muy polémico: los 6 EPR previstos en Jaitapu (India). Con una capacidad de 9.900 MW (la electricidad generada cubriría, así, las necesidades de 70 millones de hogares (unos 140 millones de consumidores), el proyecto, que lleva ya una década sobre el papel, exigirá una inversión de al menos 38.000 millones de euros. El aspecto más polémico está relacionado con la zona prevista para la construcción de la central nuclear: una zona que según los expertos no es la mejor elección por albergar el proyecto, porque presenta riesgos sísmicos.

Lo cierto es que EDF tiene las manos atadas: con una deuda de 42.000 millones (representa más de un 60% de su volumen de negocios anual de 69.000 millones), prácticamente todas sus perspectivas de futuro pasan por el nuclear, que sigue aportando casi un 70% de la electricidad generada en un país que hace figura de “linterna roja” en Europa, en relación con el desarrollo de las centrales fotovoltaicas y de las instalaciones eólicas terrestre y “off shore”.

De hecho, además de los nuevos EPR previstos, de lo que más se habla es de la situación los 56 reactores actuales de EDF: el achatarramiento de los cables, soldaduras, etc. de los más antiguos está al orden del día, del mismo modo que extender sus plazos de vida, de los 40 hasta los 50 años.

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