La com­pañías con ex­ceso de caja y un ca­pital frag­men­tado son los grandes ob­je­tivos

El ataque activista sobre Aviva pone a las empresas cotizadas europeas en guardia

Varias com­pañías es­pañolas están siendo mo­ni­to­ri­zadas por estos fondos

'Mi dinero y yo', Aviva y Finanzas para todos
Aviva y Finanzas para todos.

Ni Aviva es una em­presa co­ti­zada cual­quiera ni el bri­tá­nico es un mer­cado de ac­ciones más. Se trata de la bolsa más lí­quida de Europa, y por lo tanto plaza fuerte de los grandes ges­tores mun­dia­les. La compra de hasta un 5% de la ase­gu­ra­dora por parte del to­do­po­de­roso fondo ac­ti­vista Cevian ha puesto en guardia al con­junto de las com­pañías eu­ro­peas.

Sobre todo a aquellas con exceso de caja que desde hace tiempo son monitorizadas por estos fondos.

Aviva pasa por una situación algo más que compleja y está en medio de una gran reestructuración. Un proceso en el que, entre otras cosas, está procediendo a la venta de negocios no 'core' para centrarse en el negocio asegurador en el Reino Unido, Irlanda y Canadá. Y eso supone dinero fresco, o lo que es lo mismo a ojos de Cevian, la posibilidad de devolver 5.000 millones de libras a los accionistas. Un bocado muy apetecible.

Los inversores activistas han puesto el rádar en Europa. Hay muchas empresas que están haciendo bien los deberes tras afrontar el reto del Covid-19 y tienen la caja a rebosar, sin tener demasiado claro el destino de tanta liquidez. Hay alrededor de 1,5 billones de euros en caja en las empresas europeas. Es ahí donde los inversores activistas tienen una oportunidad, ya que en muchos casos las valoraciones de estas empresas son aún muy atractivas.

La realidad es que las compañías más solventes del continente no han dejado de hacer acopio de liquidez, ya sea por la vía de las ampliaciones de capital en bolsa o mediante cuantiosas emisiones de bonos a tipos muy competitivos. La estrategia preventiva de llenar bien las alforjas en un escenario todavía de mucha incertidumbre supone por otra parte asumir un riesgo, sobre todo en aquellas cuyo capital está bastante fragmentado.

"Pagar dividendo es la solución más evidente para las empresas con exceso de caja, pero no es definitiva. La retribución al accionista tiene un límite, sobre todo en los tiempos que corren. Y más en las empresas españolas, que tradicionalmente son las más generosas de Europa. Casi el 25% de las compañías del Ibex ofrecen una rentabilidad por dividendo superior al 5%. El margen de la mayoría para realizar mejoras es bastante limitado", señalan fuentes bursátiles.

Dentro de casa, el riesgo de ataque activista (en España estos fondos han tenido históricamente muy poca presencia) crece. Según un informe de la consultora Alvarez & Marsal, hasta cuatro empresas españolas podrían estar en el objetivo de estos inversores. Los sectores de consumo, el tecnológico y el sanitario, que se enfrentan a una profunda transformación por el fuerte impacto de la pandemia, son los más monitorizados.

"Se juntan los activistas que buscan el botín del exceso de liquidez con los fondos que cada vez son más estrictos con las empresas en materia de criterios socialmente responsables o ESG, y la mezcla es explosiva. La están sufriendo ya las compañías petroleras, porque los activistas creen que las empresas que salen peor retratadas en el test ESG son también más vulnerables. La realidad es que están obligadas a reaccionar", señalan en una gran gestora internacional.

Mientras, las compañías más vulnerables sin accionistas de control o núcleos duros estables extreman las precauciones. Por un lado está realizando un seguimiento continuo de los movimientos en su accionariado. Por otro, estudian fórmulas para reducir su poder de atracción sobre los fondos más temidos del momento.

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