El país galo sigue en la cola de la UE por el desa­rrollo de las ener­gías re­no­va­bles

Macron, a contracorriente: las renovables nunca sustituirán a las nucleares en Francia

Las eó­licas y los par­ques so­lares ge­neran más re­chazo que la energía nu­clear entre los fran­ceses

Electricité de France, EDF.
Electricité de France, EDF.

Francia se en­cuentra en un mar de dudas eléc­tricas y sobre todo nu­clea­res. Con una deuda de 42.000 mi­llones de euros y un am­plio plan de re­or­ga­ni­za­ción ac­cio­na­rial e in­dus­trial pen­diente, la eléc­trica es­tatal EDF aplaza su re­con­ver­sión en es­pera de las dis­cu­siones ta­ri­fa­rias en Bruselas y de sus im­po­si­ciones medio am­bien­ta­les. El go­bierno de Emmanuelle Macron, sin em­bargo, apuesta contra viento y marea por sus cen­trales nu­clea­res, que re­pre­sentan casi un 70% de la ge­ne­ra­ción eléc­trica de Francia, frente a las plantas eó­licas y fo­to­vol­tai­cas, cuyo desa­rrollo está muy lejos de al­canzar los ob­je­tivos co­mu­ni­ta­rios.

La reorganización de EDF pasará por una segregación de sus actividades. Todo lo relacionado con lo nuclear y las centrales hidráulicas, que han aportado en 2020 respectivamente 67,1% y 12,1% de la producción eléctrica, serán gestionadas por una EDF 100% estatal. Lo mismo pasará con el poco que queda de energía de origen fósil: el 6,9% generado por centrales de ciclo combinado (gas natural) y el 0,3% de la última central térmica activa. Todo lo demás (los parques eólicos y los fotovoltaicos, con unas aportaciones respectivas del 7,9% y del 2,3%), pasará a una segunda EDF, también controlada por el Estado, pero con 30% de capital privado.

Parte de los problemas planteados por la crítica situación financiera de EDF, que con su deuda de 42.000 millones no está mínimamente en condiciones de financiar sus ambiciosos planes de inversión, reside en Bruselas. Se trata del mecanismo tarifario (ARNH) aplicado desde 2012, que permite a los proveedores alternativos y a las grandes y medianas empresas adquirir anualmente a la eléctrica nacional unos 63 TWh de energía nuclear, con una tarifas reguladas para contratos a largo plazo (15 años), y además con unas tasas e impuestos de solo 3 euros por cada MWh.

Revisión del sistema retributivo

París lleva tiempo reclamando la revisión del sistema retributivo, con el argumento de que su continuidad pondría en riesgo la viabilidad financiera y los planes de desarrollo de EDF. Y lo que es más grave: la eléctrica francesa necesita incrementar sus recursos para garantizar, no solo la estabilidad del servicio y del sistema eléctrico, sino igualmente la seguridad de sus 56 reactores nucleares. Emmanuel Macron quiere tener el problema arreglado para antes de las presidenciales del 2022. Bruselas sigue ofreciendo alguna resistencia, porque lo que pide el gobierno francés no encaja al 100% con las reglas de la competencia de la UE.

Pero, más allá de los agobios financieros de EDF, ahora más acentuados por culpa de la crisis sanitaria (el último año, el volumen de negocio y el resultado neto cayeron un 3,2% y un 87%, respectivamente, hasta 69.000 millones y 700 millones de euros), la gran cuestión hoy día es el futuro del parque nuclear galo, todo ello en manos de la eléctrica estatal: 19 centrales construidas y explotadas desde las décadas de 1970 y 1980, con unos plazos de vida útil de 40 años pero que con alguna polémica de por medio han sido extendidas 10 años más.

Mantenerla a toda costa

Al contrario de España y de otros países europeos (Alemania, Suiza, Bélgica, Austria, Grecia, Italia…), Francia no se plantea abandonar la energía nuclear, con una capacidad instalada de 63,1 GW. Así, pese al reciente cierre de la central alsaciana de Fassenheim (no cumplía con las reglas de seguridad exigidas tras la catástrofe nuclear japonesa de Fukushima) y cuatro otros previstos en una década (a partir de 2025), por cuestiones de caducidad, para el 2035, la eléctrica gala mantendrá 44 reactores nucleares activos, en 14 centrales (algunas de las cuales con vetustas cañerías y soldaduras), que seguirán aportando el 50% de la electricidad consumida en el país.

Además, es posible que para cuando llegue el momento de los cierres previstos, la Autoridad de Seguridad Nuclear (ASN) ceda a las presiones del gobierno de turno para prolongar la vida de los reactores más allá de los 50 años permitidos hasta ahora. Buena prueba de que Francia seguirá apostando fuerte por lo nuclear, es el proyecto de construcción de seis EPR -reactores de tercera generación que utilizan agua presurizada-, con una potencia de hasta 1.900 MW, el doble de los reactores actuales. Emmanuel Macron no tenía una idea clara al respecto cuando llegó a la presidencia, pero según los analistas, ahora solo espera el momento oportuno para dar su “luz verde”.

Lo más probable es que anuncie su decisión antes de las presidenciales de 2022. No tanto por el riesgo de ver peligrar el proyecto (la líder de la extrema derecha Marine Le Pen, que tiene serias posibilidades de llegar a la presidencia, también no ve alternativas a la energía nuclear), sino por una cuestión de prestigio. Macron garantizaría, así, ver su nombre asociado a una decisión histórica (la construcción de los EPR por parte de EDF, llevará unos 15 años, con un coste estimado de más de 47.000 millones de euros), como si quisiera imitar al General de Gaulle, que asumió la paternidad del proyecto nuclear galo, iniciado en la década de 1960.

Reactor experimental

De hecho, Francia ya desarrolla un reactor EPR en Normandía, concretamente en la central nuclear de Flamanville. Pero desde el primer momento todo fue de mal a peor, hasta el punto de que el proyecto suena hoy como una pesadilla tanto para EDF como para las finanzas públicas. Iniciada en 2007, con un presupuesto “faraónico” de 3.500 millones de euros y un plazo de construcción de 5 años, según las últimas estimativas, la construcción del primer EPR francés solo estará listo en 2024, o sea con 12 años de retraso, y para entonces, la inversión realizada se habrá situado entre los 12.500 y los 19.100 millones de euros.

Lo mismo paso, o casi, con otro proyecto EPR francés, pero desarrollado en la central nuclear finlandesa de Olkiluoto, cuya construcción iniciada en 2001, resultó ser también un compendio de problemas técnicos, incumplimiento de los plazos de ejecución, incremento brutal de costes, etc. EDF solo asumió la responsabilidad del proyecto en 2015, tras la quiebra de su subsidiaria Areva, que fue víctima de sus ambiciones nucleares. Lo cierto es que para 2022, cuando esté operacional (con 13 años de retraso), la inversión realizada se habrá multiplicado por tres, alcanzando –y quizás superando– los 9.000 millones de euros.

Sin embargo, al margen de los problemas relacionados con la calidad de soldaduras y de alguna infraestructura, nadie cuestiona el “know how” de EDF, aplicado con éxito en otros proyectos de EPR desarrollados en el mundo. Concretamente, en los únicos cuatro EPR ya operacionales: dos en China (Taishan) y otros dos en Reino Unido (Hinkley Point). La eléctrica gala también participa en la subasta para la construcción de otros 6 EPR en India (Jaitapu): un proyecto faraónico, que, con una capacidad instalada de 9.900 MW, cubrirá las necesidades energéticas de 70 millones de hogares (140 millones de consumidores). Su desarrollo llevará unos 15 años y supondrá una inversión de al menos 38.000 millones de euros.

Sin accidentes

En todo o caso, con tanta energía nuclear instalada y prevista en el país, y sin haber sufrido ningún gran desastre nacional (no cabe comparar los “riesgos” denunciados en las centrales Fassenheim y Tricastin con las catástrofes de Chernóbil y Fukushima), son minoría los galos que critican el retraso acumulado en el despliegue de energías renovables. Hasta podría decirse, que, para muchos franceses, la posibilidad de ver el paisaje “adulterado” por gigantescos parques eólicos y fotovoltaicos, provoca mayor rechazo que convivir con el nuclear -una fuente libre de CO2 y por lo tanto fundamental contra el cambio climático.

Lo cierto es que la parte de las energías renovables no pasa del 25%, y que más de la mitad corresponde a la hidráulica, que terminó 2020 con un “mix” renovable del 50,4%, frente al 32,9% de los parques eólicos terrestres, que pese a haber superado por primera vez el gas natural, siguen representando solo el 7,9% de la generación eléctrica total del país. Con la eólica off shore, Francia sigue a la cola en Europa: solo tiene un parque conectado a la red, frente a 2.300 en RU, 1.500 en Alemania… Con la energía fotovoltaica pasa lo mismo, solo aporta 2,3% de la generación eléctrica.

Por lo tanto ¿qué sería de los franceses sin su energía nuclear?

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