ANÁLISIS

La invasión de Ceuta y la alianza de Marruecos con Israel premiada por Trump

El saldo co­mer­cial para España es más fa­vo­rable en Marruecos pese a las im­por­ta­ciones ener­gé­ticas

Mohamed VI
Mohamed VI, rey de Marruecos.

Marruecos es el prin­cipal cliente afri­cano al que España ex­portó mer­can­cías en 2020 por un valor de 7.380 mi­llones de euros (el doble que a México) e im­portó pro­ductos ma­rro­quíes por un valor de 6.663 mi­llones de eu­ros. España ofrece tra­bajo a miles de hom­bres y mu­jeres ma­rro­quíes a la vez que fa­ci­lita el trán­sito de sus mer­can­cías, frutas y hor­ta­li­zas, hacia UE.

España organiza el paso del Estrecho a esos miles de marroquíes residentes en Europa en viaje hacia su patria.

El comercio con Argelia, pese a la vital importancia del gas argelino en la balanza energética, está lejos de estas cifras. En 2019 (las cifras de 2020 son peores por la pandemia), España exportó mercancías a Argelia por 3.995,40 millones de dólares, unos 3.500 millones de euros, siendo el tercer mejor cliente de España del norte de África.

Las importaciones no llegan a esas cifras. Un total de 2.929,56 millones de dólares, según los datos del ICEX para 2019, menos de 2.500 millones de euros. La diferencia con Marruecos es obvia, incluso sin cerrar completamente el año de la pandemia.

En este contexto, el Reino de Marruecos reivindica su soberanía sobre el Sáhara Occidental con una invasión popular de la ciudad española de Ceuta, que, a su vez, es frontera exterior de la Unión Europea. Miles de ciudadanos marroquíes se han tirado al agua para alcanzar la playa deseada. No hay niños muertos sobre la arena, pero sí soldados españoles que les rescatan de las aguas y de morir ahogados.

Conducta compasiva y humanitaria acorde con la buena sintonía entre ciudadanos marroquíes y españoles saludada en la prensa europea en primeras páginas.

La hospitalización en Logroño del Secretario General del Polisario, en riesgo de perder su vida, no es ningún acto premeditado contra la soberanía marroquí. La invasión de Ceuta sí lo es contra la soberanía española y europea.

Este desagradable incidente coincide con una nueva escalada de las hostilidades entre Israel y las milicias de Hamás a costa de los habitantes de Gaza tambiénd d sur de Israel. Gideon Rachman comenta en el Financial Times: “hasta hace unos días Benjamín Netanyahu estaba a punto de desmentir el viejo adagio de que muchas carreras políticas acaban con un fracaso”. Los bombardeos y las muertes en Gaza pueden ser el fracaso de Netanyahu.

Gracias a los estímulos de Trump y su yerno, el gobierno de Netanyahu había encontrado una estrategia prometedora para enmudecer a los palestinos: su alianza con los países árabes. El reconocimiento del estado de Israel era una fórmula muy eficaz para acallar las reclamaciones internas.

Una estrategia calificada como de “outside-in”, en lugar de la tradicional “inside-out”, para apaciguar el conflicto político de Israel con sus vecinos. Marruecos formaba parte de esa estrategia y a cambio recogió el premio del reconocimiento de su política en Sáhara por parte del presidente de los Estados Unidos.

La política de alianzas de Netanyahu tiene ahora los días contados. La causa palestina renace. La posibilidad de que Marruecos no se enfrente a un nuevo rechazo en las Naciones Unidas por su política en el Sáhara y su alianza con Israel no es descartable. El alto el fuego entre Israel y Hamas es una buena noticia, la normalización de la"invasión" ceutí también lo es.

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