El precio medio de los pisos se ha en­ca­re­cido 36.000 dó­lares en menos de un año

Estados Unidos vive una nueva burbuja inmobiliaria casi quince años después

La es­pe­cu­la­ción se adueña de un mer­cado en el que la fuerte subida de pre­cios de la ma­dera re­va­lo­riza las casas

Vivienda
Vivienda en EEUU.

El mer­cado de la vi­vienda en Estados Unidos se ha con­ver­tido en te­rreno abo­nado a la es­pe­cu­la­ción. Mientras se abre ca­mino la prác­tica de com­prar para vender más caro des­pués, los agentes in­mo­bi­lia­rios han en­trado de lleno en la di­ná­mica de re­tardar la venta de pro­pie­dades hasta po­derlas co­locar a pre­cios más ele­va­dos. En tanto, el precio de la ma­dera dis­para los costes de las ca­sas, pero los clientes si­guen com­prando pro­pie­da­des. ¿Estamos ante una nueva edi­ción de la bur­buja de 2007-2008?

El frenesí de la vivienda es de tal naturaleza que los compradores han ninguneado las advertencias de la Asociación Nacional de Constructores de Viviendas, que ha alertado sobre el vertiginoso aumento de los precios de la madera en los últimos 12 meses, que se ha situado en una media de 35.872 dólares en el caso de las viviendas unifamiliares.

El atractivo de las rápidas ganancias ha convertido el mercado en terreno sólo apto para agentes muy profesionales. Una de las modas inmobiliarias de los últimos tiempos es vender casas a personas con poco dinero inicial. “Estos acuerdos a menudo se estructuran más como un contrato de arrendamiento con una opción de compra, un contrato que incluye una gran cantidad de letra pequeña inclinada completamente a favor del vendedor. Esto significa que le venden una casa que está demasiado cara, le sacan todo lo que pueden al comprador y esperan recuperarla para poder comenzar el plan de nuevo”, advierte Bruce Wilds, un contratista del Medio Oeste, con activos en forma de apartamentos y complejos de oficinas.

Una vez superados los peores momentos de la pandemia del coronavirus, el incremento del ahorro de los hogares regresa a la economía y la demanda de viviendas ha registrado un crecimiento espectacular. Un avance que ha coincidido con un momento de financiación barata. No tanto en mínimos históricos de los tipos de interés, pero sí muy asequibles para los ciudadanos. Esta ha sido la principal causa para que no se produjera el pinchazo de la burbuja inmobiliaria que se había vaticinado para el pasado año.

Presión elevada

La presión sobre el mercado es muy elevada. “Los agentes inmobiliarios están recibiendo múltiples ofertas en casi todas las propiedades y los constructores no pueden mantenerse al día con la demanda del mercado”, alertaba recientemente ValueWalk, un sitio independiente de internet que aporta datos sobre hedge funds, grandes gestores de activos e inversores.

La luz al final del túnel ha provocado un alza casi vertical en los precios de la madera, después de que durante los peores tiempos del covid, muchas industrias de elaboración de tablones se vieron obligadas a cerrar, al tiempo que las rutas logísticas se resintieron, por la falta de actividad. Se estima que el pasado año, los precios de la madera registraron un crecimiento del 250%.

“La combinación de los encierros y más tiempo en casa hizo que las personas se dieran cuenta de que querían vivir en una casa que satisficiera sus necesidades cambiantes”, señala Ali Wolf, de la sociedad de investigación de mercado inmobiliario Zonda.

Tablones disparados

Los comportamientos en el mercado estadounidense recuerdan a los tiempos de la burbuja inmobiliaria en España, antes de la crisis del 2008. “Muchas casas en Estados Unidos están vacías o subutilizadas y estamos escuchando sobre la falta de nuevos listados. Atribuyo esto a los vendedores, que mantienen unidades fuera del mercado porque piensan que los precios subirán, deben más por la casa de lo que pueden obtener o temen que el proceso de venta sea complicado”, asegura Bruce Wilds.

El prestigioso portal Statista ha indicado que en 2019 se vendieron un total de 683.000 viviendas en Estados Unidos. La cifra más grande desde 2008, pero que no implica un mejor estado de salud de los vendedores. Y es que esta actividad se ha convertido en el trabajo de moda al otro lado del Atlántico. Esto implica que hay que repartir los rendimientos entre más agentes.

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