El metal ama­rillo hace valer su con­di­ción de valor re­fugio en unos mer­cados ca­lientes

El oro repunta de nuevo para cubrir a una bolsa y activos alternativos disparados

El re­punte de la in­fla­ción reivin­dica a un pro­ducto que lleva un tiempo en la sombra

Oro y lingotes.
Oro y lingotes.

Una subida de un 10% en cues­tión de un par de meses puede re­sultar una cues­tión ba­ladí en unos mer­cados mun­diales abo­nados a las grandes fluc­tua­ciones en este 2021 de emo­ciones muy fuertes en casi todos los fren­tes. Las me­jores bolsas del año están có­mo­da­mente ins­ta­ladas en el doble dí­gito y qué decir de las crip­to­mo­ne­das, con el emer­gente Ethereum su­biendo un 40% en cues­tión de una se­mana. Pero eso es ha­rina de otro cos­tal.

Lo de oro es otra cosa. No hay en el planeta un activo más líquido ni menos volátil. Por eso una subida del metal amarillo del 10% es tan significativa. En un momento en el que las valoraciones del resto de activos financieros empieza a imponer mucho respeto, los inversores llenan sus carteras de oro. Un movimiento defensivo para dotar de mayor equilibrio a las carteras después de un primer tercio de año muy bueno casi sin excepciones.

Al rally del oro le está siguiendo el de otro metal precioso como la plata, cuyo precio ha vuelto hasta el nivel más alto desde 2013. La escalada es imparable desde finales de marzo, y demuestra como los gestores están afinando su instinto de protección buscando activos seguros capaces de protegerlos de los dos grandes efectos potenciales del proceso de recuperación económica: tipos de interés más altos y un repunte de la inflación.

"Estamos comprando ETF's de oro desde hace ya varias semanas y vendiendo parte de la cartera de renta variable. Se trata de realizar parte de los beneficios que hemos acumulado al mismo tiempo que blindamos nuestra cartera. En febrero estaba en los niveles más bajos desde abril de 2020 y había una oportunidad muy clara que hemos aprovechado, pero aún sigue muy lejos de los máximos del año pasado", señalan en una gran gestora nacional.

Las expectativas de los inversores están en los máximos del verano del año pasado, cuando la llegada del Covid-19 llevó el precio del oro hasta los 2.000 dólares. Si entonces el metal se benefició del ataque de pánico generalizado en los mercados, hoy lo hace de un movimiento preventivo que coge fuerza por razones muy distintas. Una demostración de que el oro hace valer su condición de refugio en circunstancias que pueden ser muy, muy distintas.

El rally inesperado

Lo más llamativo es como su presunto gran competidor, el bitcoin, camina por otros senderos en estas últimas sesiones. Está corrigiendo excesos muy recientes, tras superar todos sus registros históricos en marzo por encima de los 60.000 dólares. Ahora la percepción es la de que la criptodivisa ha corrido demasiado y que los inversores en estos activos buscan alternativas. La más líquida es el ethereum que, por el contrario, sí está batiendo todos los récords y se confirma como la opción más parecida al menos a corto plazo.

Son muchos expertos los que sostienen que las criptomonedas son una alternativa al oro para combatir la inflación, con la enorme diferencia de que las primeras se negocian en mercados no regulados y registran una volatilidad extraordinaria. Se trata por lo tanto de dos activos completamente distintos en la forma, que los inversores están utilizando al mismo tiempo aunque en una proporción tan distinta como lo es su propia naturaleza.

"Para mí, la diferencia es que al oro se le puede dar un peso en la cartera del 10%, mientras que en el caso de las criptomonedas ya es una osadía llegar al 1%. El riesgo que se asume es radicalmente distinto", señala un gestor nacional que cree que al oro (en máximo de tres meses y cómodamente instalado por encima de los 1.800 dólares) le queda una final de primer semestre muy bueno.

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