Tres mi­llones de es­pañoles rea­lizan su ac­ti­vidad desde el hogar tras la pan­demia

La siesta, el pecado capital que más echarán de menos los teletrabajadores forzosos

Una de cada tres per­sonas lo hace o rea­liza ta­reas do­més­ti­cas, sin mermar su pro­duc­ti­vidad

Teletrabajo.
Teletrabajo.

Los avances en la lucha contra la pan­demia van a cam­biar la vida de mu­chos per­sonas a las que la pan­demia les ha cam­biado la vida. El te­le­tra­bajo ha apor­tado be­ne­fi­cios tanto a em­pre­sa­rios como a em­plea­dos, sobre todo dentro del sector ser­vi­cios. Los pro­gresos en la va­cu­na­ción, aunque len­tos, van a poner fecha de ca­du­cidad a estas “presuntas” ven­ta­jas. Una de ellas es la po­si­bi­lidad de dis­frutar de una me­re­cida siesta des­pués del al­muerzo, algo que antes era im­po­sible en una ofi­cina.

La multinacional de recursos humanos Adecco estima en 2,86 millones el número de españoles que desarrollaba sus actividades desde casa a finales del pasado año.

Fuentes consultadas aseguran que el trabajo desde casa reporta, en la mayoría de las ocasiones, una mayor eficiencia por parte del empleado. A la vez que constituye un ahorro de costes, tanto para el empresario como para el trabajador. Por no hablar de la eficiencia que supone en tiempos de desplazamientos. Todo ello redunda en un menor estrés y en un descenso en el absentismo por enfermedad u otras razones, lo que se traduce en una mayor productividad. Comenzar la jornada laboral sin atascos, prisas o etiquetas tiene muchas ventajas.

La mayor eficiencia no se encuentra exenta de lo que ya se ha comenzado a denominar los “siete pecados capitales del teletrabajo”. Uno de cada tres empleados reconoce que duerme una siesta de forma habitual, gracias a la pandemia, según una encuesta realizada por la empresa de asesoría profesional y búsqueda de empleo Zippia. La información aportada por 2.000 encuestados revela incluso que el 37% de ellos no tiene reparos en hacerlo en su propia cama y que un tercio no pone incluso la alarma en el móvil para despertarse.

La lista de “pecados capitales” de estos trabajadores productivos es más extensa. El estudio revela una serie de comportamientos que escandalizarían a cualquier empresario. El 60% de los trabajadores destina parte de su tiempo a la gestión de redes sociales y a llamadas telefónicas. El 55% se dedica a brujulear por internet.

Los empleadores pueden hacerse cruces, aunque saben de sobra que este tipo de actividades ya se realizaban en la oficina en los tiempos muertos, aunque en menor medida. El hogar proporciona más libertad a la hora de fumar y hacer pausas para picotear algo, lo que realiza el 40% de los encuestados.

Tareas domésticas

Una de las características del teletrabajo es el control total de los tiempos muertos por parte del empleado. Desde la oficina no se podían realizar las tareas de la casa, algo que aprovecha para hacer ahora el 30% de los encuestados. Menos probable (aunque no imposible) era que emplearan tiempo en videojuegos, lo que ahora confiesan casi 400 encuestados sobre los 2.000 de la muestra.

No parece que exista una satisfacción general por parte de los empleados por las grandes “ventajas” del teletrabajo. Un reportaje de la revista Forbes desvela que existe un importante grupo de personas que echa en falta rutinas de oficina como “compartir anécdotas, momentos e interacción con los compañeros de trabajo. Las personas extrañan desde el poder ir a almorzar con su equipo hasta cosas tan sencillas como dialogar en los pasillos”. Empleados que no quieren renunciar a sus relaciones sociales laborales ni siquiera por una buena siesta o una apasionante partida de marcianitos…

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