En Francia se habla de un in­terés pos­te­rior del ac­cio­nista fran­cés, sobre todo en la edi­to­rial Santillana

No solo para ayudar a Amber Capital entró Vivendi en Prisa

El po­lé­mico Vicente Bolloré sin­to­niza muy bien con Telefónica, con la que busca si­ner­gias

La familia Bolloré, Vivendi.
La familia Bolloré, Vivendi.

La re­ciente pre­sencia de Vivendi en Prisa (9,9%), que ha ace­le­rado el cambio es­tra­té­gico que Ambar Capital am­bi­cio­naba en el grupo me­diá­tico editor de El País, no solo ha sido una ope­ra­ción "entre ami­gos" que ha afian­zado la po­si­ción de con­trol que el “hedge fund” de Joseph Oughourlian había lo­grado con­quistar con su casi 30% de ca­pi­tal. También ha sido, según círculos bien in­for­mados de París, una ope­ra­ción es­tra­té­gica a largo plazo, en la que existen in­ten­ciones em­pre­sa­riales ocul­tas, que no ile­gí­ti­mas, de Vicente Bolloré en España, cuyo grupo fa­mi­liar, a punto de con­me­morar su se­gundo cen­te­na­rio, es uno los más im­por­tantes de Francia.

Con un volumen de negocio de 24.100 millones de euros en 2020, de los cuales 16.100 corresponden a Vivendi, incluido su 30% en Mediaset, su 23% en Telecom Italia y en Universal Music y con presencia en los grandes medios de comunicación como Canal Plus, la agencia publicitaria Havas y la operación en marcha en la editorial Editis, el grupo Bolloré encaja su presencia española en una estrategia política y empresarial muy concreta. Y casi desconocida en España.

Pese a su enorme dimensión internacional, ya que se extiende por un centenar de países, el grupo de Vicente Bolloré nunca manifestó o no pudo demostrar un gran interés estratégico por España, donde su presencia quedó prácticamente limitada a la actividad publicitaria de Havas y a la producción de contenidos audiovisuales a través de Bambú.

Además, cuando quiso abrirse camino en la Península Ibérica, siempre encontró obstáculos de gran calado y con adversarios empresariales muy potentes. Fue lo que ocurrió por ejemplo en 2009 y 2014, cuando decidió pujar por Canal Plus España. En ambas ocasiones quedó literalmente desplazado por Telefónica, que pagó casi 1.500 millones de euros para hacerse con el control total de la cadena de pago.

No obstante, Bolloré nunca descuidó las relaciones con la operadora española. En 2014, con César Alierta como presidente, la operadora española pagó 4.600 millones de euros por la brasileña GVT, que estaba en manos de Vivendi, y cuya operación de banda ancha y de televisión de pago se fusionó posteriormente con la filial brasileña de la operadora española, Vivo.

Tras dos años difíciles, en los que había tenido que desprenderse de varias operaciones de telecomunicaciones, Bolloré también tuvo una oferta de Telecom Italia: 1.700 millones de euros en metálico, más un 16% de la operadora italiana y un 15% de la empresa resultante de la fusión GVT-Tim. La explicación de Vivendi fue que, además del factor precio, la oferta de Telefónica era la que mejor servía los intereses estratégicos del grupo.

Interés por Prisa

Ahora, como segundo mayor accionista de Prisa, que con apenas 99 millones de inversión se ha hecho con el 9,9% del atribulado grupo mediático, ha podido obtener el silencio cómplice de Telefónica para colocar el mando del grupo a Amber Capital. Según fuentes de alta credibilidad, Bolloré estudia ahora las posibilidades de sinergias con su nuevo socio y con los demás accionistas, especialmente Telefónica.

Es sintomático que, tras la sustitución de Javier Monzón, un hombre aparentemente propiciado por el Santander, Josep Oughourlian anunciara que el futuro de la “nueva Prisa”, pasará por volver a tener una vertiente audiovisual, con lo que cabría interpretar sobre las posibilidades de una eventual operación de acercamiento entre el Canal+ de Telefónica y el todo poderoso Grupo Canal+ de Vivendi.

Pasado próximo

Cabe recordar que, agobiada por la deuda, Prisa dejó el área audiovisual en España en 2015, al vender sus intereses televisivos a Telefónica. Pero ahora, con Amber Capital, Vivendi y la operadora española al mando, la situación puede cambiar radicalmente.

Además del grupo Canal+, el nuevo accionista de Prisa apuesta fuerte en la música y los videosjuegos, respectivamente, con el emporio Universal Music y Gameflot. Con Bambú Producciones tiene en España una productora de televisión; y podrá también utilizar la productora Banijav para expandir el negocio audiovisual. Con un 33% de capital francés, Banijav opera en 22 países, con un extenso catálogo de 88.000 horas de producción original de contenidos internacionales.

Pero de momento, lo que está más en juego son las modalidades y los niveles de la aportación específica del “know how” de Vivendi, que lleva décadas desarrollando, produciendo y comercializando formatos y contenidos audiovisuales y digitales de entretenimiento, información y contenidos.

Así, con más de una veintena de cadenas generalistas, temáticas y “premium” de amplio espectro (cine, series, deportes…) y 22 millones de abonados en el mundo (en Francia son casi 9 millones), su Canal+ Francia puede volver a a ser una referencia para la “nueva Prisa”.

Con un volumen de negocio anual de 5.500 millones de euros, Canal+ es la segunda mayor operación de Vivendi, solo superada por la que tiene en Universal Music (7.400 millones), y muy por delante del que es el “número seis” mundial de la publicidad, Havas, que factura 2.100 millones.

Mundo editorial

Vivendi también apuesta fuerte en el negocio editorial con Editis (725 millones), que fue adquirida en 2019 a Planeta por 900 millones de euros. Editis es la segunda editora más importante de Francia, y podrá ser muy pronto la “número tres” mundial. Según fuentes consultadas por www.capitalmadrid.com, Vivendi estaría a punto de hacerse con el control total del gigante Hachette Livre, que tiene en España editoras como Bruño, Salvat y el Grupo Anaya.

Dicha operación traería importantes sinergias con Santillana. De hecho, solo está pendiente de un hilo: el “ok” del Arnaud Lagardère, que con menos del 15% de acciones sigue controlando el grupo fundado en 1826 por su familia, pero donde Vivendi y su socio Amber Capital son ya los principales accionistas, respectivamente, con un 26,7% y un 20% del capital.

Sin embargo, llama la atención que pese a tener Hachette en su punto de mira, cuando ya tenía a su socio Amber Capital en Prisa, Bolloré no hizo ningún movimiento para disputar el más jugoso de los activos de Santillana: la parte española, vendida a Sanoma, a cambio de 377 millones de plusvalías para Prisa.

El cierre del negocio con Arnaud Lagardère solo estaría pendiente del futuro de los activos mediáticos de Hachette, empezando por la radio Europe1, Paris-Match y Journal du Dimanche (JDD). Una operación muy politizada, ya que Bolloré está ferozmente empeñado en impedir la reelección de Emmanuel Macron en 2022-

Fox y Vox

El empresario francés persigue el objetivo de crear una versión francesa de la Fox News norteamericana (tuvo mucho que ver, primero con la llegada de Donal Trump a la Casa Bloca, y después con su salida sin pena ni gloria), con que necesita nuevos activos mediáticos, como Europe1, para reforzar la apuesta ultraconservadora de su cadena informativa CNews.

En todo caso, es en la parte editorial que la entrada de Vivendi en Prisa tiene más sentido, con vistas a la explotación de las sinergias con Santillana en Brasil, en Latinoamérica y en USA, que tiene un 20% de población de habla española. Un objetivo ya muy claro solo con Editis, pero que lo será mucho más con la adquisición de la operación de Lagardère: Hachette Livre está en todo el mundo, con 150 sellos editoriales como Stock, Fayard, Gasset, Calman Levy… y es, de largo, la perla de Lagardère.

En 2020, sumó 2.400 millones en ventas (un 70% del total correspondió a la actividad internacional) y el resultado neto creció 11,4%, hasta 246 millones.

Hachette, la perla

A final de marzo, la apuesta de Vivendi por Hachette Livre cogió aún más fuerza. Sin ninguna otra causa que su oposición a dicha operación, Arnaud Nourry, que llevaba más de 30 años en la casa y desde 2003 como máximo responsable ejecutivo, no tuvo más remedio que salir por la puerta trasera. Unos días antes de su despido, en una extensa entrevista al “Le Monde”, había declarado que no veía ningún tipo de sinergias posibles entre Hachette Livre y Editis, con que no apoyaba la idea de cualquier operación de acercamiento y, lo que es más grave, a espaldas de Arnaud Lagardère, habló con fondos de inversión para parar los pies a Bolloré.

Y Mediaset, que perita en dulce

Donde cabría también reflexionar, sobre los eventuales intereses ocultos de Bolloré con su entrada en Prisa, es cómo piensa sacar el máximo provecho de su participación indirecta en la Telecinco de Mediaset. Tras la feroz resistencia que opuso a la fusión de Mediaset Italia con Mediaset España, Vivendi salió vencedor de una dura pelea judicial en Italia, donde se cercenó la posibilidad de utilizar los derechos de voto correspondientes a su participación de casi un 30% Mediaset, por un presunto conflicto de intereses con el 24% que controla en Telecom Italia. Pero los vientos cambian, hasta el punto de que Pier Silvio Berlusconi ya no descarta en absoluto, el tener que hablar con Vicente Bolloré, para abrir une nueva etapa.

Otra cuestión pendiente, que también podrá tener gran interés para Vicente Bolloré, que suena con ser el “Citizen Kane” español, es lo que podrá hacer Prisa con su participación del 20% en “Le Monde”, para la cual lleva tiempo buscando un buen comprador. Una participación que prácticamente no va a ninguna parte: corresponde al núcleo accionista llamado “Le Monde Libre” (LML), controlado por tres otros accionistas (con un 26,67% de acciones “per cápita”) pero que solo tiene una vertiente financiera. Al margen del llamado “Pole de Independencia” controlado por la redacción, y que garantiza una total independencia editorial del periódico.

Así, aunque llegara a hacerse con la participación de Prisa, Vicente Bolloré no tendría margen de maniobra para controlar el emblemático e influente diario francés, cuya independencia editorial abarca también a otras publicaciones del grupo, como “Le Monde Diplomatique” y “Courrier Internacional”.

Lo único que puede cambiar, por lo tanto, es la estructura accionarial del holding financiero, que además está enfrentada entre sus diferentes miembros tras la entrada de un multimillonario checo. Hasta el punto de que Xavier Niel, fundador de la teleco Free, quiere hacer su 26,67% “intransferible” y de hecho pondera pasarlos como “donación” a la sociedad editora del diario, con que ya nadie podría poner en peligro la total independencia editorial y de la redacción del emblemático diario.

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