Monitor del Seguro

El sector cu­brió en 2020 el 43,8% de las pér­didas cau­sadas por estos eventos

Catástrofes: el desfase de aseguramiento global crece un 30%

Los desas­tres más pe­queños y más fre­cuentes se con­vierten en la gran ame­naza

Catástrofes naturales.
Catástrofes naturales.

Si hay algún sector con­cien­ciado de la im­por­tancia de la lucha contra el cambio cli­má­tico ese es el ase­gu­ra­dor. Le va mucho en ello, tanto como el propio ne­gocio y sus re­sul­ta­dos. El ca­len­ta­miento global está pro­vo­cando el in­cre­mento de las ca­tás­trofes na­tu­ra­les, desas­tres ante los que la in­dus­tria tiene que res­pon­der, al menos en el caso de que las pér­didas estén ase­gu­ra­das.

Las cifras de las que estamos hablando no son precisamente pequeñas. Según el último informe Sigma de Swiss Re Institute (Catástrofes naturales en 2020: peligros secundarios en el centro de atención, pero sin olvidar los riesgos de peligros primarios), las pérdidas ocasionadas por desastres el año pasado en todo el mundo ascendieron a 202.000 millones de dólares.

De esa cantidad, nada menos que 190.000 millones correspondieron a desastres naturales (el 94% del total) y el resto, 12.000 millones, a catástrofes provocadas por el hombre. La distinción es interesante e invita a una reflexión, sobre todo en el actual entorno de lucha global contra el calentamiento del planeta y el cambio climático: es muy probable que la mayor parte de esas catástrofes naturales estén directamente relacionadas con el modo de vivir y explotar los recursos de nuestra sociedad. Con lo que al final, también estarían provocadas por el hombre.

El dato, en cualquier caso, es revelador, y lo peor es que va in crescendo, y no poco. En 2019, los quebrantos económicos ascendieron a 150.000 millones de dólares. El crecimiento ha sido del 34,6%. El grueso de las pérdidas se concentraron en Norteamérica (105.000 millones) y Asia (71.000 millones), pero en Europa tampoco los datos son alentadores: 18.000 millones de dólares.

Por suerte para la sociedad mundial muchas de esas pérdidas estaban aseguradas. El sector cubrió 89.000 millones del total de costes provocados por este tipo te eventos, es decir, el 43,8% del total. Es la quinta mayor cifra registrada por Sigma, una cantidad que, además, es superior al promedio anual de los últimos 10 años (79.000 millones de dólares). Pese a todo, el gap de aseguramiento sigue siendo elevado. Las pérdidas económicas causadas por catástrofes no cubiertas por el seguro (el gap de protección aseguradora) ascendieron a 113.000 millones frente a los 87.000 millones de 2019. El gap medio de los últimos 10 años es de 143.000 millones.

También es interesante analizar los tipos de eventos que causaron esas pérdidas para hacernos una idea de la ‘salud’ de nuestro planeta. El Instituto Swiss Re distingue entre ‘peligros primarios’, que hacen referencia a las catástrofes más graves, como ciclones tropicales, terremotos y las tormentas, eventos que suelen ser menos frecuentes pero también causar más pérdidas, y los ‘peligros secundarios’, que son aquellos que generan habitualmente pérdidas de menor cuantía, pero que suelen ser más frecuentes. En este grupo entraría la tempestad ciclónica atípica (anteriormente conocida como gota fría), que también conocemos en España. Y también las sequías, incendios forestales, nieve, inundaciones repentinas y deslizamientos de tierra.

Ambos tipos de pérdidas han aumentado continuamente desde 1970. Pero si algo ha revelado la actividad catastrófica en 2020 es la gran amenaza que suponen esos ‘peligros secundarios’, la acumulación de ‘pequeños’ desastres. El año pasado estuvo plagado de ellos: “Se produjeron muchos eventos pequeños y medianos, que juntos convirtieron a 2020 en el quinto año más costoso registrado, con pérdidas aseguradas para todas las catástrofes naturales (peligros primarios + secundarios) que alcanzaron los 81.000 millones de dólares”, explican en el informe. Las pérdidas aseguradas por riesgos secundarios superaron los 57.000 millones de dólares, el 71% del total.

Para finalizar, un homenaje a las principales pérdidas causadas por las catástrofes, pérdidas para las que no hay aseguramiento que valga. En 2020, estos eventos sesgaron la vida de 7.993 personas. Son muchas, aunque también hay que poner encima de la mesa otro dato: es una de las menores cifras nunca vista en un único año desde que el Instituto Swiss Re elabora estas estadísticas.

El 60% de los fallecimientos se concentraron en Asia, el 21,5% en África, el 7,9% en Latinoamérica y el Caribe, el 6% en Norteamérica y el 4,2% en Europa. En un mundo global en el que vivimos, quizá habría que reflexionar sobre la situación en África: las pérdidas económicas causadas por estos eventos supusieron solo el 0,7% del total, pero allí se concentraron el 21,5% de las muertes; y el 0% de las pérdidas aseguradas.

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