Sobra la li­qui­dez, pero los in­ver­sores exigen pre­cios ajus­tados en sec­tores de moda

Las bolsas dicen no a los pelotazos y obligan a revisar las valoraciones de las OPV

El des­plome de Deliveroo y el apla­za­miento de Capital Energy mandan claras señales

Juan Lasala, Capital Energy.
Juan Lasala, Capital Energy.

Es lo que hay, ni más ni me­nos. "Lo mejor es que es­tamos a tiempo de rec­ti­fi­car; lo peor, que se nos ha visto el plu­mero. Hemos con­fun­dido el ex­ceso de li­quidez que hay en el mer­cado con una opor­tu­nidad para vender ac­ciones a cual­quier pre­cio. Es un error que se re­pite en el tiempo, porque hay mu­chas em­presas y mu­chos ase­sores que han ol­vi­dado que salir a bolsa es dejar buen sabor de boca a los ac­cio­nis­tas, y eso se con­sigue dando re­co­rrido al­cista a los pre­cios".

La frase es de un veterano banquero de inversión español, que como sus colegas ha asistido con preocupación al terrible debut de Deliveroo en Londres. Una operación que debía ser algo así como la rampa de lanzamiento de una primavera feliz de salidas a bolsa en Europa se ha convertido en un despropósito en lo que a los precios se refiere. Tras la caída del 26% el primer día, el valor apenas ha mostrado signos de reacción. Un fiasco en toda regla.

Y eso que la compañía digital de reparto de comida a domicilio había rebajado su valoración en varias ocasiones ante la negativa de los inversores a pagar los elevadísimos múltiplos que puso sobre el tapete inicialmente. Frente a los muchos más de 10.000 millones de euros de valoración esperados, la bolsa no tardó ni un día en rebajar la capitalización bursátil hasta poco más de 6.000 millones. Le costará a los protagonistas de la operación hacer olvidar este fracaso estrepitoso.

La de Deliveroo no es una salida a bolsa más. Por un lado, por su tamaño. Era la mayor en la Bolsa de Londres desde 2011. Y también por su cercanía a un sector tecnológico que, como otros, es sospechoso de burbuja. "No es tanto una cuestión de sector como de valoraciones. Los grandes inversores están hartos de historias empresariales bonitas cuyos precios no se justifican. Esta operación hará daño a los que vienen después", señalan en fuentes bursátiles.

A otra escala totalmente distinta está la española Capital Energy. La representante de otro sector como el de las renovables que ya está pagando en Bolsa el peaje de una subida demasiado rápida, ha decidido retrasar su debut en el mercado. Era una de las compañías que estaba en la pista de despegue de las OPV de esta primavera, pero el deterioro del sector en bolsa y la gran cantidad de competidores que quieren saltar al parqué le ha hecho desistir, al menos de momento.

Y también, claro está, importa que los inversores no han estado dispuestos a dar el visto bueno a una valoración de unos 2.000 millones que consideran que, a día de hoy, no se justifica en una empresa joven aún que tiene casi todo por demostrar. Ser la gran vencedora de la subasta de renovables de enero (se adjudicó 620 millones de megavatios eólicos) no es suficiente para superar las exigencias de analistas e inversores.

"Rectificar es de sabios. Por una parte, las empresas con vocación de ir a bolsa deben contar con proyectos más consolidados. Por otra, los bancos de inversión tienen que reajustar las valoraciones. No vale todo, ni mucho menos, y en todos los mercados los dueños del dinero están ofreciendo pruebas inequívocas de que se van a mirar las compañías con lupa. Toca reducir las pretensiones y tener los pies en el suelo", señalan en un gran banco de inversión.

Lo que sí parece claro es que las empresas que esperaban contar con un escenario muy favorable para salir a bolsa en esta primera gran ventana de 2021, no lo tendrán tan fácil a partir de ahora. La pandemia se mantiene como un gran agente perturbador en la vida de los mercados que aún se extenderá durante muchos meses. Y el crecimiento económico no despega como esperaban los más optimistas. Salir a bolsa exige adecuarse a la realidad.

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