CaixaBank re­baja el ERE anun­ciado y ofrece 500 re­co­lo­ca­ciones adi­cio­nales

Excesos salariales como los de Francisco González en BBVA nutren de munición al Gobierno

El grupo pre­si­dido por Torres gas­tará di­nero aho­rrado por los des­pidos en pagar a Randstad para re­co­lo­carlos

FG y Carlos Torres
FG y Carlos Torres

Altas re­mu­ne­ra­ciones de di­rec­tivos y con­se­jeros ban­ca­rios, como los que inau­guró Francisco González (FG) du­rante su po­lé­mica e in­ves­ti­gada pre­si­dencia del BBVA, sirven ahora al Gobierno de Pedro Sánchez para forzar ajustes en los dis­tintos EREs pre­sen­tados en las úl­timas se­manas y buscar la ma­nera de con­trolar los sueldos mi­llo­na­rios de los altos cargos ban­ca­rios. Los sin­di­catos sec­to­riales man­tienen el pulso en las ne­go­cia­ciones tras la úl­tima ofertas de CaixaBank , jus­ti­fi­cada por su fu­sión con Bankia, como la pura y dura del BBVA.

Los altos sueldos de los consejeros y altos directivos de la banca en los últimos años, pese a la moderación que se ha mostrado en el último ejercicio al renunciar a la retribución variable, se ha vuelto ahora en contra de los banqueros ante los ajustes de plantilla planteados.

El expresidente del BBVA, Francisco González, utilizó sus últimos años de mandato para incrementarse su sueldo fijo, hasta superar los cuatro millones de euros en 2018 cuando cedió el testigo a Carlos Torres como consecuencia de la investigación judicial del caso Villarejo. Además, su multimillonario plan de pensiones, que sin descontar impuestos roza los 100 millones de euros, enrojece al más pintado.

En contraposición, su heredero lleva con la remuneración fija congelada (2,453 millones de euros) en los dos últimos ejercicios, al igual que su consejero delegado, Onur Genç (2,179 millones). En el caso del Santander, tanto la presidenta Ana Botín (3,176 millones) como su consejero delegado, José Antonio Álvarez (2,5 millones de euros) mantienen su remuneración fija congelada desde antes, en el ejercicio de 2018.

Pese a esta tendencia de autocontrol, dichas remuneraciones se han criticado desde el Gobierno, con la ministra de Economía Nadia Calviño a la cabeza, ante las actuales circunstancias y por los EREs planteados por entidades como BBVA y CaixaBank, que ha sido justificada por la entidad por el coste de su fusión con Bankia, promovida desde el Gobierno y por la propia Calviño.

Espadas en alto

Esa irrupción del Gobierno ante el inicio de las negociaciones de los EREs ya mencionados parecen haber dado más alas a los representantes sindicales, insatisfechos con las última ofertas recibidas de las respectivas entidades.

CaixaBank ha propuesto que 500 de los empleados afectados por el ERE sobre un total de 8.300 empleados serán recolocados en filiales del grupo. La representante de CCOO en CaixaBank, Ruth Bolaños, considera "insuficiente" esta oferta y niega que suponga un recorte de los despidos inicialmente anunciados.

Por su parte, el BBVA ha anunciado a la representación de los trabajadores que ha contratado a la compañía Randstad para recolocar "con contratos indefinidos" a los 3.798 empleados que pretende despedir en su ERE, aunque por el momento no ha concretado las condiciones de esos despidos.

Todo apunta a que, en las actuales circunstancias, las negociaciones de estos ajustes y los que han puedan anunciarse en los próximos meses, como los derivados de la fusión de Unicaja y Liberbank, serán más complejas que las mantenidas en procesos anteriores por las ofertas menos atractivas lanzadas.

Los tipos de interés en negativo, que impactan en la cuenta de resultados, la crisis derivada de la pandemia y el acelerado proceso de digitalización se esgrimen desde el sector bancario como las claves para acometer una nueva reestructuración con menos empleados y sucursales.

Desde luego, la paz laboral que se ha vivido en la banca española durante años prácticamente se ha dinamitado con los nuevos ajustes. No obstante, las negociaciones están tan sólo sus inicios y salvo una injerencia por parte del Gobierno podría encarrilarse de manera más o menos satisfactoria tanto para bancos como trabajadores.

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