La ac­ti­vidad eco­nó­mica muestra señales muy po­si­tivas en las dos prin­ci­pales eco­no­mías eu­ro­peas

Los resultados del 4M agudizan el temor de los empresarios al retraso de la recuperación

El pe­si­mismo es­pañol con­trasta con la con­fianza del em­pre­sa­riado alemán y fran­cés, ba­sada en va­lores pre­vios a la pan­demia

Pedro Sánchez, pte del Gobierno.
Pedro Sánchez, pte del Gobierno.

La in­cer­ti­dumbre para el Gobierno de los re­sul­tados elec­to­rales en Madrid el pró­ximo 4 de mayo está em­pañando la ex­pec­ta­tiva de re­cu­pe­ra­ción de la eco­nomía es­pañola y la con­fianza de sus ges­tores frente a lo que su­cede con las dos prin­ci­pales eco­no­mías de la zona euro, la ale­mana y la fran­cesa. En España, el 35,4% de los em­pre­sa­rios es pe­si­mista res­pecto de cómo va a evo­lu­cionar su ne­gocio en el tri­mes­tre. Solo un 13,8% de ellos con­si­dera que la re­cu­pe­ra­ción será fa­vo­ra­ble, según los in­di­ca­dores de con­fianza em­pre­sa­rial del INE.

Y el 50,8% restante cree que la evolución de la economía se mantendrá en el ritmo ralentizado al que nos ha llevado la crisis. Estos datos chocan frontalmente con el optimismo de gran parte del empresariado industrial europeo, muy en especial de Francia y Alemania.

Los datos del último PMI alemán del mes de marzo eran rotundos. La actividad de las fábricas germanas había crecido el pasado mes de marzo al ritmo más rápido jamás registrado, según Phil Smith, economista jefe de IHS Markit, para quien la mejora se ha debido, sobre todo, a la relajación de las restricciones y al aumento de la demanda de Estados Unidos y China.

Algo similar ha ocurrido en Francia. Según los datos conocidos en las últimas horas, en la industria francesa el optimismo de sus directivos refleja en el mes de abril el mismo nivel alcanzado antes del inicio de la pandemia, según el Instituto de Estadística y Estudios francés (Insee). Esta clara mejoría se produce en todas las ramas principales de su industria.

Positiva evolución en Francia y Alemania En marzo, la actividad y el empleo manufacturero han registrado su mayor nivel de crecimiento de los últimos 20 años, en este caso según los datos de IHS Markit. Como consecuencia, los mercados de al contado de Francia y Alemania están ya por encima de los máximos registrados antes de la crisis del 2007.

En cambio, el pesimismo empresarial español afecta también a los mercados. El índice principal de la bolsa española, el Ibex 35, todavía está un 45 % por debajo del máximo marcado el 8 de noviembre del 2007 cuando partió de los 15.945 puntos.

La economía española debería estar en condiciones de iniciar el proceso de recuperación para superar las perturbaciones sufridas pasado ya un año desde el inicio de la crisis sanitaria provocada por la pandemia de la Covid-19. Sobre todo, deberíamos contar con planes claros para aprovechar los fondos del plan de relanzamiento económico de la Unión Europea, una vez que el Tribunal Constitucional alemán ha eliminado el último gran obstáculo para su ratificación, aunque permanezcan nubarrones en algunos sectores, sobre todo en los relacionados con el turismo.

A la gran incertidumbre política se le añade que no hay un plan consensuado con las fuerzas políticas y los agentes sociales y sí muchas ocurrencias. Así lo ha querido evidenciar el presidente de la patronal CEOE a la hora de comentar el proyecto del ministro de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, José Luis Escrivá, sobre su propuesta para tratar de garantizar el futuro de las pensiones sin que haya que introducir duros recortes.

Ideas de bombera

Todavía más ocurrente parece la sugerencia de la ministra Yolanda Díaz de que el país comunitario que peores datos de paro presenta históricamente, trate de imponer como una gran novedad en el ámbito comunitario que se realice un informe semestral sobre cómo evolucionan las medidas en el ámbito del empleo.

A la incertidumbre política interna española hay que sumar las incertidumbres añadidas por el Banco Central Europeo respecto de cual será su actuación de cara a mantener o no su política de estímulos. El consenso de analistas y gestores de fondos admiten que habrá que esperar a la próxima reunión del mes de junio.

El Bank of America critica en su análisis de la reunión de la semana pasada del BCE, que no se hayan anticipado sus planes de futuro más allá de las próximas seis o siete semanas. Pese a las varias preguntas realizadas a Christine Lagarde sobre cómo va a evolucionar el ritmo de compra de bonos cuando la economía vuelva a la normalidad, la presidenta del BCE no dio respuesta clara.

Esta incertidumbre retrasa las decisiones, tanto de los operadores de los mercados, como de los empresarios que pueden ver cómo se les pueden subir los tipos de interés antes de lo que tenían previsto.

Es cierto que las decisiones que adopte la Reserva Federal en su reunión de esta semana pueden servir de indicador sobre cómo vaya a actuar en el futuro el BCE.

La clave para sector industrial es saber cuándo pueda iniciarse el cambio de política del BCE. Una reducción de la compra de deuda y la posibilidad de una subida de tipos, cuando todavía no se han empezado a distribuir los fondos de los recursos Next Generation UE, podría retrasar la recuperación e incrementar la desconfianza sobre la economía española y sobre su sector empresarial.

Las elecciones del próximo 4M, aunque sean unas elecciones autonómicas, deben servir para clarificar hasta donde está dispuesto el ejecutivo central a alcanzar acuerdos con los que salir de la gravísima crisis económica, social y política en la que estamos sumidos.

Las ayudas van a cubrir en la práctica el 100 por 100 del tejido empresarial español y debe servir para la modernización del conjunto de los medios de producción españoles. Pero esto no se podrá conseguir si se continúa con la política actual del Gobierno de Pedro Sánchez de marginar a todos los que ideológicamente no piensan como él o no le sirven para mantenerse en La Moncloa.

Aunque solo sea por la magnitud de la crisis y el gran numero de fallecidos consecuencia de la pandemia, los partidos tienen la obligación de crear unas condiciones mínimas para tratar de recuperar los niveles de bienestar que hemos sufrido. Las necesidades de los millones de parados o de los que han entrado en ERTE obligan a alcanzar un acuerdo por encima de las diferencias ideológicas.

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