OPINIÓN

La regulación del precio de los alquileres no funciona

Controlar pre­cios im­pide el ajuste del mer­cado y siempre pro­duce los efectos con­tra­rios a los bus­cados

Alquileres
Alquileres

Regular y con­trolar el precio de los al­qui­leres es una ini­cia­tiva com­pa­siva que en nu­me­rosas oca­siones ha te­nido con­se­cuen­cias con­tra­rias a la fi­na­lidad bus­cada. Salazar, en Portugal, y Franco en España, con­ge­laron los pre­cios de los al­qui­le­res. El re­sul­tado fue la pa­ra­li­za­ción de este seg­mento del mer­cado. En España, com­pa­rado con los países cen­tro­euro­peos, des­apa­reció prác­ti­ca­mente la fi­gura del con­trato de al­quiler para nuevos in­qui­li­nos.

Otro experimento más negativo tuvo lugar en los países comunistas. Se expropiaron las viviendas de los “burgueses” y se instalaron en ellas, junto al propietario, otras familias. Las viviendas se compartieron. Ahora bien, ni el Estado ni ninguna otra iniciativa construyó viviendas de alquiler para compensar esa figura de vivienda compartida. Resultado: deterioro del parque inmobiliario, fachadas e instalaciones ruinosas que están tardando muchísimos años en recuperarse.

Las casas son un tipo de bienes de características muy diferenciadas. En efecto, el coste de su construcción es muy elevado, no son homogéneas en sus dimensiones y su localización, en una u otra zona de la ciudad, añade un elemento importante de diferenciación. En resumen, se trata de un bien duradero pero caro y heterogéneo.

En buena medida la política de control de los alquileres ha sido un obstáculo para el ajuste entre oferta y demanda. La oferta, es decir la construcción de viviendas, es muy sensible a los tipos de interés. Recordemos que el último boom inmobiliario coincidió con una bajada sustancial del precio del dinero a raíz de la entrada de España en el euro. En este mismo momento con tipos de interés nulo o muy bajo, el control del precio de los alquileres desincentivaría la inversión en este tipo de bienes.

La preocupación por la inclusión social, todo español tiene derecho a una vivienda, es preferible articularla de otro modo. Existen fórmulas, vía exenciones fiscales, aplicables tanto a propietarios como a arrendatarios, pero, sobre todo, la construcción por parte del Estado de vivienda social. Quizás un efecto llamada para esas donaciones procedentes de la Unión Europea.

El control férreo de los alquileres tuvo lugar durante los 40 años del régimen del general Franco. El control fue total, con independencia de si el inmueble estuviese situado en el Barrio de Salamanca, en Vallecas, Tetuán o el Madrid de los Austrias. El control supuso la expropiación de los propietarios, el estancamiento de la construcción de casas para alquiler y el deterioro de las ciudades.

Los propietarios no tenían medios ni incentivos para mejorar sus viviendas. Mientras en Europa se desarrolló un mercado de alquiler, en España esta figura, el alquiler de viviendas, desapareció. Hasta la Ley Boyer el mercado estuvo paralizado.

¿El objetivo de Podemos es acaso un retorno a la regulación del general Franco o a la impuesta en los países comunistas, o una especie de amalgama entre una y otra? Los resultados de los dos experimentos están ahí.

Podemos reclama con insistencia que el control de los alquileres fue uno de los acuerdos “firmados” con sus socios de gobierno. Eran otros tiempos anteriores a la pandemia. Las condiciones han cambiado radicalmente. En este momento el mercado de alquileres se ha dado la vuelta; los precios bajan y los alquileres se renegocian. Las prioridades son otras.

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