MONITOR DE LATINOAMÉRICA

La re­gión se ha con­ver­tido ya en la más en­deu­dada del mundo en desa­rrollo

La pandemia dispara la deuda en Latinoamérica

Cepal y Banco Mundial alertan sobre un ratio que al­canza ya el 79,3% del PIB

Deuda pública
Deuda pública

La pan­demia ha mag­ni­fi­cado las bre­chas es­truc­tu­rales y so­ciales en los países la­ti­noa­me­ri­ca­nos, pro­vo­cando un au­mento de la deuda re­gional que pone en riesgo su reac­ti­va­ción. Los planes ur­gentes para sol­ventar el gasto en ayuda so­cial, me­diante prés­tamos para re­vertir la re­ce­sión cau­sada por el vi­rus, ha ace­le­rado un apa­lan­ca­miento sin pro­ce­dentes que in­quieta a los or­ga­nismos in­ter­na­cio­na­les. En nu­me­rosos foros se llama ya a crear un fondo in­ter­na­cional para aco­meter un ‘Plan Marshall’ que ayude a la re­cons­truc­ción.

En 2020, Latam se enfrentó a la peor crisis de la que se tenga constancia y a la mayor contracción económica del mundo en desarrollo, con una caída del PIB del 7,7% y una reducción de la inversión del 20% que amplió sus necesidades financieras para afrontar la emergencia. Y que supuso un incremento del endeudamiento para paliar los daños económicos y sociales “que pone en peligro la recuperación y la capacidad de los países para una reconstrucción sostenible y con igualdad”, según acaba de advertir la Cepal, casi al mismo tiempo que el BM llamaba a los países a evitar que se extienda una crisis de la deuda en la región como ya sucedió en varias ocasiones en el pasado.

Según la Cepal, para la que “la situación fiscal se ha deteriorado y el nivel de endeudamiento ha crecido en todos los países sin excepción”, la deuda ha subido del 68,9% al 79,3% del PIB entre 2019 y 2020 a nivel regional. Ello deja a Latam como el área más endeudada del mundo en desarrollo y la zona con mayor servicio de deuda externa en relación a las exportaciones (57%).

Enormes necesidades

La interrupción de las cadenas de suministro por las restricciones debidas a la pandemia, el deterioro exportador, la caída del turismo (clave en gran parte del área) y la necesidad de medidas fiscales de socorro a la población y ayuda al tejido económico, están en la raíz de este empeoramiento de la situación. Según el organismo, la brecha de financiación del sector público se agrava por la necesidad de apoyar la balanza de pagos, sobre todo en las economías más pequeñas: de 2019 a 2020, el déficit corriente pasó del 1,4% al 4,5% del PIB en Centroamérica y del 4,8% al 17,2% en el Caribe. Además, en toda la región se produjo una caída de la IED del 45%-55% en el mismo período. El informe destaca que las necesidades globales de financiación de los países en desarrollo se elevan a 2,5 billones, lo que supera la capacidad de préstamo del FMI y que, en el caso de Latam, esa entidad ha otorgado a 21 países la mayor parte de sus créditos de emergencia por Covid. En enero el Fondo había destinado 66.500 millones a Latam, el 63% del desembolso total. Aun así, la financiación del FMI solo cubrió entre el 32,3% y el 23,1% de las necesidades internas y externas de los países en 2020. Y todos no se benefician por igual: solo los que tienen sólidos pilares económicos acceden sin límites de cuota.

La Cepal señala que, en el contexto actual de pandemia, la financiación para el desarrollo plantea dos retos. A corto, favorecer la expansión del gasto público y prestar una atención especial a los grupos vulnerables, además de compensar los efectos perjudiciales que la restricción de movilidad tiene sobre la actividad. Y a medio y largo, y a medida que la prioridad pase a ser construir un futuro mejor y no afrontar la emergencia, promover políticas anti-cíclicas que tengan por objeto aumentar el empleo y mantener un crecimiento adecuado.

Cinco medidas de financiación

Para afrontar ambos desafíos, propone cinco medidas. Una primera, ampliar y redistribuir la liquidez desde los países desarrollados a los países en desarrollo a través de una emisión masiva de Derechos Especiales de Giro del FMI. Una segunda, fortalecer la cooperación aumentando la capacidad de préstamo de las instituciones financieras regionales y subregionales y la colaboración entre bancos de desarrollo. La tercera pasa por el acceso a mayor financiación, complementada con una reforma de la arquitectura de la deuda multilateral que incluya la creación de un mecanismo internacional de reestructuración.

La cuarta es proporcionar a los países instrumentos innovadores destinados a elevar la capacidad de reembolso de deuda y evitar endeudamiento excesivo. Y, la quinta, integrar las medidas de liquidez y reducción de deuda en una estrategia de financiación al desarrollo dirigida a construir un futuro mejor. Además, el ente destaca que es clave en este contexto que Latam impulse más medidas para evitar elusión y evasión fiscal y avance en los impuestos directos y los que gravan propiedad y patrimonio, además de reorientar el gasto a generar empleo y actividades transformadoras y ambientalmente sostenibles.

En parecida línea, el presidente del BM, David Malpass, que juzga que el exceso de deuda es uno de los retos más grandes que enfrentan los países de Latam tras la pandemia, ha señalado que la ruta para sacar a flote a las economías incluye ayudas a sectores vulnerables, un comercio internacional fuerte y la posibilidad de reestructurar la deuda con inversores privados. “Las reglas están desequilibradas y tienden a favorecer a los acreedores”, según el BM, que teme que esa deuda, que se está convirtiendo en un peso importante, pueda ser cancelada o reestructurada mientras avanza hacia la recuperación.

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