Sospechas de co­rrup­ción en la África fran­có­fona y enormes am­bi­ciones me­diá­ticas en Francia

Vicente Bolloré, el nuevo accionista de Prisa, una mezcla de 'Citizen Kane' y Fox News

Con las pre­si­den­ciales a la vista, Emmanuel Macron re­cela y con razón del pa­trón de Vivendi

La familia Bolloré, Vivendi.
La familia Bolloré, en Vivendi.

Al frente del grupo fa­mi­liar Bolloré, que pronto cumple su se­gundo cen­te­nario y que fac­tura 16.000 mi­llones de euros al año, de los que 5.500 mi­llones pro­ceden de me­dios y co­mu­ni­ca­ción, el nuevo ac­cio­nista de Prisa con casi un 10% de ac­cio­nes, Vicente Bolloré, es la viva imagen de un “smiling ki­ller” sin lí­mite en sus am­bi­cio­nes. Sin apa­rente in­ten­ción po­lí­tica, Bolloré es ya una seria ame­naza para Emmanuel Macron, de cara a las pró­ximas elec­ciones pre­si­den­ciales en Francia. A España ha lle­gado a 'echar una mano' a Ambar Capital, primer ac­cio­nista de la edi­tora de El País.

Salvo en Francia, donde ha renunciado a la presidencia del grupo Vivendi en favor de su hijo, Vicente Bolloré parece haber tomado como modelo a la cadena televisiva Fox News norteamericana, la misma que llevó a Donald Trump a la Casa Blanca en 2016, pero que luego ayudó a su caída en 2020. En Francia y otros países europeos donde el grupo Vivendi tiene intereses, el objetivo no es solo reforzar su ya importante imperio mediático, sino además promocionar la derecha más radical.

De entrada, Vicente Bolloré ya sabe cómo hacer presidentes. Es un arte que lleva tiempo ensayando con éxito en África, principalmente en la antigua colonia francesa del Togo, donde Havas (grupo Vivendi) mantiene estrechas relaciones con el clan Gnassingbé, que lleva seis décadas dirigiendo el país con mano de hierro. El general Eydema gobernó durante casi 40 años, de manera dictatorial, y tras su muerte, en 2005, el poder pasó a manos de su hijo Faure, que ya suma cuatro campañas electorales victoriosas, organizadas por Havas, en un clima de corrupción y a cambio de favores políticos, como ventajas fiscales y la concesión del puerto de Lomé por 35 años.

En abril 2018, tras la apertura una investigación judicial en Francia relacionada con las actividades del Grupo en Togo y en Guinea, Vicente Bolloré pasó dos días bajo custodia policial. Después, para proteger su imagen y evitar un juicio donde podría ser condenado a 12 años de prisión por corrupción activa, reconoció su “culpabilidad”, de manera “voluntaria”, bajo la fórmula “sui generis” de una “convención judicial de interés público”. Su expediente judicial seguiría, así, inmaculado, y solo fue condenado a pagar 12 millones de euros de multa, obviamente por cuenta del grupo.

Fue para sellar dicho acuerdo que Bolloré y dos altos cargos de Vivendi, comparecieron el pasado 26 de febrero ante el Tribunal Judicial de París. Lo tenía, o creía tener, todo atado, y con toda la naturalidad volvió a reconocer su culpabilidad, pero esta vez recibió un inesperado varapalo. Además de confirmar la multa de 12 millones, el tribunal decidió que, ante la gravedad de los hechos, considerados como “atentados al orden público, a la soberanía y al funcionamiento normal del estado togolés", los acusados deberán comparecer ahora ante un tribunal correccional.

Bajo sospecha permanente

No es la primera vez, en todo o caso, que Vicente Bolloré es cuestionado públicamente, en relación con las malas prácticas atribuidas a su grupo, principalmente en África, donde opera casi una veintena de concesiones portuarias, redes de transporte ferroviario, etc., sin olvidar el negocio agroalimentario que pasa por la explotación de centenares de miles de hectáreas. Sin embargo, es en las antiguas colonias francesas que el grupo galo concentra las actividades más polémicas, como Togo y Guinea, con larga tradición de regímenes corruptos y dictatoriales.

Sin embargo, de lo que más se habla estos días en Francia no tiene nada que ver con el imperio industrial Bolloré, sino con las “ambiciones papivoras” de su mayor accionista, con casi un 70% del capital. Según sus críticos y muchos competidores, Vicente Bolloré sueña con convertirse en el “Citizen Kane” de Orson Wells, pero en Francia y allí donde pueda.. Al margen del 9,9% de Prisa adquirido hace menos de un mes para reforzar la posición de control de Amber Capital, que es su socio en Francia, intenta hacerse con la radio Europe1 para consolidar aun más su ya fuerte y ultraconservador grupo mediático Canal Plus, CNews, y otros intereses menores, de cara a las próximas presidenciales galas.

Modelo norteamericano

De lo que se trata, claramente, es de crear una versión gala de la norteamericana Fox News, sin cuyo apoyo incondicional Donald Trump no hubiera probablemente podido hacerse con la presidencia de Estados Unidos en 2016. Su objetivo, Europa 1, pertenece al grupo controlado por Arnaud Lagardere, que también debe desprenderse de otros medios como Journal du Dimanche y París Match. El candidato más indicado para adquirirlo es Bolloré. Como buen samaritano u compañero de viaje ya adquirió el 26,7% del grupo, pagando casi 600 millones de euros, para “ayudar” el endeudado Lagardere y avanzar hacia Europe 1.

De hecho, Bolloré ya tuvo la operación casi cerrada, por unos 300 millones de euros, pero no contaba con la oposición de otro accionista de referencia de Lagardere, Bernard Arnault, que también controla el imperio del lujo LVMH y no está dispuesto a facilitar la venta de Europe 1 a Vivendi. La política es un elemento importante en toda la operación: Bolloré y el ex presidente Nicolas Sarkozy son como uña y carne, y sobre todo los más feroces adversarios del “macronismo”, al contrario de Bernard Arnault, que es a todas luces muy cercano a l actual presidente francés.

Batallas vecinales

En todo caso, no pasa día sin que Bolloré, Sarkozy y Lagardere no cambien alguna palabra. De hecho son vecinos cercanos, ya que todos viven en el gueto de las altas finanzas galas y de la derecha, Villa Montmorency, situada en el más elitista de los barrios parisinos. Eso hace aún más probable que acaben poniéndose de acuerdo para intentar expulsar Macron del Palacio del Eliseo. Como moneda de cambio, y para olvidarse de sus afinidades y complicidades con Macron, el “rey del lujo” Arnault, podría quedarse con otras 'perolas' de Lagardere, como Paris Match y le Journal du Dimanche.

De lo que no cabe duda, es que nada, ni nadie, podrá impedir que Bolloré refuerce su imperio mediático ultraconservador. Si eventualmente no pudiera hacerse con Europe 1, tendría el camino despejado para comprar medios aún mas importantes, como el grupo M6-RTL, ya que el 48,6% en manos del alemán Bertelsmann están en venta, por unos 1.500 millones de euros. Es solo por una cuestión de prestigio que Bolloré apueste en Europe 1, con una imagen más elitista, aunque su nivel de audiencia representa menos de la mitad del que tiene RTL.

Pese a sus problemas judiciales, que según se comenta no llegarán a ninguna parte, el patrón de Vivendi es a todas luces la mejor arma que tiene la derecha radical de Marine Le Pen para impedir la victoria de Macron, tanto en las próximas presidenciales como en las legislativas, previstas respectivamente para abril y mayo de 2022. Bolloré ya ganó un primer asalto: tras el lamentable fracaso de Mediapro (por falta de medios renunció a los derechos del fútbol francés), Canal Plus rechazó las presiones indirectas del Eliseo para mantener a flote el sector.

Canal Plus al ataque

Lo que si hizo, sin embargo, fue poner a prueba los nervios de Macron. Canal Plus saltó al ruedo casi por favor, y poniendo sus condiciones:. Al margen de los 330 millones que ya tenía comprometidos a cambio de la difusión de tres partidos por jornada, pagará menos de una cuarta parte de los 800 millones que Mediapro había aceptado pagar anualmente a la LFP. Y lo peor está por venir: cuando se ponga en venta los derechos para las próximas temporadas, la oferta clave de Canal Plus será menos de la mitad de los 1.300 millones que Mediapro tenía firmado pagar.

Si nadie lo remedia (cabe especular sobre eventuales ofertas de Amazon, Discovery y de DAZN, la Netflix del deporte), Bolloré pondrá, así, la máxima presión sobre Macron, al que la LFP lanza gritos de “al socorro” (1.300 millones de euros de pérdidas previstas a para final de la temporada) que ponen el Eliseo entre la espada y la pared. De no hacer nada para impedir la ruina del sector, tendría unos altos costes electorales, del mismo modo que utilizar fondos públicos para rescatar una actividad cuyos actores cobran 43.000 euros de media mensual.

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