OPINIÓN

Deuda Pública, estabilidad política y eventual recuperación económica

Sánchez no es Draghi pero ambos se afanan por el mismo ob­je­tivo de la sa­lida de la crisis

Merkel y Mario Dragui
Merkel y Mario Dragui

El dé­ficit pre­su­pues­tario es­pañol pre­visto -160.000 mi­llones de eu­ros- su­pera a los fondos co­mu­ni­ta­rios, 140.000 mi­llo­nes, re­ser­vados para España, que con­lleva un in­cre­mento de la deuda pú­blica hasta los 1,3 bi­llones de eu­ros, equi­va­lente al 117% del PIB. El bo­quete del dé­ficit pú­blico y el sa­cri­ficio que su­pone la re­duc­ción del en­deu­da­miento del Estado es­pañol (andaluz, cas­te­llano, ca­ta­lán, vas­co…) no son con­se­cuencia de una pró­diga o co­rrupta po­lí­tica eco­nó­mica sino el ní­tido re­flejo, en mi opi­nión, de la pan­demia del co­ro­na­vi­rus.

La magnitud del déficit presupuestario y de la deuda pública de España no han provocado ninguna alarma financiera. El euro, como el francés o el alemán, continúa siendo un indicador de solvencia. Los inversores extranjeros mantienen su apuesta por España, compran nuestra deuda a un precio negativo o buscan cómo invertir en sociedades nacionales; muchos compatriotas mantienen sus ahorros en ese euro español, un buen refugio.

¿Es acertada la política de estímulos fiscales para contrarrestar la depresión generada por el cese de actividades sin que ello suponga un riesgo sobre la solvencia del país? ¿Recuperará España en un futuro próximo los niveles de actividad económica de los años anteriores al covid? ¿Será todo ello posible gracias a los estímulos fiscales sin olvidar la expansión monetaria del BCE?

Dos organismos internacionales, el FMI y la OCDE, se felicitan por los estímulos de Trump y Biden, equivalentes al 14% del PIB estadounidense (11% en el caso de España) y afirman que sin ellos se retrasaría la recuperación. La nueva secretaria del Tesoro y exgobernadora del Banco de la Reserva Federal, lanza el siguiente mensaje: ”Act big”.

Asimismo, un economista de la talla de Rogoff, apóstol de los peligros del endeudamiento público durante la crisis bancaria, afirmaba: “Estamos ahora en un mundo diferente donde los riesgos de desequilibrios económicos palidecen ante una incontestable inestabilidad política”.

Si los estímulos fiscales sirven para contrarrestar el riesgo de la instabilidad política y se consigue ir adelante por el camino de la recuperación y el florecimiento de una economía verde, se habría encontrado, como sostiene un profesor del University College London, “el santo y seña de una correcta intervención pública, es decir no un diluvio de liquidez sino una base firme de estabilidad política y recuperación de la actividad económica”.

En la vecina Italia, acosada como España por la pandemia y un alto nivel de endeudamiento público, las variadas y encontradas corrientes políticas han enterrado sus diferencias. Un gobierno, el formado por Mario Draghi, apoyado por una inmensa mayoría, desde la izquierda del movimiento Cinco Estrellas hasta las huestes de Berlusconi y de la Liga Norte de Salvini.

Todos por la estabilidad política y la recuperación. Requisitos imprescindibles para la democracia. Nada de esto se perfila en Cataluña ni en las Cortes españolas. Vox gana posiciones, Podemos y el PP se enredan en tanto que los independentistas catalanes anteponen quimeras y egoísmos al bienestar de sus ciudadanos.

Sánchez, se quiera o no, pese a los tropiezos y desencuentros con Podemos, es, junto al continuo esfuerzo de la ciudadanía, la única referencia política para la recuperación. Sánchez no es Draghi pero los dos se afanan por el mismo objetivo: estabilidad política. Draghi está mejor posicionado, no es cuestionado por las formaciones políticas mientras que en la Carrera de San Jerónimo y en Cataluña, todos se afanan por meter palos en la rueda de la acción del gobierno. A Ciudadanos y al PP con esta estrategia el tiro les está saliendo por la culata.

Artículos relacionados