ANÁLISIS

El pe­tróleo avisa: sube un 30%, más de 20 dó­lares en lo que va de año

La pandemia dejará una inflación sin precedentes

El Bundesbank ad­vierte que fre­nará los pre­cios, mien­tras los mer­cados se pre­paran para este es­ce­nario

Gráfico evolutivo de la inflación
Gráfico evolutivo de la inflación

Alemania no ha ol­vi­dado la época de la hi­per­in­fla­ción en la República de Weimer, de eso hace más de cien años. Cada vez quedan menos su­per­vi­vientes de aquél tiempo, fi­na­li­zada la Primera Guerra Mundial, en que para com­prar una simple barra de pan había que lle­narse los bol­si­llos de bi­lletes con mu­chos ce­ros. Desde en­ton­ces, Alemania es la más firme lu­cha­dora contra la in­fla­ción. La cara más agria de la eco­nomía que vuelve a aso­mar, a pesar de que la pan­demia aún sigue azo­tando el mundo.

El presidente del Bundesbank, Jens Weidmann, el banco central alemán, ha advertido que hay que estar preparados para actuar con determinación cuando haya que frenar los precios.

El mandato del Banco Central Europeo (BCE) es el control de los precios hacia un objetivo máximo del 2%. En este momento, la inflación en la zona euro se encuentra en la zona del 0,9%, bastante lejos de ese nivel. Sin embargo, aún con pandemia y con unos precios bajos de las materias primas, los precios han crecido hasta el 1,6% en Alemania. Y, lo que es peor, han abandonado la senda negativa por la que transitaron durante el pasado año.

La pandemia del coronavirus dio un vuelco a las expectativas económicas que existían a comienzos del pasado año. La formidable caída de las economías por el confinamiento de la población para frenar el avance del virus motivó la aparición inmediata de los bancos centrales para suministrar liquidez a raudales con el objetivo de evitar una situación de quiebras en cadena.

El BCE inyectó nada menos que 2,6 billones de euros en diferentes programas de apoyo a la economía durante el pasado año. El esfuerzo realizado por los tres grandes bancos centrales mundiales, el europeo, el de Estados Unidos y el de Japón, se ha traducido en una aportación de casi cuatro billones y medio en el último año.

Una política que ya se venía practicando a ambos lados del Atlántico que, aunque ha contribuido a evaporar los restos de la anterior crisis y a poder sobrellevar el mundo en tiempos de pandemia, entraña dos riesgos de calado. El más visible es permitir a los países un endeudamiento recalcitrante que a lo único que contribuye es a desviar la atención sobre el auténtico objetivo de gestión, que son las reformas estructurales.

Más pobres

Un segundo efecto de esta política de dinero a espuertas es el peligro inflacionista. Y ello conduciría a una subida de los tipos de interés, que perjudicaría a todos. En cualquier caso, la actual situación de dinero a la carta supone un perjuicio para la productividad de los países y, a la larga, uno mayor para los trabajadores más expuestos.

Como muestra de la gran incertidumbre que planea sobre los mercados, el precio del oro está registrando una debilidad que sólo puede explicarse por el miedo de los mercados a que el recalentamiento de la economía por la política de estímulos inagotables acabará por conducir a un alza en los precios que obligará a la Reserva Federal (Fed) a subir los tipos de interés en próximos meses.

Otra bomba de relojería que se encuentra latente en los mercados es la de la deuda explosiva en muchas economías, como la española. Resulta mucho más difícil para un país reducir una deuda que incrementarla. Una de las opciones más factibles, aunque a largo plazo, es lograr un crecimiento potente de la economía porque de esta forma disminuye la ratio deuda sobre PIB al incrementarse el PIB, el denominador de esta ecuación.

Entre los grandes riesgos para la subida de los precios se encuentran los precios bajos de las materias primas. El propio petróleo, que se desplomó hace un año, ha incrementado su precio en 20 dólares en lo que va de 2021 y amenaza con alcanzar la cota de los 70 dólares por barril.

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