ANÁLISIS

Sánchez hace historia con la mayor caída del PIB y 623.000 empleos menos en 85 años

Calviño niega la gra­vedad de los datos y hace más di­fícil afrontar la re­cu­pe­ra­ción con el con­senso ne­ce­sario

Nadia Calviño, Economía
Nadia Calviño, Economía

Es in­com­pren­sible la sa­tis­fac­ción per­sonal con la que ha pre­sen­tado la vi­ce­pre­si­denta ter­cera del Gobierno y mi­nistra de Asuntos Económicos y Transformación Digital, Nadia Calviño, los datos de la evo­lu­ción del PIB y de la des­truc­ción de em­pleo en el fa­tí­dico 2020. La caída del 11 % del PIB anual es la mayor desde la Guerra Civil Española. A su vez, la caída del em­pleo en un 3,7 %, con 623.000 em­pleos per­di­dos, 755.000 tra­ba­ja­dores en ERTE y 350.000 au­tó­nomos en cese de ac­ti­vi­dad, su­ponen una des­gracia na­cional y ponen en una si­tua­ción muy di­fícil su re­cu­pe­ra­ción.

Habría que añadir a este más que sombrío panorama que nos ha dejado el 2020 la pérdida de casi 45.000 empresas según la estadística de Empresas Inscritas en la Seguridad Social. Son, en su mayoría pequeñas y medianas. Además, pertenecen a sectores de actividad claves para la economía española como siguen siendo hoy en día el comercio, la hostelería y el turismo.

La destrucción de empleo también se ha concentrado en estas pequeñas y medianas empresas, pues de los 623.000 empleos destruidos, las pymes se han dejado más de 400.000 puestos de trabajo. Las empresas grandes en general han superado mejor el temporal. El panorama entre los autónomos es desolador.

Mirado el año en su conjunto, evidencia que el hundimiento de la economía española, ha sido el mayor sufrido en nuestro país desde la guerra civil, aunque se ha debido a una situación excepcional como la pandemia. Según la primera estimación del Producto Interior Bruto (PIB) anticipada por el Instituto Nacional de Estadística ha sido de una caída del 11 %.

Podría ser peor, pues para esta estimación no se ha tenido en cuenta lo sucedido en el mes de diciembre. Habrá que esperar al 26 de marzo para tener el dato definitivo, fecha en la que se va a dar a conocer el resultado del 4º Trimestre del 2020 y del conjunto del año. Algunos datos avanzados presagian que podrían modificarse para peor las previsiones. Por ejemplo, las ventas minoristas han caído el 0,6 % interanual y en términos desestacionalizados lo han hecho hasta el 1,5 %. El empleo cayó el 3,7 %.

Sea cual sea la rectificación que introduzca el INE, la caída del PIB seguirá siendo la peor de los últimos 85 años. Hasta que llegue ese día, negar la gravedad del dato no parece ser el mejor consejero para revertir la situación. Acogerse a que otros organismos y economistas no han acertado en su previsión no justifica negar la importancia de este desplome en la generación de riqueza y de empleo.

Por ello no se entiende la insistencia de la ministra de Asuntos Económicos, y de otros de sus compañeros del Gabinete, de tratar de ponerse medallas como la de que “hemos aprobado los planes de ayuda enseguida”, o “estamos vacunando más que nadie”, o “ya hemos pasado lo más grave del pico”.

El exministro de Administraciones Públicas, Jordi Sevilla, quien elaboró el programa económico de Pedro Sánchez que le llevaría a la secretaria general del PSOE, en su comentario en Contexto Económico de este mes de enero advertía que el reto este año es evitar más cierres y destrucción de empleo, para lo que es necesario un cambio de rumbo en la política económica. Según Sevilla ya no se debe poner el foco en la liquidez, sino en la solvencia. “Las empresas ya no necesitan créditos y aplazamientos, sino ayudas directas y estímulos sectoriales que permitan salvar los muebles, al menos durante unos meses más, hasta que la campaña de vacunación comience a surtir efecto. Lo dicen las voces más autorizadas, como la del expresidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi”.

Esto desde el punto de vista de los expertos. Pero desde el lado de los afectados, ya son varios los sectores que han salido a la calle a manifestarse para pedir esas ayudas directas, pese a las limitaciones impuestas para evitar la expansión de la pandemia, porque sus negocios no resisten más.

El exministro de Zapatero, Jordi Sevilla, viene a sumarse además a quienes alertan de que no parece sensato que todo deba confiarse a la llegada de los fondos de la Unión Europea. Sevilla recurre a la historia en defensa de sus dudas sobre la capacidad para absorber los miles de millones previstos que lleguen de los fondos comunitarios. Como ha publicado recientemente la Comisión Europea en el período que va del 2014 al 2020, solo hemos sido capaces de absorber el 36 % de los fondos asignados a España.

Los fondos se han pensado sobre todo para transformar la economía, pero esto no se puede conseguir de la noche a la mañana. La propia Comisión Europea, su comisario de Asuntos Económicos, Paolo Gentiloni, ha dicho que hay mucho que hablar con España.

En definitiva, el escepticismo se generaliza. Entre otras razones porque los propios fondos van a tardar en llegar. De hecho, la vicepresidenta tercera del Gobierno, Nadia Calviño, ha anticipado que los primeros recursos en llegar serán unos 10.000 millones, en cuanto se aprueben los programas enviados por España. Magro porcentaje respecto de los 30.000 millones previstos que nos lleguen de media cada año hasta el 2026.

Así, resulta difícil creer que se pueda cumplir la previsión de crecimiento estimada por el Gobierno del entorno del 7 % para 2021 frente a las más modestas en el entorno del 5 % de los organismos internacionales. No tendría mayor importancia cumplir o no con esta previsión si no fuera porque uno o dos puntos más de PIB suponen la creación de entre 20.000 0 30.000 puestos de trabajo.

Ante una situación tan incierta todavía el Gobierno debe, por una parte, ampliar las medidas de apoyo a los sectores que lo necesiten, y por otra, tratar de ir introduciendo las reformas que aumenten la competitividad de nuestras empresas. Para ello es decisivo conseguir el máximo consenso político y social con el que afrontar la situación con el menor coste social posible y con la mayor esperanza de creación de empleo en el futuro.

Pedro Sánchez habló en los primeros momentos de la pandemia de la necesidad de rehacer el consenso de los Pactos de La Moncloa, intención que parece haber quedado en el olvido. Los autores de los Pactos pueden estar satisfechos de aquellos acuerdos. Supusieron cambios en algunos aspectos modélicos. Por ello cuesta más entender la satisfacción de quienes han conseguido el hundimiento histórico del PIB español y renuncian a los modelos de éxito del pasado.

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