Las com­pañías se cu­bren las es­paldas frente al alza de la in­fla­ción y la con­ti­nua­ción de la pan­demia

La creciente apuesta de las empresas por los depósitos cuestiona el optimismo oficial

Como los par­ti­cu­la­res, se atrin­cheran en las es­tra­te­gias más con­ser­va­doras po­si­bles

Depósitos
Depósitos

Las em­presas es­pañolas han res­pon­dido a la apa­ri­ción de las nuevas va­riantes de co­ro­na­virus y a la con­fir­ma­ción de que los pre­cios se están des­bo­cando con un gran ataque de con­ser­va­du­rismo. El no­viembre -el día 26 de ese mes el Ibex perdió casi un 5%, su mayor caída del año, en pleno avance de Delta y Omicron- ama­saron otros 9.400 mi­llones de euros en de­pó­sitos ban­ca­rios hasta ni­veles nunca vis­tos.

A estas alturas, atesoran 306.600 millones en liquidez por los que, para más inri, tienen que pagar a los bancos. Durante todo este año, las entidades financieras han aplicado a los depósitos a empresas tipos negativos que en el primer trimestre alcanzaron el -0,30% en los productos hasta 12 meses. La penalización se ha ido suavizando después -era del -0,01% en octubre-, pero sigue siendo muy disuasiva.

Al menos sobre el papel, porque el volumen total de depósitos en manos de las empresas es un 3% más alto que cuando terminó un 2020 que marcó un antes y un después. El estallido del coronavirus disparó el volumen de depósitos hasta los 296.300 millones frente a los 258.300 millones al cierre de 2019. Por lo visto este año, el nivel de confianza de las empresas en el futuro inmediato sigue sin levantar el vuelo.

En la práctica, las compañías tienen serias dudas sobre el desempeño de la economía española. El Gobierno sigue manteniendo una tesis muy optimista que pasa por un crecimiento de la economía nacional del 6,5% este año y del 7% en 2022, pero cada vez está más sólo en lo alto de la pirámide. La percepción generalizada es que la recuperación económica en España va claramente a menos.

Previsiones del Banco de España

El propio Banco de España ha hecho este mes un ejercicio de realismo asegurando que el alza del PIB no superará el 4,5% este año -son casi dos puntos menos de lo esperado en septiembre- ni el 5,4% en el año 2022. Con estas cartas sobre la mesa más el salto del IPC hasta el 6,7% en diciembre, el máximo de casi 30 años, las empresas españolas están dispuestas a pagar para poner su liquidez a buen recaudo.

Esta estrategia, la más conservadora posible, coincide con la de miles y miles de ahorradores particulares. Los 1,1 billones de euros que ciudadanos y empresas sumaron en depósitos antes de la pandemia son ahora 1,25 billones. Aunque las remuneraciones de los depósitos a plazo están en los niveles más bajos de la historia, nadie quiere asumir un solo riesgo de más... con una sola excepción.

Se trata de las gestoras de fondos de inversión, que por segundo mes consecutivo han rebajado en noviembre el volumen de depósitos en cartera, que en septiembre batía récord del año por encima de los 39.000 millones de euros. Ahora, se ha reducido hasta los 37.200 millones, en una demostración de que los gestores están buscando nuevas oportunidades en activos de riesgo en un momento complejo.

Las nuevas variantes del Covid están retrasando la recuperación. Lo que para empresas y particulares es una excusa para optar por la liquidez por encima de todo, es para los gestores necesidad de buscar alternativas en los mercados ante la evidencia de que las subidas de tipos en la zona euro se pueden retrasar hasta 2023. Eso explicaría que los fondos hayan cambiado tan drásticamente de estrategia.

En cualquier caso, el ataque de conservadurismo de empresas y particulares escenifica la falta de visibilidad de la economía española a corto y medio plazo. Los ingentes esfuerzos de las familias y de las compañías para ahorrar en un escenario todavía de mucha incertidumbre se conjugan con una cada vez mayor alergia al riesgo. Nadie se permite alegrías por el momento.

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