La ame­naza de Ómicron es la ex­cusa per­fecta para re­trasar al­gunas subidas 'cantadas'

Los bancos centrales afrontan la última reunión del año con distintas estrategias a la vista

No se es­pera ningún mo­vi­miento re­le­vante, pero sí el es­tudio de op­ciones para aplicar en marzo

Cristine Lagarde, BCE.
Cristine Lagarde, BCE.

Los prin­ci­pales bancos cen­trales del mundo ce­le­bran esta se­mana sus úl­timas reuniones del año. El miér­coles es el turno de la Reserva Federal es­ta­dou­ni­dense; el jueves el del Banco de Inglaterra, el Banco Central Europeo (BCE) y el banco cen­tral suizo. El viernes le toca la vez al Banco de Japón. Unas citas que, por más que no se es­peran grandes no­ve­da­des, man­tienen pa­ra­li­zados los mer­ca­dos. En cues­tión está el ritmo coor­di­nado de re­ti­rada de los es­tí­mu­los.

Cuando todo parecía preparado para los primeros grandes movimientos de los tipos de interés a nivel global, Ómicron lo ha paralizado todo. Aunque aún es pronto para conocer su verdadero impacto, el estallido de la variante ha provocado una auténtica conmoción. Sobre todo, porque amenaza con reducir la velocidad del crecimiento económico en todo el mundo mientras la inflación avanza sin piedad.

En Estados Unidos, el salto de los precios hasta el 6,8% en noviembre respecto a un año antes no puede ser otra cosa que un acicate para reducir cada vez más deprisa el programa de estímulos que la Reserva Federal ya ha empezado a desmantelar. Todo lo que no sea reducir las compras mensuales de activos en 30.000 millones de dólares desde los 15.000 millones actuales a partir de enero sería una enorme sorpresa.

Todo parece indicar que el programa de compras podría finalizar en marzo, antes de una primera subida de los tipos de interés que los futuros llevan como muy tarde a mayo de 2022. Todo ello mientras el presidente de la Reserva Federal anuncia en el Senado que la economía estadounidense crecerá sólo un 5% este año frente a la previsión del 5,9%. Todo un aviso a navegantes en la semana clave de los bancos centrales.

"Hay un miedo tremendo a cometer un error de bulto. Los inversores temen que la Reserva Federal corra demasiado y pueda poner en peligro la recuperación. Máxime teniendo en cuenta el rally que acumula Wall Street, con subidas superiores al 20%. Convendría una desescalada gradual, sin excesos, que impida una ajuste de caballo que pase factura a todas las bolsas mundiales", señalan en un gran 'broker' español.

El Reino Unido, clave

En Europa, siempre a rebufo, todos los ojos estarán puestos sobre todo en el Reino Unido. El Banco de Inglaterra, que se echó para atrás en noviembre para protagonizar una subida de tipos histórica, parece que cuenta ahora con menos cartas para hacerla realidad tras los últimos datos débiles de PIB y de producción industrial. Todo apunta a que cualquier movimiento se podría retrasar hasta febrero, esperando a que el panorama se aclare.

Desde este punto de vista, hay menos presión para el Banco Central Europeo (BCE), que ya ha dejado claro por activa y por pasiva que necesita seguir estimulando la renqueante economía de la zona. Los tipos continuarán en el 0% y la tasa de depósito en niveles negativos, mientras cada vez se diluyen más las expectativas de una primera subida de tipos en 2022 a pesar del avance imparable de la inflación.

Por lo tanto, el calendario de subidas de tipos de los bancos centrales que mueven la economía mundial -tampoco se esperan movimientos en el Banco de Japón- sigue siendo una enorme incógnita. Hay distintas realidades, que van desde la necesidad de atacar cuanto antes la subida de los precios hasta la de seguir dopando las economías para sacarlas de un agujero todavía demasiado grande.

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