MONITOR DE LATINOAMÉRICA

La pri­mera eco­nomía de la re­gión se di­rige a un in­cierto año elec­toral en 2022

España insta a Brasil a acelerar su agenda de reformas

Temor sobre el rumbo fiscal tras la ‘indisciplina’ pre­su­pues­taria de Bolsonaro

Jair Bolsonaro.
Jair Bolsonaro.

El Gobierno es­pañol ha ani­mado a Brasil, pri­mera eco­nomía de Latam y prin­cipal des­tino de la in­ver­sión en la re­gión, a im­pulsar su agenda de re­formas para dejar atrás la crisis del Covid con un cre­ci­miento só­lido y sos­te­nido. Estas re­formas mar­chan con re­traso en un mo­mento en el que el país re­gistra mo­mentos de ines­ta­bi­li­dad. Brasil acaba de vivir un te­rre­moto bur­sátil mo­ti­vado por la pér­dida de dis­ci­plina pre­su­pues­taria de un pre­si­dente Bolsonaro muy in­quieto ante las elec­ciones pre­si­den­ciales y le­gis­la­tivas de 2022.

Mientras, la reactivación avanza con menos fuerza de lo previsto en 2021 y algunos analistas no excluyen ya el riesgo de recesión el próximo año.

En su reciente visita Brasil, la secretaria de Estado de Comercio española, Xiana Méndez, animó a profundizar en una agenda de reformas que avanza a trompicones y retraso. “Tras la aprobación de la reforma de las jubilaciones, esperamos que se pueda avanzar en la reforma fiscal y en la reforma tributaria. Hay consenso entre las autoridades y empresarios del país de que esta agenda es necesaria para elevar productividad y competitividad”, indicó Méndez, que se reunió con autoridades brasileñas y representantes de firmas españolas en Brasil. Y que resaltó que estas firmas confían en Brasil, independientemente de la coyuntura económica y el ciclo político”.

El FMI instó meses atrás a Brasilia a implementar reformas estructurales para asegurar la consolidación a medio plazo en un momento de alza del déficit y la deuda y generar confianza inversora. Pero las reformas tributaria y administrativa llevan meses estancadas en el Congreso por la irrupción de la pandemia y por la incertidumbre y pugnas políticas. Todo ello en un marco de bajo crecimiento al que se suma ahora la inestabilidad generada por las últimas maniobras fiscales del Gobierno Bolsonaro, y que puede demorar aún más la aprobación de la agenda reformista, máxime ante la cercanía del año electoral.

Maniobras fiscales

El Ejecutivo decidió hace casi dos semanas alterar el techo de gastos con el objetivo de disponer de margen en los presupuestos para financiar la expansión de un programa de ayudas sociales que pretende impulsar de forma temporal en 2022, año en el que Bolsonaro aspira a la reelección. Esta maniobra fiscal causó fuerte caídas del Bovespa y del real en medio de una creciente incertidumbre sobre el rumbo fiscal que tomará el país y provocó la renuncia del secretario especial del Tesoro y Presupuesto, Bruno Funchal; del secretario del Tesoro, Jeferson Bittencourt, y de sus dos secretarios adjuntos.

Bolsonaro tuvo que salir a calmar a los mercados y asegurar que continúa firme con su compromiso de responsabilidad fiscal. Y que no se embarcará en “aventuras” que entrañen riesgo para una economía cuya reactivación postCovid está en entredicho y que sufre un alto desempleo y una inflación de dos dígitos. Asimismo, el ministro de Economía, Paulo Guedes, que tuvo que salir también al paso, tildó la medida de “ponderada” y afirmó que no quebranta el actual régimen fiscal. El techo de gastos, que limita el aumento del gasto público a la inflación del año anterior, rige desde 2017, impulsada por Temer.

Los mercados temen ahora que Bolsonaro, cuyos planes de privatización y concesiones arrastran retrasos por el Covid, y que ha visto hundirse su popularidad por la crisis sanitaria (Brasil es uno de los países más dañados por la pandemia) y económica, abandone los postulados de responsabilidad fiscal.

Riesgo de recesión

La economía brasileña se recupera con escasa fuerza y de forma desordenada del golpe que la pandemia asestó en 2020, cuando el PIB cayó el 4,1%. Y algunos analistas agitan ya el fantasma del riesgo de recesión en 2022, tras un crecimiento que Cepal prevé del 5,2% este año (el más alto en una década, pero insuficiente para restañar el deterioro del ejercicio anterior) y que se limite al 2,2% en 2022. Pero el PIB creció sólo el 1,2% en el primer trimestre de 2021 y se mantuvo estable en el segundo, lo que alimenta dudas sobre la expansión.

Según la última encuesta económica mundial de Reuters, el crecimiento se desacelerará al 1,6% en 2022 desde el 5,1% en 2021, el más débil entre las grandes economías del G-20. Malos augurios para un país al que la pandemia cogió cuando aún lidiaba con los efectos de la recesión de 2015-16. Entonces, el PIB se desplomó 7 puntos porcentuales (-3,8% en 2015 y -3,6% en 2016). Y en los años siguientes apenas creció (1,3% en 2017 y 2018 y 1,1% en 2019).

España es, con un stock acumulado de 48.000 millones de euros, el segundo inversor extranjero en Brasil, país que es el cuarto destino mundial de las inversiones españolas. Es, además, el segundo destino de la exportación española en Latam. La marcha de la economía brasileña es muy importante para España, muy presente en todos los sectores, notablemente en telecos, servicios financieros, industria, energía, infraestructuras, comercio y turismo de Brasil, donde están instaladas más de 500 empresas, entre ellas buena parte de las compañías que conforman el Ibex-35.

El brasileño es un mercado especialmente relevante en términos de facturación e ingresos para compañías como Santander, Iberdrola, Naturgy, Telefónica y Mapfre, pero es también importante para empresas como Repsol, Acciona, Ferrovial, Dia, ACS, Aena, Sacyr, Red Eléctrica y Globalia, además de para un creciente número de pymes establecidas también allí.

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