El riesgo de una in­fla­ción dis­pa­rada su­pera las pre­vi­siones más pe­si­mistas

La nueva cepa sudafricana del virus enciende las alarmas en el sector bancario español

La tasa de mora se po­dría ver im­pul­sada en los pró­ximos tri­mes­tres, com­pro­me­tiendo la ren­ta­bi­lidad

Banca
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La apa­ri­ción de Ómicron, la nueva va­riante más re­sis­tente y con­ta­giosa de la co­vid, ha sa­cu­dido los ci­mientos de la banca. Todas las ex­pec­ta­tivas de re­cu­pe­ra­ción y de re­ti­rada de es­tí­mulos por parte de los grandes bancos cen­trales se han ido al traste. Mientras tanto, la in­fla­ción sigue al­can­zando ni­veles que no se veían desde 1992, su­biendo ya al 5,6% de tasa anual.

Una concatenación de factores negativos que deja un horizonte a corto y medio plazo mucho más complicado con un alto riesgo de estanflación. Uno de los peores escenarios imaginados por el sector.

De momento, la única noticia positiva desde el inicio de la pandemia ha sido la estabilidad de la morosidad en España. La tasa de mora se ha mantenido en senda decreciente hasta situarse por debajo del 4,5%, en contra de lo que se podría esperar teniendo en cuenta el “shock” económico con una cifra de créditos de dudoso cobro del orden de los 53.500 millones de euros.

Las medidas de flexibilización contable y el apoyo explícito a los deudores con las moratorias, los avales y, por supuesto los expedientes de regulación temporal de empleo (ERTE), han sido fundamentarles para mantener los activos al corriente de pago en los balances bancarios. Con todo, paradójicamente, el coste del riesgo se ha mantenido al alza por las medidas de prudencia del sector con las provisiones anticipándose a un crecimiento de la mora que todavía no se ha producido en un contexto regulatorio favorable, pero que sigue amenazante como espada de Damocles.

Según las estimaciones, las entidades españolas tendrían aún pendiente el reconocimiento de algo más de 12.000 millones de euros de deterioros de crédito en la cuenta de resultados de 2021 y 2022. A pesar del esfuerzo realizado, calculan que la digestión completa de los efectos de la pandemia se demorará hasta finales de 2023. En caso de intentar acelerar el proceso para completarlo a finales de 2022, el esfuerzo de provisiones a realizar durante el ejercicio de 2021 debería ser algo mayor (entre un 20-25 % adicional) al realizado durante la primera parte del año.

Todo ello, en cualquier caso, tendrá un impacto en las ratios de rentabilidad de la banca que puede estimarse en torno a un punto de ROE según la duración del proceso y de la mora de cada entidad.

Buenas cifras de mora y solvencia

En esta nueva de tuerca del escenario por la nueva variante del coronavirus, entre los principales bancos españoles, el Santander parte con algo de ventaja. Al cierre del tercer trimestre, la entidad registró una de las moras más bajas del sector, un 3,18%, con una ratio de cobertura del 74%. Eso le ha permitido reducir las dotaciones en un 34% y mejorar el coste del crédito hasta el 0,9%. La ratio de solvencia se ha situado en el 11,85%.

CaixaBank también presenta buenas cifras, con una mora estable en torno al 3,6% y una cobertura del 64%. Su ratio de solvencia se sitúa en el 13%. Una cifra de morosidad similar tiene el Banco de Sabadell, aunque en su caso la cobertura de activos problemáticos se reduce al 54%, mientras que su “fully loaded”, solvencia, se sitúa en el 12,12%.

El BBVA, en cambio, destaca por una solvencia del 14,48% al cierre de septiembre y un coste de riesgo del 0,92%, pero su tasa de mora es una de las más altas entre los grandes bancos españoles con un 4,1%, y el 66% de cobertura, pese a ir reduciendo créditos dudosos.

La ratio mora más baja corresponde a Bankinter al reducirla al 2,4%, 11 puntos básicos menos que a septiembre de 2020, con una cobertura del 62,7% y una solvencia del 11,89%.

Un amplía red de seguridad ha salvado a la banca española, de momento

Estas cifras sitúan a la banca española en muy buena posición frente a nuevos riesgos, pero conviene no bajar la guardia. La diferencia de la actual crisis con otras anteriores, señalan los expertos, ha sido la fuerte protección fijada desde el comienzo de la pandemia. Una red de seguridad lograda gracias a los ERTE, las moratorias y los préstamos avalados por el ICO, pero eso estaría impidiendo ver la realidad tras la pandemia y si será suficiente para aguantar un nuevo confinamiento mundial y su fuerte impacto sobre la economía.

El final de la moratoria de los procedimientos concursales prevista para finales de año o las decisiones sobre la reforma laboral y los avales institucionales, junto a una mayor presión inflacionistas, serán claves. En función del resultado se podría desatar un efecto dominó que dispare la tasa de morosidad en los próximos años, poniendo en jaque de nuevo las cuentas de resultados de la banca española. Un temor que se ha visto reflejado en estos días en los mercados financieros con una importante caída de sus cotizaciones.

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