La re­pri­menda a Andrés Iniesta, úl­timo ca­pí­tulo de una ba­talla in­ter­mi­nable

La obsesión de los reguladores con las criptomonedas dispara su popularidad

En plena efer­ves­cen­cia, estos ac­tivos están re­ci­biendo una pu­bli­cidad gra­tuita im­pa­gable

Criptomonedas.
Criptomonedas.

¿Hay mejor pu­bli­cidad que una subida del 1.000% en 20 meses como la de Bitcoin? Sí, la que le están dando a las crip­to­mo­nedas los enemigos del fe­nó­meno in­versor más po­tente de los úl­timos tiem­pos. La guerra que li­bran al­gunos es­ta­dos, bancos cen­tra­les, su­per­vi­sores y al­gunos pesos muy pe­sados de la in­dus­tria fi­nan­ciera contra unos ac­tivos en plena efer­ves­cen­cia, se está con­vir­tiendo en una pro­mo­ción im­pa­ga­ble.

La cuenta de Ándres Iniesta en Twitter suma más de 20 millones de seguidores. Son muchos, pero el tweet del jugador anunciando que está aprendiendo como empezar con las criptomonedas ha conseguido impacto global sencillamente extraordinario después de que la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) pidiera al futbolista, por la misma red social, que revise los riesgos de las criptodivisas antes de pronunciarse públicamente.

El tiempo dirá si ha sido una buena decisión, pero no hay medio de comunicación donde no cuelgue la foto de un futbolista con aura de mito, sentado frente a un ordenador con el logo a grandes caracteres de un gigante de la compraventa de criptomonedas. Que, no hace falta decirlo, estará encantado de ver ligado su nombre a gran escala a un personaje cargado de valores: prestigio, integridad, deportividad...

Lo de Iniesta, a pequeña escala pues no deja de ser un intercambio de mensajes en una red, pretende tener carácter aleccionador. Como lo que, en grandes proporciones, está ocurriendo al otro lado del Atlántico con la investigación que la SEC estadounidense ha abierto a Ripple, relacionada con XRP, la séptima mayor criptomoneda del mundo, y unas presuntas ventas que irían contra la ley de valores.

Batalla legal

La batalla legal está en marcha, y el sector sabe que se juega mucho. Pero también se puede aprovechar del inmenso plató que le preparado la SEC. "El caso Ripple parece ir mejor de lo esperado. Mientras tanto, la SEC se está dando cuenta de que atacar a las criptomonedas es políticamente impopular (porque perjudica a los consumidores)". Son palabras de Brian Amstrong, CEO de la plataforma Coinbase, competidor de Ripple y como otras compañías del sector crítico con la SEC.

Hay, por lo tanto, batalla. Y puede que, a pesar de todo, el universo de las criptomonedas salga beneficiado. Aunque XRP ha sido excluida de negociación en varias plataformas mientras dura su investigación, su precio no se ha venido abajo. Aunque como otras criptodivisas está lejos de sus máximos del año, ha doblado su valor en lo que va de año. Y Ripple espera salir a bolsa cuando finalice el pleito con la SEC.

Por el camino, algunos de los grandes gurús del mercado siguen cuestionando este activo. “No es una inversión y es una religión. La gente no debería considerar estas criptomonedas como un medio para invertir. Es un medio para especular y divertirse", ha asegurado en los últimos días Mark Mobius, una de las voces más respetadas en la comunidad inversora. Dice que no hay mejor activo que las acciones.

Y, claro está, puede ser así. Pero de lo que no cabe duda es de que las criptomonedas se han convertido en una alternativa. "Es responsabilidad de los supervisores advertir de los riesgos de un activo no regulado y muy volátil, y eso se está haciendo bien en mercados como el español. Pero también lo es del inversor final, que debe saber hasta dónde puede y debe llegar", señalan en fuentes financieras.

Pero las cautelas de unos y de otros deben convivir con la realidad de que estos activos son cada vez más populares entre el inversor de a pie. Según el Observatorio del Ahorro y la Inversión en España que elaboran Bestinver y el IESE, en torno al 14% de los inversores españoles ha invertido en criptomonedas y ya son más los que tienen dinero en ellas que en deuda pública y bonos corporativos.

Más allá de los debates, de lo que no hay duda es de que las criptodivisas están batiendo todos los récords de popularidad. Un fenómeno en el que están teniendo mucho que ver las prohibiciones, vetos y restricciones que con grandes altavoces propagan las instituciones. Un fenómeno que, de momento, no hace sino incentivar el interés del gran público por unos activos cuyas rentabilidades hacen todo lo demás.

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